Las risas comienzan a llenar la Plaza Reina Sofía mucho antes de las diez de la mañana. A los pies de la Parroquia de Fuente del Oro, mochilas al hombro y camisetas de colores anuncian el inicio de una nueva jornada. Los niños se reencuentran con sus amigos después de un año de espera, mientras los monitores repasan las últimas indicaciones antes de dar comienzo a las actividades. Durante seis días, del 22 al 27 de junio, este espacio se transforma en el corazón de un campamento que ya forma parte del verano del barrio.
Lo que comenzó como una solución improvisada en plena pandemia se ha convertido en un proyecto plenamente consolidado. La quinta edición del Campamento Urbano de la Parroquia de Fuente del Oro ha reunido este año a 120 niños, el doble que en su primera edición, gracias al esfuerzo de un equipo formado por cerca de 60 monitores voluntarios, muchos de ellos jóvenes que crecieron vinculados a la parroquia y que ahora dedican parte de sus vacaciones a hacer posible esta iniciativa.

«Al principio pensábamos que era una locura organizar un campamento para 120 niños porque nunca habíamos pasado de los 90 participantes, pero ha merecido completamente la pena», explica Iván Lucas Moreno, coordinador del campamento, para El Digital de Cuenca.
De la pandemia a una tradición del verano
Aunque esta ha sido la quinta edición del campamento urbano, la historia comenzó mucho antes. Desde 2013 la parroquia organizaba campamentos de verano fuera de Cuenca durante el mes de agosto. Sin embargo, la irrupción de la pandemia obligó a suspender aquel formato. En 2021 nació la idea de trasladar la experiencia al propio barrio. Lo que en un principio parecía una solución provisional terminó demostrando que respondía mejor a las necesidades de las familias y de la propia comunidad parroquial.
«Descubrimos que el campamento urbano tenía mucha mejor acogida. Los niños seguían vinculados a la parroquia después del curso y, además, conseguíamos dar mucha vida al barrio», señala Lucas Moreno. El cambio también permitió responder a una necesidad práctica. Las últimas semanas de junio, cuando el curso escolar termina, pero muchos padres continúan trabajando, el campamento ofrece un espacio educativo, seguro y de convivencia para decenas de familias.
Mucho más que un campamento
El éxito del proyecto no se mide únicamente por el número de participantes. Una de sus principales señas de identidad es la implicación del barrio. Comercios locales, la asociación de vecinos y numerosos colaboradores participan cada año en una iniciativa que trasciende las actividades infantiles para convertirse en una propuesta comunitaria.

Un ejemplo es el tradicional concurso de disfraces, abierto también a personas ajenas al campamento para fomentar la participación vecinal y recuperar el ambiente festivo de las calles.
Las veladas nocturnas constituyen otro de los momentos más especiales. Cada tarde, después de las actividades, los niños cenan en grupo y participan en juegos y representaciones hasta las once de la noche. Muchas familias se acercan entonces a la plaza para compartir el final de la jornada, generando un ambiente de convivencia que se extiende por todo el barrio. «Las veladas tienen muchísima acogida porque participan los padres y conseguimos que el barrio tenga vida también por la noche», destaca el coordinador.
Astérix y Obélix para hablar de la paz
Cada edición gira en torno a una temática diferente. Este año el universo de Astérix y Obélix ha servido como hilo conductor de todas las actividades. Gymkanas, representaciones, pruebas de ingenio y juegos recreaban la pequeña aldea gala, aunque el objetivo iba más allá de la diversión. «Siempre buscamos una historia que resulte atractiva para los niños y que también nos permita transmitir algún valor».
En un contexto internacional marcado por los conflictos, la organización quiso aprovechar las aventuras de los populares personajes para reflexionar sobre la importancia de la paz. «Queríamos transmitir que los cristianos no necesitamos luchar con la fuerza para vencer. Nuestra verdadera ‘poción mágica’ es el amor, porque con el amor y con la paz se consigue mucho más que con la guerra».
Sin perder nunca de vista que el objetivo principal es disfrutar. «No es un campamento de catequesis. Lo importante es que los niños jueguen, convivan, hagan amigos y se lo pasen bien. Los valores se transmiten sobre todo con el ejemplo y con las historias que viven durante la semana».

Seis días repletos de actividades
El programa ha combinado algunas de las propuestas más esperadas por los participantes con otras orientadas a conocer mejor la ciudad. No han faltado las tradicionales gymkanas por el barrio, los juegos de agua, la popular Noche del Terror o las veladas temáticas que cada año ponen el broche final a las jornadas.
Como es habitual, el grupo también salió fuera del barrio para descubrir otros espacios de Cuenca. En esta edición visitaron el casco antiguo para contemplar el videomapping de Luz Cuenca proyectado sobre la iglesia de San Miguel y posteriormente disfrutaron de una tarde en la playa artificial. «También intentamos que aprendan a valorar su ciudad y el medio ambiente».
Sesenta voluntarios para hacer posible una semana inolvidable
Si los niños son los protagonistas del campamento, detrás existe un importante trabajo que apenas se ve. Durante cerca de dos meses, los 60 monitores preparan actividades, decorados, juegos, materiales y toda la logística necesaria para que cada jornada funcione.
Muchos compatibilizan esta labor con sus estudios o con sus trabajos, incorporándose cuando terminan sus obligaciones laborales. «Todos se han dejado la piel para que el campamento saliera adelante.» Ese esfuerzo ha encontrado recompensa en el agradecimiento recibido durante toda la semana. «Hemos recibido muchas palabras de cariño por parte de las familias y de todas las personas que nos han acompañado estos días».
Mirando al próximo verano
Con el campamento recién terminado, la organización ya empieza a pensar en la próxima edición. Todavía no hay una temática definitiva, aunque una de las ideas que baraja el equipo gira en torno al universo de los superhéroes y Los Vengadores.

No sería la primera vez que cambian de opinión durante la preparación. «El año pasado pensábamos hacer una temática diferente y al final vimos que otra propuesta podía adaptarse mejor y resultar más atractiva para los niños.» La experiencia demuestra que el éxito del campamento no depende tanto del personaje elegido como de la ilusión con la que se prepara cada edición.
Cinco años después de su nacimiento, el Campamento Urbano de la Parroquia de Fuente del Oro ha dejado de ser una alternativa surgida por necesidad para convertirse en una cita imprescindible del verano conquense. Una semana de juegos, amistad y convivencia que cada junio vuelve a llenar de vida la Plaza Reina Sofía y que demuestra cómo el compromiso de decenas de voluntarios puede transformar un barrio entero.








