Un siglo de historia bajo el agua: Cuenca revive la epopeya del Salto de Villalba

El Colegio de Ingenieros de Caminos recupera la historia del Salto de Villalba, la gran obra hidráulica que transformó el Alto Júcar

El Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha, en Cuenca, acoge desde este martes la exposición ‘El Salto de Villalba, 1926-2026. Historia de una gran obra hidráulica’, una muestra organizada por el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos en Castilla-La Mancha con motivo del centenario de una de las infraestructuras hidroeléctricas más singulares del país y reivindica su valor técnico, patrimonial y humano.

La exposición se plantea como un recorrido por la historia técnica, territorial y humana del Salto de Villalba, coincidiendo con el centenario de esta gran obra hidráulica.

A través de fotografías, planos y documentación histórica, la muestra explica cómo este complejo permitió transformar las aguas del Júcar y de la laguna de Uña en energía eléctrica y cómo su construcción dejó una profunda huella en la Serranía de Cuenca.

La exposición reconstruye el proceso que llevó de las primeras concesiones hidroeléctricas a la creación de un sistema completo formado por la presa de La Toba, la laguna de Uña, el canal, túneles, sifones, depósito de carga, tuberías forzadas, central hidroeléctrica y poblado industrial.

En la inauguración de la exposición, celebrada este martes en el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha, han participado el comisario de la muestra y representante provincial en Cuenca del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, Eduardo Jiménez Gismero; el decano de la Demarcación de Castilla-La Mancha del Colegio, Juan Antonio Mesones; la coordinadora de Cultura de la Delegación de la JCCM en Cuenca, Yolanda Rozalén; la primera teniente de alcalde y concejala de Coordinación Institucional del Ayuntamiento de Cuenca, Saray Portillo Panadero, entre otros representantes institucionales.

El comisario de la exposición ha puesto el foco durante la inauguración en que el valor del Salto de Villalba no reside únicamente en su central, sino en la concepción global de una obra capaz de integrar ingeniería hidráulica, producción energética, arquitectura industrial y adaptación a un territorio especialmente complejo.

En este sentido, ha destacado que el canal ha sido la auténtica columna vertebral del sistema, con casi veinte kilómetros de recorrido por uno de los tramos más abruptos del Alto Júcar.

Durante su recorrido por la muestra, Gismero también ha puesto en valor el sifón de Riofrío, presentado como una de las obras más complejas y representativas del canal. Según ha explicado, su función ha sido salvar la depresión del arroyo de Riofrío sin perder continuidad hidráulica y, al mismo tiempo, garantizar la flotación de maderas, una actividad tradicional del Júcar que el proyecto debía respetar.

El comisario de la exposición se ha detenido igualmente en la figura de Juan Lázaro Urra, ingeniero director del Salto de Villalba y responsable de articular una infraestructura unitaria capaz de captar, regular y conducir el agua hasta las turbinas. Junto a él, ha citado otros nombres vinculados a la obra, como Pedro Martí Hernández, encargado general de los trabajos, cuya labor fue clave para convertir los planos en una realidad sobre el terreno.

El decano de la Demarcación de Castilla-La Mancha del Colegio, Juan Antonio Mesones, ha enmarcado esta iniciativa en la necesidad de reivindicar el patrimonio de la ingeniería civil y de acercar a la sociedad obras que han sido decisivas para el desarrollo del territorio y de la sociedad.

La exposición plantea precisamente esa lectura, el Salto de Villalba no solo como una instalación energética, sino como una obra pública que ha transformado el paisaje, la economía y la vida de varias generaciones de conquenses.

El recorrido incorpora fotografías históricas, planos, documentación técnica y referencias a la visita de Alfonso XIII en junio de 1926, cuando el monarca recorrió la central, el depósito de carga, el canal, la laguna de Uña y las obras del embalse de La Toba.

Aquella visita sirvió para presentar institucionalmente una infraestructura que puso al Salto de Villalba entre las grandes obras energéticas españolas del primer tercio del siglo XX.

La muestra presta además atención al poblado del Salto, creado para alojar a trabajadores, técnicos y familias en un entorno aislado de la Serranía de Cuenca. Central, casa de dirección, capilla, viviendas, talleres y espacios auxiliares han formado una pequeña comunidad industrial ligada a la explotación hidroeléctrica.

Cien años después, el Colegio de Ingenieros de Caminos ha subrayado con esta exposición el valor patrimonial de un complejo que conserva elementos hidráulicos, estructurales, arquitectónicos y sociales de gran interés. 

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