En un artículo reciente de la revista Viajar, centrada en turismo y destinos con encanto, se ha publicado un listado con los pueblos más infravalorados de cada provincia española. La selección pone en valor municipios que, pese a su riqueza cultural, histórica o natural, no han recibido la atención que merecen. En el caso de Cuenca, el lugar destacado es Moya.
Situado al noreste de la provincia, cerca del límite con la Comunidad Valenciana, Moya ha sido considerado el pueblo más infravalorado de Cuenca. Este enclave, que en el pasado fue una importante ciudad amurallada, se encuentra hoy en gran parte en ruinas y sigue siendo poco conocido por quienes visitan la zona.
El reportaje señala que muchos viajeros que llegan a Cuenca optan por destinos más populares como la capital y sus conocidas casas colgadas, la Ciudad Encantada, Belmonte, Alarcón o la Serranía de Cuenca. Mientras tanto, Moya queda relegado a un segundo plano, a pesar de contar con un patrimonio monumental notable y unas vistas espectaculares.
Un lugar estratégico
Durante la Edad Media, Moya fue una plaza estratégica de gran importancia. En la actualidad, quienes la visitan pueden recorrer los restos de su fortaleza, incluyendo el castillo, las murallas y varias puertas de acceso que aún conservan parte de su antiguo esplendor. Su casco histórico, hoy deshabitado, ofrece un viaje al pasado a través de ruinas de iglesias, conventos y edificios civiles que evocan su relevancia histórica.
La revista también resalta el entorno natural que rodea el municipio como uno de sus mayores atractivos. Se trata de un lugar ideal para quienes buscan tranquilidad, contacto con la naturaleza y rutas de senderismo. Desde sus puntos más elevados se contemplan amplios valles cuyos paisajes varían con las estaciones, creando un entorno propicio para la contemplación.
Moya no ha desarrollado una economía basada en el turismo ni dispone de una infraestructura destacada en este sector, lo que ha contribuido a que permanezca fuera de los circuitos más habituales. Sin embargo, ofrece una experiencia auténtica y un patrimonio que aún aguarda ser descubierto y apreciado como merece.