La Procesión Camino del Calvario, que se celebra en la madrugada del Viernes Santo, es uno de los momentos más emblemáticos de la Semana Santa conquense. Entre la algarabía de la Turba y el silencio de la ciudad, un acto llama especialmente la atención: el golpe de martillos sobre la fragua y el motete a la Virgen de la Soledad de San Agustín, una tradición que une historia, devoción y memoria de la hermandad de los herreros.
Para conocer el origen y significado de esta costumbre, hablamos con Antonio López Garrido para El Digital de Cuenca, uno de los impulsores del acto.
Los martillos y el motete: origen de la tradición
¿El motete o los martillos? Antonio López Garrido: Las dos cosas, las dos. Si los martillos no hubieran existido, el motete no habría surgido.

¿Cómo empezó todo?
Antonio López Garrido: Pues en el año 1997, aprovechando el 50 aniversario de la nueva hechura de las Soledad de San Agustín, se hizo un homenaje como era la hermandad de los herreros cuando pasaba por la fragua. Ahí colaboró Eduardo, Marcos, Javier, su hermano Angelito, Javier Gallén y más gente que le gustó la idea.
A raíz de ahí, luego ya el último herrero que murió, mi padre, fue en el año 2001, en Navidad. Y en la Semana Santa del 2002 fue como un homenaje a los herreros que ya no quedaban en la hermandad, que fueron los fundadores de la hermandad.
Entonces, por eso la letra va muy dirigida a la vinculación entre el gremio de la herrería y la Soledad de San Agustín en la madrugada. Antonio López Garrido: Exacto. En teoría, Rafa, el gremio de los herreros fueron los fundadores de la Soledad de San Agustín.

Historia y continuidad
¿Entonces se lleva haciendo desde el año 98?
Antonio López Garrido: No, no. Los martillos desde el año 97 y el motete desde el año 2002. Pero desde 2002, ininterrumpidamente, hasta esta Semana Santa, que también se va a hacer. Claro, sí, sí, de forma ininterrumpida. Menos el año de la pandemia, claro está.
¿Y en qué consiste?
Antonio López Garrido: Por ejemplo, en los años de lluvia, el motete a veces se ha cantado dentro de la iglesia. Ha habido ocasiones en que, debido al mal tiempo, se suspendió en la fragua, pero siempre se buscó mantener el homenaje. Este acto recuerda a todos los fundadores de la hermandad, que eran los herreros, y es muy simbólico: la fragua representa la herrería, y el calor con que se honra a la Virgen simboliza un canto de respeto y apoyo de toda la hermandad hacia el futuro.

Composición e intérpretes
¿Quién canta y quiénes son los componentes?
Antonio López Garrido: El motete es coautor Javier Tortajada, José Luis Torrijano y un servidor, Antonio López. Lo canta de forma conjunta grupos de amigos y familiares, muchos familiares que tenían mucho oído musical, pero no hay una agrupación musical determinada. Lo dirige Javier Torcajada.
¿Hay alguna novedad este año en el acto?
Antonio López Garrido: Procuramos que sea ninguna. Vamos a ver, si falta algún familiar ese año, se lo ofrece el canto o se le dedica. Novedad por novedad, es lo que no hay que hacer. Innovar sería un error. Los martillos por el principio y sin los martillos no hubiera surgido el motete.
¿Y al paso del encuentro también se hace algo?
Antonio López Garrido: No. Los martillos empiezan desde que se ve el guion hasta que acaba la hermandad. Hubo un año que se le cantó el Miserere, pero el motete exclusivamente va para la Virgen de la Soledad de San Agustín.
La poesía de Lucas Aledón
¿Algo que decir de la poesía que hizo Lucas Aledón con relación a la letra de los motetes?
Antonio López Garrido: No, exactamente no. La de Lucas Aledón es más vinculada a la placa de arriba que hay en la fachada, que estaba dirigida al último herrero que quedó. El motete no lleva la letra de la poesía.
Vinculación familiar y experiencia en la hermandad
¿Cómo ha sido tu vinculación con la hermandad?
Antonio López Garrido: Muy familiar. Mis abuelos y antecesores todos somos de la Virgen de San Agustín. He sido representante de la hermandad, capataz, bancero y nazareno. Este año, si Dios quiere, ya cumpliré todo el recorrido de nazareno, porque ya he tengo sucesión familiar con mi sobrina en el banzo.
O sea que la hermandad ha sido de toda tu vida, ¿cuántos años llevas saliendo?
Antonio López Garrido: Desde los 14 años. Me jubilé «entre comillas» el año pasado y este año sería el primer año que desfilaría mi sobrina. Llegamos los tres: Marcos, Eduardo y yo, y ahora la sucesión familiar sigue con ella.
Un acto cargado de emoción
La combinación del sonido de los martillos y el motete simboliza el calor y dedicación del gremio de herreros hacia la Virgen, evocando respeto, memoria y devoción en cada paso de la procesión. Es un momento que fusiona tradición, fe y cultura local, y que cada año emociona a cientos de conquenses.
Antonio López Garrido: «Lo que nos gusta a todos es el respeto que se le tiene, el silencio que se guarda y el cariño que se le da. Cada Viernes Santo, la fragua y el canto recuerdan a los fundadores y a todos los que han mantenido viva esta tradición. Es uno de los momentos más emotivos de toda la Semana Santa de Cuenca.»
