Hay mañanas en las que Cuenca vuelve a sonar a más de 600 kilómetros de distancia. No ocurre entre las hoces ni en la Plaza Mayor, sino en un aula del mítico barrio sevillano de Triana. En una pizarra digital aparecen los tambores de Las Turbas, los clarines rompen el silencio y los banceros avanzan portando las imágenes por las empinadas calles del Casco Antiguo.
Los alumnos observan las imágenes con asombro. Entonces comienzan las preguntas. «¿Profesor, de verdad vosotros no ensayáis?». «¿Cómo que subastáis los banzos?». «¿Y no cantáis saetas?». Fran Mayordomo Palacios sonríe. Lleva tres años respondiendo las mismas dudas y disfrutando con la sorpresa de unos niños que descubren una forma completamente distinta de vivir la Semana Santa. Natural de Cuenca, maestro de Música y, desde este verano, director del CEIP San José de Calasanz, se ha convertido, casi sin proponérselo, en uno de los mejores embajadores de su tierra en Sevilla.

En conversación con El Digital de Cuenca, el docente conquense comparte su experiencia al frente de un colegio en Triana, habla de sus raíces, de su pasión por la música y de cómo lleva cada curso la esencia de Cuenca hasta las aulas sevillanas.
Un destino inesperado
Después de pasar por más de una veintena de colegios entre Madrid, Toledo y Castilla-La Mancha, Fran pensaba que su futuro estaría en Granada. «Había vivido allí una etapa muy importante de mi vida. Tenía amistades muy cercanas y una relación personal que hacía pensar que acabaría allí. Pero la vida tenía otros planes.»
Esos planes le llevaron a Sevilla. Y, más concretamente, al barrio de Triana. «Mi madre fue la primera en alegrarse. Me dijo: «Hijo mío, en Triana vas a estar muy contento». Yo llegaba con cierto respeto porque siempre había escuchado eso de que los sevillanos son muy especiales y nunca sabes dónde vas a caer.»

Sin embargo, aquellas dudas desaparecieron enseguida. «La acogida fue extraordinaria. Primero mi familia y después yo. Nos abrieron las puertas desde el primer momento. Enseguida empezamos a hacer amistades y nos sentimos como en casa.»
Hoy habla con orgullo del Tardón, la zona donde se encuentra su colegio. «Es uno de los rincones más castizos de Triana. Conserva esa esencia de barrio que todavía no ha perdido con el turismo.»
Tres años después de llegar como maestro de Música, inicia una nueva etapa al frente del centro. «Presentamos un proyecto de dirección que recibió una valoración muy positiva y desde el 1 de julio soy oficialmente el director del colegio.»
La música une Cuenca y Sevilla
Aunque ahora asume la dirección del colegio, Fran sigue disfrutando especialmente cuando entra en clase. Su asignatura le permite enseñar mucho más que música.
Le permite enseñar Cuenca. «Siempre aprovecho para hablar de Las Turbas, de los tambores, de los clarines, de los banceros… Mis alumnos sienten muchísima curiosidad.» Las reacciones son siempre parecidas. «¿Pero ¿cómo podéis llevar así los pasos?» «¿No os duele la espalda?» «¿No tenéis cuadrillas?» «¿No sacáis papeleta para salir?» «¿No se aplaude durante las procesiones?»

«Alucinan. Les sorprende muchísimo descubrir que dos ciudades vivan la Semana Santa con tanta intensidad y de una manera tan diferente.» Como apasionado de la música, también reconoce que Sevilla le ha impresionado profundamente. «La cultura musical que tienen aquí es brutal. Las bandas ensayan durante todo el año, hay conciertos constantemente y el nivel musical es extraordinario.»
Dos maneras diferentes de vivir una misma pasión
Fran no entiende la Semana Santa como una competición entre ciudades. «No hay una mejor que otra. Son diferentes y las dos son únicas.» Recuerda con emoción la Magna celebrada en Sevilla hace poco más de un año. «La viví con mis padres y fue impresionante. La devoción, la forma de llevar las imágenes, la música… comprendí por qué aquí dicen que la Semana Santa es una forma de vida.»
Pero cuando habla de Cuenca cambia el tono de voz. «Cuenca sigue tirando mucho.» Echa de menos la Novena de la Virgen de las Angustias, las fiestas de San Mateo. «Eso nunca se olvida.» Reconoce que cada vez resulta más complicado decidir dónde pasar la Semana Santa. «Aquí también haces vida. Me he hecho hermano de la Hermandad de San Gonzalo y poco a poco acabas formando parte de las tradiciones sevillanas. Pero Cuenca siempre está ahí.» Pero sigo siendo fiel como bancero a San Juan Bautista, San Pedro, y a la Virgen con Jesús en el Encuentro de la Madrugada del Viernes Santo.

«En Sevilla saben vender muy bien lo suyo»
Es una de las reflexiones que más repite durante la conversación. En Sevilla saben vender muy bien lo suyo.» Lo dice con admiración. Considera que Cuenca también debe sentirse orgullosa de su patrimonio y divulgarlo. «Tenemos algo único y debemos enseñarlo. Nadie va a venir de fuera a defender nuestras tradiciones.»
De hecho, explica que muchos compañeros sevillanos que han visitado Cuenca regresan maravillados. «Hablan de las Casas Colgadas, del puente de San Pablo, del morteruelo, de nuestras procesiones… Cuando conocen Cuenca descubren una ciudad espectacular.»
La escuela como transmisora del patrimonio
Uno de los asuntos sobre los que más reflexiona es el papel de la educación. En Sevilla es habitual que durante la Cuaresma los colegios visiten iglesias y conozcan el patrimonio de las hermandades. «No hablamos de religión. Hablamos de cultura.»
En su colegio conviven alumnos de diferentes nacionalidades y creencias. «Hay niños cristianos, musulmanes, ateos… y nunca existe ningún problema porque lo que enseñamos es patrimonio.» Por eso cree que en Cuenca también deberían potenciarse este tipo de iniciativas. «Si nosotros no transmitimos nuestras tradiciones a los niños, acabarán perdiéndose.»
Y añade una reflexión que resume toda su manera de entender la enseñanza. «Cuando visitamos la Catedral de Sevilla no vamos a dar una clase de religión. Hablamos de arte, de historia, de arquitectura o de pintura. Con la Semana Santa ocurre exactamente igual. Es parte de nuestra cultura y tenemos la responsabilidad de conservarla.»

Un conquense que nunca deja de serlo
Después de tres años en Triana, Fran Mayordomo asegura que Sevilla le ha regalado un barrio, nuevos amigos y un proyecto profesional apasionante. Pero también reconoce que hay cosas que nunca cambian. Cada vez que proyecta un vídeo de Las Turbas. Cada vez que explica qué es un bancero. Cada vez que habla de las Casas Colgadas, del puente de San Pablo o de la madrugada del Encuentro.
Cuenca vuelve a entrar en un aula de Triana. Y mientras sus alumnos descubren una ciudad que muchos aún no conocen, él demuestra que la mejor manera de mantener vivas las raíces es compartirlas con los demás. Porque, aunque hoy dirija un colegio en Sevilla, sigue llevando la esencia de Cuenca allí donde ejerce su vocación.
/Fotos de Néstor Robayna/










