Cuenca ha vivido este Lunes Santo una de sus noches más sobrecogedoras con la salida del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, en una procesión marcada por el recogimiento, el canto gregoriano y una gran afluencia de público favorecida por el buen tiempo.


Una salida histórica en una noche propicia
Cuenca ha celebrado este Lunes Santo, 30 de marzo, la procesión Penitencial del Santísimo Cristo de la Vera Cruz. Después de la misa de hermandad, que ha sido oficiada por monseñor Yanguas en el altar mayor de la Catedral, se ha besado la reliquia y se ha realizado la procesión íntima por las naves catedralicias. Posteriormente, se ha iniciado la procesión en la calle.

A las 21:30 horas se han abierto las puertas del templo y ha salido el Santísimo Cristo de la Vera Cruz a hombros de sus banceros en una procesión que ha conmemorado este año el 30 aniversario de su primera salida, que tuvo lugar en 1996. En aquella ocasión, la imagen salió por primera vez del Palacio Episcopal, con presencia de lluvia, y la primera palabra fue predicada por el obispo Guerra Campos, entonces obispo de Cuenca.
Lejos del frío y el viento de la jornada anterior, la noche se ha presentado algo más suave y agradable, lo que ha favorecido la presencia de numeroso público tanto en la salida como a lo largo del recorrido, especialmente en la zona de la Puerta de Valencia, donde muchos fieles se han congregado para acompañar la procesión hasta su final.
Música y palabra en la oscuridad
El Coro Alonso Lobo, dirigido por Luis Carlos Ortiz, ha acompañado la procesión con sus motetes compuestos expresamente para esta ocasión, poniendo música a la palabra que corresponde a las Siete Palabras de Cristo en la Cruz, junto con sus cantos gregorianos propios de los oficios de Semana Santa. Durante la noche solo se han escuchado sus voces, mientras el sonido de la campana y un tambor ronco han aportado mayor solemnidad a la procesión.

Conforme ha salido la imagen de la Catedral, el coro de cámara ha interpretado «Crux Domini», compuesta también por el propio director. Terminada la marcha, ha comenzado la primera palabra a cargo del obispo de la diócesis de Cuenca, monseñor Yanguas: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». En su predicación, el obispo ha explicado que esta frase supone un esfuerzo de Jesús en el monte del Calvario, donde es crucificado junto a dos ladrones, y que en ella no hay rebeldía, sino una oración y una petición: Jesús pide el perdón para nosotros, pidiendo perdón por nosotros. Debemos perdonar siguiendo el ejemplo que nos da Cristo, ya que perdonar es la victoria del amor. A continuación, ha continuado con la oración que nos enseñó: «Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden».
Ha habido mucho público para presenciar la salida de la procesión y escuchar la predicación del obispo, donde se ha percibido en sus palabras el perdón y la misericordia de la escena, haciendo que las miradas se hayan dirigido al Santísimo Cristo de la Vera Cruz.
Un cortejo solemne y renovado
Conforme ha avanzado el cortejo hacia la anteplaza, se ha ido formando el mismo: monaguillos, cruz de guía, estandarte y faroles nuevos de cabecera, que este año ha estrenado la Hermandad, inspirados en los antiguos pero actualizados en sus ventanas, dejándolas más libres de metal para dar mayor protagonismo a la luz de la vela. Han participado representantes de los pueblos de La Peraleja, Mira y Villar de Domingo García con sus guiones y cetros.

La campana y el incienso han anunciado la llegada del paso con la imagen del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, escoltado por cuatro faroles, seguido de los tambores roncos. Sobre las andas, junto al Santísimo Cristo, se ha colocado una rosa en recuerdo de los hermanos difuntos de la Hermandad, un símbolo de memoria y devoción, previo a la salida en procesión, con unas palabras del consiliario de la Hermanad. Los cardos colocados junto a la rosa son un símbolo de resistencia, sufrimiento y dolor de la pasión de Cristo, representando la dureza de la cruz y el sacrificio.

Ha presidido la procesión eclesiástica el capellán de la Hermandad, José María Martínez Cardete, mientras que la presidencia institucional ha recaído en el representante de la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores y las Santas Marías y en un concejal del Excmo. Ayuntamiento de Cuenca.
Las Siete Palabras en el corazón de la ciudad
La segunda palabra ha sido pronunciada por el hermano seminarista Álvaro Rozalén Calonge en el convento de las Esclavas del Santísimo Sacramento: «Hoy estarás conmigo en el paraíso». Esta palabra ha descrito la cercanía entre Jesús y los creyentes, así como la fe de la gente, constituyendo un momento de reflexión durante el recorrido.
La procesión ha continuado su desfile con las voces del Coro Alonso Lobo, el sonido de los tambores y la campana hasta el Oratorio de San Felipe Neri, donde ha tenido lugar la tercera palabra, pronunciada por el hermano Juan Minaya Nuño: «Mujer, ahí tienes a tu hijo», resaltando la devoción hacia la Virgen.
Seguidamente, la procesión ha avanzado en busca de la calle del Peso hasta llegar a la Plaza de San Andrés, donde la hermana Ana María Cueva Medina ha leído la cuarta palabra: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». En este momento, junto con las estrecheces de las calles que han rodeado la procesión, se han vivido los instantes más intensos y dramáticos, con un silencio respetuoso al paso de la imagen.

En la puerta de la parroquia de El Salvador, el Hermano Mayor, Héctor Soria Serrano, ha leído la quinta palabra: «Tengo sed», que ha descrito la humanidad de Jesús.

La sexta palabra ha sido pronunciada por la Hermana Mayor, Mirian Soria Serrano, en el Monasterio de la Inmaculada Concepción: «Todo está consumado», palabras que han reflejado el cumplimiento del ritual y la conexión espiritual que ha envuelto el momento.

Recorriendo las calles de Las Torres y Aguirre, la procesión ha llegado hasta su final en la parroquia de San Esteban, donde ha tenido lugar la última palabra: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu», leída por el Vicario General del Obispado de Cuenca y párroco de San Esteban, Antonio Fernández Ferrero. Esta frase ha marcado el cierre de la Pasión, transmitiendo un mensaje de entrega y confianza absoluta en Dios, un momento de recogimiento que ha invitado a los fieles a la reflexión sobre la vida, la muerte y la fe, sellando el recorrido con un silencio cargado de solemnidad y devoción.
Un final de recogimiento
A continuación, en la puerta de San Esteban y antes de entrar la imagen al interior del templo, el Coro Alonso Lobo ha interpretado «Hanneni Elohim», un miserere en hebreo compuesto por Luis Carlos Ortiz. Con la imagen ya dentro de la iglesia y a puerta cerrada, solo para los hermanos, el coro ha interpretado a la Virgen el «Ave Regina Caelorum» y, como colofón a una noche de recogimiento, el «Miserere» de Pradas.


La procesión ha finalizado a las 0:40 horas, dejando tras de sí una estampa de silencio, fe y belleza difícil de olvidar. En una noche amable que ha invitado a salir a la calle, Cuenca ha vuelto a encontrarse con sus tradiciones más profundas, donde la palabra, la música y la devoción se han fundido en un mismo latido, acompañando al Santísimo Cristo de la Vera Cruz en un aniversario que ya ha quedado grabado en la memoria colectiva de la ciudad.
/Fotos de Néstor Robayna/





























































































































































































































































