La Semana Santa reaviva la vida en los pueblos de Cuenca

La población llega a duplicarse o triplicarse en municipios pequeños gracias al regreso de vecinos y la llegada de visitantes

Durante la Semana Santa, la España rural experimenta una transformación. Pueblos que durante el invierno parecen dormitar, recuperan un bullicio que evoca otros tiempos. Este es el caso de Villar de Cañas, un municipio conquense cuya población no solo se duplica, sino que llega a triplicarse durante estas fechas señaladas. ¿El motivo? Una arraigada tradición musical y el profundo sentido de pertenencia de los «hijos del pueblo» que regresan para revivirla.

Una Tradición Musical que Llama a Volver

La Semana Santa en Villar de Cañas tiene una banda sonora única que actúa como un imán para sus vecinos ausentes. Se trata del canto de «la pasión», una manifestación musical tan antigua que su origen exacto se pierde en el tiempo, aunque existen referencias documentadas que datan del siglo XVIII. Según explica a El Digital de Cuenca Alejandro Pernías, alcalde del municipio, estos cantos resuenan durante las procesiones del Jueves Santo por la noche y en el viacrucis del Viernes Santo por la mañana.

«Son unas canciones que no las hay, por lo menos que yo sea consciente, en otro sitio. Esos sonidos, al fin y al cabo, a todo el mundo le llevan a su infancia, a sus buenos momentos», comenta el alcalde. Esta conexión emocional es el principal motor que impulsa el retorno masivo, convirtiendo la Semana Santa en uno de los momentos de mayor afluencia del año, superando incluso a las fiestas patronales de septiembre. A diferencia de otros destinos, el aumento de población no se debe al turismo externo, sino casi exclusivamente a los descendientes del pueblo que vuelven a sus raíces.

El Impacto en la Vida del Pueblo

El efecto de esta masiva afluencia es palpable en cada rincón de Villar de Cañas. Las calles se llenan de coches, y los negocios locales, como bares y tiendas, experimentan un aumento significativo en su actividad. «A veces hay momentos puntuales en los que no se puede ni entrar en el bar», señala Pernías.

Este incremento de actividad supone un «gran balón de oxígeno» para la economía local, permitiendo a los comercios y servicios sobrevivir durante los meses más tranquilos del año. Es un ciclo vital: la afluencia en fechas clave sostiene los negocios que, a su vez, dan servicio a los residentes permanentes que mantienen el pueblo vivo el resto del año. Además, la vida social se dinamiza con eventos como el «Torrijatón», un concurso de torrijas y una fiesta organizada por la comisión de festejos el Sábado de Gloria.

Una Comunidad Unida por sus Tradiciones

Para el alcalde, ver el pueblo lleno de vida es «una satisfacción y una esperanza». Demuestra que, a pesar de la despoblación que afecta a tantas zonas rurales, el vínculo con la tierra de origen permanece intacto. Esta conexión se refleja también en el cuidado del entorno. «Tenemos la suerte inmensa de que tanto los que vienen (…) como los que estamos aquí, somos exactamente igual de conscientes de que nuestro pueblo es fundamental y lo cuidamos todos de la misma manera», afirma con orgullo.

Foto: Celebraciones en Villar de Cañas/ Cedida

La normalidad regresa de forma paulatina. Tradicionalmente, la despedida masiva ocurre el Domingo de Resurrección por la tarde, tras la procesión que devuelve a la patrona, la Virgen, a su ermita. En un gesto cargado de simbolismo, los que se marchan hacen sonar el claxon de sus coches al pasar por las ermitas de los patrones del pueblo, San Isidro y la Virgen, como una despedida y una promesa de regreso. Este año, sin embargo, la despedida se adelantará al mediodía del domingo, ya que la Virgen permanecerá en la iglesia mientras se restaura el retablo de su ermita, un proyecto que esperan que comience este mes de abril.

Foto: Celebraciones en Villar de Cañas/ Cedida

Consciente de la importancia de mantener vivo el vínculo, el ayuntamiento se esfuerza por ofrecer «una excusa para volver al pueblo» cada mes, organizando actividades culturales, deportivas o festivas. Una estrategia que, según el alcalde, funciona, pues la gente «está deseando venir» y responde a cada llamada.

El fenómeno se repite en otros pueblos

Una situación que también se vive en otro punto de la provincia como puede ser El Hito. «Se puede decir que se duplica la población en estos días de fiesta», afirma José Esteban Pérez, alcalde de El Hito, una población que según el Instituto Nacional de Estadística (INE) en el año 2025 contaba con 118 habitantes. Este incremento transforma radicalmente el día a día del municipio. «Pasamos de estar los de siempre, a pasear por las calles y ver una casa abierta, la siguiente también», describe. Esta afluencia se traduce en un ambiente de alegría y reencuentro, un bien intangible pero de gran valor para la comunidad. Para el alcalde, ver las calles llenas de nuevo es «una alegría, tanto como vecino como alcalde», un sentimiento que se extiende a todos los rincones del pueblo.

El motor económico de las festividades

El aumento de población tiene un impacto directo y positivo en la economía local. Los negocios, especialmente bares, panaderías y alojamientos rurales, consideran estas fechas como cruciales. «Para ellos son fechas señaladas, en las que también incrementan sus ventas», explica el alcalde. En El Hito, las casas rurales registran una ocupación completa, evidenciando el atractivo del turismo de interior.

Foto: El Hito/ Cedida

Este impulso económico funciona como un «balón de oxígeno» para los establecimientos, permitiéndoles subsistir durante los meses de menor actividad. «Que los negocios funcionen es un síntoma de que la economía local es fuerte», subraya José Esteban, destacando que el beneficio es para todo el pueblo al asegurar la continuidad del tejido comercial.

El doble origen de la afluencia: raíces y naturaleza

El fenómeno no se explica únicamente por el retorno de quienes emigraron por trabajo. Aunque los «vecinos de siempre» que vuelven a sus casas son un pilar fundamental, El Hito también ha notado un creciente interés por parte de turistas sin vínculos previos con la localidad.

Este año, el atractivo se ha visto reforzado por el buen estado de su laguna, que tras un invierno lluvioso se encuentra en su «máximo esplendor». La presencia de aves como los flamencos atrae a numerosos visitantes interesados en el turismo de naturaleza, creando una sinergia entre el regreso a las raíces y el descubrimiento de nuevos destinos rurales. «Es un poco las dos cosas: vecinos que vuelven a sus casas y la afluencia de visitantes para ver nuestro humedal», concluye el alcalde.

La Semana Santa en pueblos como El Hito o Villar de Cañas demuestra que la ‘España Vaciada’ posee una vitalidad latente que emerge con fuerza en periodos vacacionales. La duplicación de la población, impulsada tanto por el regreso de sus hijos como por el turismo rural, no solo llena de vida las calles, sino que también proporciona un soporte económico indispensable para la supervivencia de los negocios locales. Este fenómeno plantea una reflexión sobre el potencial del turismo de interior y la importancia de crear condiciones para que estos retornos, hoy temporales, puedan convertirse en una opción de vida permanente en el futuro.

Ricardo Vega

Conquense de adopción. Graduado en periodismo por la Universidad de Castilla-La Mancha y con experiencia en medios como CMM, Agencia EFE y Las Noticias de Cuenca.
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