Cuenca se rindió a una noche llena de momentos para la memoria en este Martes Santo

Un gran Martes Santo en Cuenca

La Procesión del Perdón dejó este Martes Santo una sucesión de momentos que devolvieron a Cuenca una parte muy honda de su emoción nazarena. Tras dos años sin poder recorrer las calles con normalidad por la lluvia, la ciudad respondió con expectación, respeto y una evidente necesidad de reencontrarse con una de sus noches más queridas. Y la procesión no tardó en regalar escenas que ya quedan prendidas en la memoria de este Martes Santo.

El Medinaceli abrió la noche antes de tiempo

Uno de los primeros grandes momentos llegó incluso antes de la hora prevista. A las 18:45 horas se abrían las puertas de San Felipe Neri para la salida de Nuestro Padre Jesús Nazareno, vulgo de Medinaceli. La maniobra, siempre complicada y muy esperada, volvió a concentrar la atención de quienes saben que en ese descenso por las escaleras del templo se juega una de las estampas más espectaculares del Martes Santo.

Foto: San Felipe Neri en la salida del Medinaceli / Néstor Robayna

Los banceros demostraron una vez más su maestría en una salida de enorme dificultad técnica, marcada por el pulso, la precisión y el respeto que exige una imagen tan querida. Poco después, ya sobre las 19 horas, la Banda de Música de Cuenca interpretó el himno nacional, subrayando aún más la solemnidad del arranque del Señor del Martes Santo.

San Juan, la Magdalena y la luz de San Andrés

Mientras el Medinaceli ganaba la calle, San Juan Bautista salía puntual desde El Salvador, dando paso a otro de los ejes fundamentales de la procesión. Poco después lo hacía María Magdalena, ascendiendo por la calle del Peso en una de esas escenas delicadas y tan reconocibles del Martes Santo conquense.

Tras ella llegó uno de los instantes más bellos y emotivos: la salida de María Santísima de la Esperanza desde San Andrés. La plaza aparecía completamente llena y bañada todavía por una luz de sol que hizo aún más hermosa la escena. A su salida, el Coro de la Capilla de Música de la Catedral le dedicó un motete en uno de los momentos más especiales del desfile.

Foto: Salida de María Magdalena de El Salvador / Néstor Robayna

La Esperanza salió este año, además, con un significado añadido. Después de dos años de suspensiones, su presencia en la calle se vivió casi como un símbolo. La plaza de San Andrés no solo estaba iluminada por la luz de la tarde, sino también por la ilusión evidente de sus hermanos y de tantos espectadores que llevaban demasiado tiempo esperando ver de nuevo esa estampa.

San Juan Bautista conquistó la Plaza Mayor

Si hubo un instante que levantó la emoción colectiva en la parte alta, ese fue la entrada de San Juan Bautista por los arcos del Ayuntamiento. La Plaza Mayor, completamente abarrotada, aguardaba uno de los momentos señalados de la procesión, y el Precursor respondió con una presencia imponente.

Foto: Plaza Mayor repleta de gente el Martes Santo / Néstor Robayna

La Banda de la Junta de Cofradías recibió a San Juan con la marcha El Bautista, de Fernando Ugeda, y el paso se meció al compás de la música con ese movimiento tan característico de sus banceros. Fue una de las escenas más comentadas y celebradas de la noche: la fuerza de la imagen, la música en el lugar exacto y el paso bailando con solemnidad ante una plaza entregada.

Foto: San Juan Bautista / Néstor Robayna

A ello se sumó otro detalle singular del cortejo de San Juan: sus cuatro trompetas heráldicas, que anuncian la llegada de la hermandad y acompañan el movimiento del paso. Este año, además, una de ellas fue tocada por primera vez por una mujer, Ainara Muñiz, de 23 años, un momento que no pudo producirse el pasado año por la suspensión de la procesión.

La llegada del Bautismo ante una plaza llena

Otro de los grandes hitos del recorrido volvió a vivirse con la incorporación del Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo en la Plaza Mayor desde la Iglesia de San Pedro. La llegada del paso hasta el corazón del Casco Antiguo completó uno de los momentos más esperados de la procesión, con la plaza completamente repleta de público.

Foto: Bautismo / Néstor Robayna

Fue llamativo, además, que en esta ocasión no se lanzaran pétalos a la salida del Bautismo, un detalle que no pasó desapercibido entre quienes siguen con atención las costumbres y signos propios de la noche.

Las curvas de la Audiencia, otra vez repletas

Ya en la bajada, las curvas de la Audiencia volvieron a ofrecer una de las imágenes más poderosas del Martes Santo. Repletas de gente, confirmaron de nuevo que ese tramo es uno de los más esperados de todo el recorrido.

Foto: Curvas de la Audiencia / Néstor Robayna

Allí la procesión recupera toda la fuerza visual de Cuenca: los pasos descendiendo entre la piedra antigua, la música doblando las esquinas, la cera encendida y el silencio de quienes contemplan la escena sabiendo que están ante uno de los enclaves más hermosos de la Semana Santa.

Un homenaje muy sentido en el centro de la ciudad

Ya en el centro de Cuenca, junto al Monumento al Nazareno, llegó uno de los momentos más conmovedores de toda la noche. La Banda de Cornetas y Tambores de la Junta de Cofradías interpretó La muerte no es el final en homenaje a las víctimas de la DANA, un gesto que no pudo realizarse el pasado año por culpa de la suspensión del desfile.

Foto: Homenaje en el Monumento al Nazareno / Néstor Robayna

La música se convirtió entonces en memoria, en oración y en homenaje compartido. Fue un instante de especial hondura, que añadió una nueva carga emocional a una procesión ya de por sí marcada por el sentimiento del reencuentro.

Una noche de frío, aire y emoción

El Martes Santo estuvo también marcado por el frío y por el viento, que por momentos endurecieron el recorrido y deslucieron parcialmente la estampa de algunos pasos, sobre todo en aquellas imágenes que procesionan con iluminación natural. Aun así, el calor de los hermanos, las tulipas encendidas y la masiva respuesta del público sostuvieron una noche que Cuenca necesitaba vivir.

Foto: El calor de la tulipa / Néstor Robayna

La Procesión del Perdón dejó así una sucesión de momentos para la memoria: la salida adelantada del Medinaceli, la emoción luminosa de la Esperanza, San Juan bailando en la Plaza Mayor, el Bautismo ante una plaza abarrotada, las curvas de la Audiencia llenas y el homenaje de la Junta de Cofradías en el centro. Escenas distintas, pero unidas por un mismo hilo: el de una ciudad que por fin volvió a abrazar su Martes Santo.

Alba Soledad Moya

Natural de Cuenca. Graduada en Periodismo por la UCLM. Experiencia en medios de comunicación como CMM o La Sexta.
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