Cuenca ha vivido un Domingo de Resurrección inolvidable. Cada instante de la procesión, desde la salida de las imágenes en San Andrés hasta el Encuentro en la Plaza de la Constitución, ha sido una explosión de fe, música y emoción que ha conmovido a vecinos y visitantes.
Salida y primer momento de emoción
La jornada comenzaba con la salida de las imágenes desde la antigua iglesia de San Andrés, donde vecinos y visitantes esperaban con fervor y expectación. Las puertas se abrieron para dar paso a la luz y al mensaje de la Resurrección, marcando el inicio de un recorrido cargado de alegría y solemnidad.

Nuestro Señor Resucitado: júbilo en las curvas de la Audiencia
El paso de Nuestro Señor Resucitado por las curvas de la Audiencia regaló una de las estampas más impactantes de la procesión. Con el Hospital de Santiago como telón de fondo, la imagen avanzaba acompañada por la alegría de los banceros, cuyos bailes imprimían ritmo y celebración al recorrido. La ciudad se llenaba de júbilo: Cristo ha resucitado.

La Virgen y la delicadeza del río
La Virgen ofreció un instante especialmente delicado al transitar por la calle de Los Tintes, acompañada por el murmullo del río, en un momento íntimo y lleno de recogimiento.
El Encuentro: emoción que se siente
El Encuentro volvió a ser el instante central de la procesión. Al son de la marcha «Mesopotamia» de José Vélez, la Plaza de la Constitución se llenó de emoción con suelta de palomas, el grito de viva «Cristo Rey» y la interpretación del Himno Nacional. Una ovación que no fue un simple aplauso, sino un sentimiento compartido: en Cuenca no se aplaude, se siente por dentro.

En la calle de Aguirre, un paralelo de las imágenes de Jesús Resucitado y María Santísima del Amparo permitió estrenar la marcha «Bajo tu Amparo», de José Luis Torijano, sorprendiendo gratamente al público que llenaba la zona.
Cierre y colofón de la procesión
El recorrido culminó con la entrada de las Sagradas Imágenes al templo, acompañadas por la solemnidad de la marcha «Infantes», interpretada por la Banda de la JdC. Las calles aún conservaban el último aroma a incienso, testigo de una jornada que combinó tradición, emoción y celebración en cada paso.

Un año más, Cuenca ha demostrado que la Semana Santa no es solo un rito, sino un espectáculo de vida, luz y emoción, donde cada baile, cada marcha y cada mirada se convierten en poesía que se respira, se siente y se recuerda. La ciudad, hoy más viva que nunca, late al ritmo de la Resurrección.
/Fotos de Néstor Robayna/

















































