En diciembre de 2024 nacía en Cuenca la asociación Stopgrafiti con un objetivo claro: combatir las pintadas vandálicas a través de la denuncia ciudadana, la concienciación y la colaboración institucional. Año y medio después, su presidente, José Ignacio Olona, hace balance con una mezcla de autocrítica, frustración y esperanza.
“El inicio tuvo una acogida muy buena, con más de 200 firmas en apenas una semana, pero en cuanto desaparece el foco mediático, la gente se olvida hasta que le pintan su propia fachada», lamenta el presidente en conversación con El Digital de Cuenca. Hoy, la cifra apenas alcanza las 253 firmas, muy lejos del objetivo inicial de 3.000.
Un mapa con más de 1.100 grafitis… y cientos aún por registrar
Uno de los principales logros de la asociación ha sido la creación de una base de datos y un mapa interactivo de pintadas. Actualmente, la plataforma supera los 1.100 grafitis registrados, aunque Olona asegura que hay “entre 200 y 300 más ya fotografiados pendientes de subir”.
“No todos siguen ahí, aproximadamente un 10% ya se han limpiado, pero quedan registrados para poder imputarlos si algún día se identifica a los autores”, explica.

El crecimiento de este archivo evidencia una realidad clara: el problema persiste. “Desgraciadamente siguen apareciendo nuevos grafiteros y nuevas firmas”, señala.
“La situación está muy parecida”: ni mejora clara ni empeoramiento
En cuanto al estado de la ciudad, el diagnóstico es prudente: “Se hacen limpiezas, lo cual es positivo, pero siguen apareciendo grafitis. Yo diría que la situación está muy parecida”.
Zonas como la Avenida de los Alfares, la Ronda Oeste o calles del centro presentan una alta concentración de pintadas, muchas en edificios abandonados o sin vigilancia. “Hay calles que son una vergüenza”, afirma, citando el caso de Maestro Fernando Cotillas como ejemplo de saturación.

«Una pared pintada invita a que otros pinten. Los grafiteros creen que si no se limpia es porque a la gente no le importa, y eso es una mentira tremenda», sentencia.
Uno de los puntos más críticos de la entrevista es la gestión de las sanciones. Olona denuncia un exceso de celo en la protección de datos que, a su juicio, favorece al infractor.
«Hay un pavor tremendo a llamar a las cosas por su nombre. Si la ley impide dar el nombre del grafitero, divulga el apodo” señalando que algunas de estas personas cuentan con hasta 80 pintadas por la ciudad.
Un problema estructural… y con nuevos autores
Desde la asociación detectan un fenómeno preocupante y es la aparición constante de nuevos grafiteros.
“Son personas que hasta que no les pillen o se les pase la edad de hacer el idiota, siguen pintando”, señala Olona, quien insiste en que muchos no son conscientes del daño que causan.
También confirma que algunos son menores de edad, lo que añade complejidad al problema: “Se generan situaciones difíciles porque muchas familias no saben lo que están haciendo sus hijos creándose situaciones tristes”. Si bien resalta que no todos son menores de edad, también hay mayores de los que dice son conocedores del perjuicio con su actividad.
Críticas a la falta de medidas efectivas: “Cuatro anuncios y pocos resultados”
Uno de los puntos más críticos del balance es la acción institucional. En octubre de 2025, el alcalde Darío Dolz anunció una partida de 200.000 euros para eliminar grafitis, una medida que la asociación valoró positivamente… pero con cautela.
«Es el cuarto anuncio que conocemos. Hubo uno de 120.000 euros en 2023, otro de 160.000… Yo diría que es ‘mucho ruido y pocas nueces’. No queremos una partida que se ejecute una vez y ‘hasta luego, Lucas’. Esto tiene que ser continuista», apunta Olona.
Aunque reconoce que es el ayuntamiento que más ha actuado hasta ahora, insiste en la falta de resultados concretos: “Hay propuestas de sanción, pero no sabemos cuántas se han cobrado”, expresa.
Persecuciones en la madrugada: El último «asalto» frustrado
La presión policial sigue siendo el único muro real ante el spray, aunque a veces se quede en una victoria a medias. El pasado 20 de marzo, Cuenca vivió un nuevo episodio de esta guerra silenciosa.

Una patrulla de la Policía Local logró frustrar un grafiti en las inmediaciones de la calle Juan Correcher tras sorprender a un joven en actitud sospechosa durante la madrugada.
Propuestas: denuncias de oficio, formularios y continuidad
Desde Stopgrafiti defienden medidas concretas para que la lucha contra el vandalismo no sea estacional. Olona propone que la “policía local denuncie de oficio” para que, en cuanto aparezca una pintada, haya una denuncia “automáticamente” sin depender del ciudadano. Asimismo, urge al Ayuntamiento a incorporar un “formulario específico” para la limpieza en propiedades privadas y a “modificar y dejar un poco más clara la ordenanza municipal”, que actualmente califica de “difusa”. Todo ello con un objetivo: “que no se quede en el anuncio” y que las políticas tengan un “carácter continuista”.

La principal queja de la plataforma es la falta de un formulario específico en la web municipal. El 2 de noviembre de 2025, Stopgrafiti entregó al Consistorio 23 modelos de formularios de otras ciudades (como Madrid, Salamanca o Murcia) para facilitar que las comunidades de vecinos soliciten la limpieza de forma legal y rápida. «A fecha de hoy, no hemos recibido respuesta», denuncia Olona, quien define la estructura municipal como un «elefante» difícil de mover.
Lo que pide la asociación y lo que dice la calle
En la web de la plataforma, un apartado de encuestas recoge el sentir de los ciudadanos sobre cómo solucionar el problema. Olona diferencia entre las propuestas que nacen de la asociación y las que demanda la gente. Entre las aportaciones de Stopgrafiti, Olona destaca dos pilares: “una ordenanza municipal actualizada y que el ayuntamiento incorpore un formulario específico”.
Por otro lado, el presidente de la asociación traslada las peticiones más repetidas por los vecinos: “aumentar la cuantía de sanciones a los grafiteros y obligar a los autores a que limpien los grafitis cuando se les detenga”.

Más allá de la sanción, Olona pone el foco en la agilidad del proceso. Considera que sería “muy interesante” que las fuerzas de seguridad “agilicen y unifiquen el proceso de denuncias” y plantea la creación de una “unidad especializada de grafitis en la policía local”. Además, lanza una propuesta para el ámbito privado: que las comunidades de vecinos incluyan en sus estatutos la “obligación de denunciar las pintadas vandálicas del edificio”, evitando así que el vandalismo quede sin registro oficial por la rotación o desidia de las juntas de propietarios.
La clave: denunciar y participar
Uno de los mensajes más repetidos durante la entrevista es la importancia de la implicación ciudadana. Para Olona, la falta de denuncias es el mayor enemigo de una solución a largo plazo: «Si no hay denuncias, no hay datos y, por tanto, no se conoce la magnitud real del problema«.
“Un grafitero al que se le imputaron 18.000 euros en daños seguramente había hecho muchos más que no se pudieron demostrar porque no estaban denunciados”, comenta.
Cuenca, en la media… pero con demasiados grafitis
Aunque evita comparaciones tajantes, el presidente de la asociación considera que la ciudad tiene una incidencia elevada en proporción a su tamaño:
“Es un problema en toda España, pero en Cuenca hay demasiados grafitis para los habitantes que tiene”.

Como ejemplo positivo, menciona iniciativas vecinales en municipios cercanos donde se han logrado calles completamente limpias mediante movilización ciudadana.
Un proyecto con dificultades… pero con esperanza
La asociación reconoce limitaciones internas: falta de tiempo, escasos recursos y poca implicación social. De hecho, recientemente han abierto la posibilidad de hacerse socio (20 euros al año) para garantizar su sostenibilidad.
A pesar del tono crítico, José Ignacio Olona mantiene la esperanza en que la presión ciudadana surta efecto: “Esperamos que cuanto más ruido hagamos, más medidas se tomen”. El presidente de Stopgrafiti confía en que se sigan dando pasos, aunque reconoce que “hay cosas que se hacen demasiado despacio”. Con la vista puesta en el futuro, Olona espera que las próximas corporaciones, “sean las que sean”, tomen buena nota de un problema que ya logró un consenso histórico en la ciudad. “Una de las cosas que nos dio mucha alegría es que vimos el día de la presentación a todos los partidos políticos del Ayuntamiento allí, de acuerdo con que era un problema y con que había que tomar medidas”, recuerda, subrayando que la acogida inicial de la plataforma fue el primer paso para que el vandalismo dejara de ser un tema invisible en la agenda local.
Mirando al futuro: educación, presión social y más visibilidad
De cara a los próximos meses, la asociación se marca varios retos clave para reforzar su actividad y ampliar su impacto. Entre ellos destacan el impulso de campañas educativas en colegios para fomentar la concienciación desde edades tempranas, el aumento de su base social para ganar respaldo ciudadano, la mejora de su presencia en redes sociales como herramienta de difusión y sensibilización, y la ampliación continua del mapa de grafitis, con el objetivo de seguir documentando la magnitud del problema en la ciudad.
Y, sobre todo, insiste Olona, lograr que el problema no caiga en el olvido animando a la unión entre todos para conseguir hacer más fuerza: “si la gente se moviliza y participa, pues se obtienen resultados sin ninguna duda”.

A las administraciones, tanto locales como regionales, Olona les lanza un mensaje claro: menos anuncios y más transparencia operativa. El presidente de Stopgrafiti cuestiona si la responsabilidad debe recaer solo en los ayuntamientos o si otras consejerías deberían implicarse a nivel educativo, pero sobre todo incide en el uso de los presupuestos. “Si haces cuatro anuncios ya de que vas a dotar partidas económicas y al final no sabemos nada, es que algo falla”, lamenta.
Su propuesta es pragmática: un formulario oficial y transparente que no solo facilite la limpieza a particulares y empresas, sino que permita a la administración repercutir el coste de los trabajos al vándalo cuando sea identificado. «No se trata de que lo limpie él, pero sí de que se le impute el coste efectivo de esa limpieza, una medida que ya aplican muchos ayuntamientos en España
El mensaje final de Stopgrafiti es una llamada a la acción contra la desidia. Olona pide a los conquenses que abandonen el conformismo del Ea: “Hay que sacarlo, la participación es muy importante”.
