En un contexto demográfico donde la tendencia habitual de los jóvenes es abandonar el medio rural para buscar un futuro en las grandes urbes, la historia de Nahum Salinas destaca como un inspirador camino a la inversa. A sus 23 años, este graduado en Farmacia natural de Valencia ha decidido dejar atrás la capital del Turia para instalarse en Puente de Vadillos, una pequeña pedanía de la Serranía de Cuenca perteneciente a Cañizares. Desde el pasado 27 de mayo, Salinas se encuentra al frente de la farmacia del pueblo, un servicio vital que no solo abastece a los vecinos del municipio, sino que también vertebra la atención sanitaria de otras localidades colindantes.
En una entrevista concedida a El Digital de Cuenca, el joven farmacéutico repasa cómo ha sido este cambio radical de vida, el abrumador recibimiento de los vecinos y la enorme responsabilidad que asume en su día a día.
De la capital del Turia a la Serranía de Cuenca
Nahum Salinas se define a sí mismo como «un chico de Valencia capital, muy familiar y muy noble» a quien, de manera inesperada y sin ningún tipo de precedente o influencia familiar en el sector, la vocación farmacéutica le atrapó cuando cursaba la Educación Secundaria Obligatoria. «No tiene ninguna explicación lógica porque de pequeño ni iba a la farmacia ni nada», confiesa con humor, añadiendo que al final «el destino dijo que hiciera farmacia y de momento, por suerte, hemos podido empezar aquí y estar súper a gusto».
Tras graduarse y acumular una valiosa experiencia de nueve meses trabajando en una oficina de farmacia en el barrio valenciano de San Marcelino, surgió la oportunidad en Puente Vadillos a través de un contacto familiar. Aunque en ese momento aún estaba finalizando sus estudios, Salinas tuvo claro que quería madurar la opción. «Les dije que lo primero era terminar la carrera y luego íbamos a ver cómo se daba todo», explica. Tras comprobar que se sentía preparado para gestionar un negocio propio, el joven dio el paso definitivo.

El traslado no estuvo exento de vértigo. Pasar de la comodidad del hogar familiar en una gran ciudad a asumir la gestión de una farmacia en solitario en una pequeña pedanía conquense requirió de un periodo de reflexión. «Era un paso muy importante que había que pensarlo y madurarlo muy bien», reconoce Salinas, quien destaca que el apoyo incondicional de sus padres, su pareja y sus amigos fue el impulso definitivo para emprender la aventura. «Me dijeron que adelante, que seguro que saldría bien, y la verdad es que de momento no me arrepiento en absoluto», asegura con firmeza.
Más que una farmacia, una «segunda familia»
La adaptación de Nahum a su nueva realidad ha sido rápida, en gran parte gracias a la calidez de los habitantes de Puente de Vadillos. El farmacéutico recuerda con especial cariño el asombro que le produjo la hospitalidad local desde el primer día: «Lo que más me sorprendió fue la cercanía de la gente, que sin conocerme ya me ofrecía su ayuda para lo que hiciera falta».
Esta proximidad marca una gran diferencia respecto a la frialdad y el dinamismo de la gran ciudad. En Valencia, el trabajo estaba más enfocado al cliente de paso y a la venta de productos de parafarmacia, cosmética o cuidado capilar, entre otros. En la Serranía, sin embargo, el perfil mayoritario es el de personas de avanzada edad que requieren un seguimiento estrecho de su medicación habitual. Este factor humano transforma por completo la labor del farmacéutico. «Aquí conoces prácticamente a todo el mundo y tienes un trato tan cercano que es como si fuera tu segunda familia», explica Salinas.

La acogida no ha podido ser más cálida. Los vecinos, agradecidos por la continuidad del servicio, le han mostrado su apoyo incondicional desde el primer día. Frases como «que puedas estar muchos años, toda la vida» son un impulso constante para él. «Esos comentarios son los que te ayudan a seguir trabajando, a seguir esforzándote y a seguir mejorando en el día a día», confiesa el joven farmacéutico.
Esta confianza mutua convierte a la botica en un espacio que trasciende lo meramente comercial o sanitario. Para muchos vecinos, Nahum no es solo el profesional que les dispensa los medicamentos, sino un confidente. Con el paso del tiempo, el joven asume que terminará haciendo «funciones de psicólogo, intentando ayudarles y aconsejarles» en su día a día, un rol que acepta de buen grado y con la vocación de servicio que le caracteriza.
Una intensa rutina que vertebra el territorio
El compromiso de Nahum Salinas con la comarca va más allá de los límites de Puente Vadillos. Además de regentar la farmacia principal, gestiona dos botiquines farmacéuticos en localidades de la zona: uno en Cañizares, situado a apenas cinco minutos en coche, y otro en Peralejos de las Truchas, ya en la provincia de Guadalajara, al que se desplaza dos días a la semana tras un trayecto de 45 minutos.

Esta dispersión geográfica y la exigencia del servicio implican jornadas laborales intensas que limitan notablemente su tiempo de ocio. «Entro a las nueve y media de la mañana y cierro a las nueve de la noche, por lo que casi no tengo tiempo libre», apunta Salinas. A pesar del cansancio, el farmacéutico intenta integrarse en la vida social del municipio participando en las rutas y actividades que organizan los propios vecinos cuando sus guardias y los viajes de fin de semana a Valencia para ver a los suyos se lo permiten.
Un llamamiento a la valentía de los jóvenes
El caso de Nahum Salinas se erige como un ejemplo de relevo generacional y de lucha contra la despoblación rural en la provincia de Cuenca. Ante la recurrente idea de que el éxito profesional solo se encuentra en las capitales, el joven valenciano anima a otros profesionales a explorar las ventajas que ofrecen los entornos rurales.
«Los jóvenes tenemos que ser valientes y salir de la zona de confort. Si se presenta una oportunidad en el entorno rural, hay que cogerla, porque perfectamente se puede vivir mucho mejor aquí que en una capital», reflexiona para este medio. Salinas insiste en que cualquier iniciativa, ya sea en farmacia, hostelería o cualquier otro sector, es recibida con los brazos abiertos por unos vecinos deseosos de mantener con vida sus municipios.
El joven valenciano reconoce, no obstante, que dar este paso también implica renuncias. «Hay que sacrificar unas cosas para luego obtener recompensa por otro lado», admite sobre un cambio de vida que, asegura, volvería a emprender sin dudarlo.
«Que la gente no lo dude, en el pueblo hay muchas más oportunidades de lo que se imaginan», concluye con optimismo, con la mirada puesta en consolidar su proyecto de vida en la Serranía de Cuenca.