Lucía Martínez, una joven de 18 años de El Provencio, se ha convertido en un referente de excelencia académica en la provincia tras obtener la nota más alta de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) del año 2026 en el campus de Cuenca: un impresionante 13,925 sobre 14. Una calificación que no solo la sitúa en la cima del Campus de Cuenca, sino en el puesto 12 de toda Castilla-La Mancha. Además también pone el foco en una trayectoria marcada por la constancia, el esfuerzo y una organización metódica que, según ella, han sido las claves de su éxito.
La noticia: una sorpresa en plena graduación
Martínez recibió la noticia el pasado viernes 12 de junio, el mismo día de su graduación en el IES Fray Luis de León. «Mi hermana me dijo que teníamos que ver la nota juntas y hacer un vídeo reaccionando», relata con emoción. «Me esperé a que terminara el acto, nos fuimos a un rincón y cuando me dijo la nota total, no me lo podía creer». En un primer momento, aunque reconoce que salía satisfecha de los exámenes y esperaba un buen resultado, la cifra la sorprendió por completo: «Me esperaba buena nota, pero no sé, me dio la impresión de ver ahí eso tan alto».
Aunque salió muy contenta de los exámenes y esperaba un buen resultado, ver una cifra tan alta superó todas sus expectativas. «Aparte de la nota, lo que más feliz me ha hecho es ver a la gente de mi alrededor alegrarse por mí», confiesa en una entrevista con El Digital de Cuenca.
Frente al mito de que las notas excelentes se consiguen a base de pánico y encierro, la estudiante del IES Fray Luis de León abordó las pruebas con una templanza envidiable, tras superar el lógico bache de los minutos previos. «Al principio había muchos nervios, sobre todo los días previos; ese fin de semana fue un poco agobiante. Y el primer llamamiento, estar ahí una hora sentados esperando… pero empezaron a repartir los exámenes, los de delante dijeron que eran los de la opción del 98 y ya todos súper contentos. A partir de ahí se me fueron los nervios, vi que no era tan difícil como lo pintan», explica.
Tanto es así que su seguridad desconcertaba a su propia familia. «Yo salí muy contenta de todos. A mí me decían mis padres: ‘No te confíes, a ver si luego el corrector no te va a dar lo que esperabas o te has equivocado en algo’. Y yo decía: ‘Qué raro que salga contenta de todos los exámenes’. Luego ya vi las correcciones oficiales y comprobé que tenía la mayoría de las cosas bien».
La fórmula del éxito: organización y equilibrio
Para la joven, no hay trucos mágicos, sino una combinación de trabajo diario, constancia y una planificación realista. «Me hice un calendario con objetivos reales para no ir con la lengua fuera, pero intentando cumplir el máximo posible», explica. Aunque las semanas previas a la prueba intensificó las horas de estudio, nunca abandonó sus otras pasiones. Toca el clarinete en la banda de su pueblo, practica bádminton en el club local, asiste a clases de danza y se ha certificado con un nivel C1 de inglés. «Pienso que es un poco aburrido no salir de ahí, hay que hacer más actividades», afirma.
En este camino, el entorno ha sido clave. Al apoyo de sus profesores en el instituto se suma el calor del hogar. «Mis padres se han volcado, ambos son profesores, pero mi madre es de matemáticas. Como es una asignatura que llevaba este año y encima era la que más me ponderaba, se ha puesto un montón conmigo y me ha enseñado», agradece.
Su consejo para los estudiantes que se enfrentarán a la PAU el próximo año es claro: «Que confíen en ellos mismos. Si han trabajado duro, la PAU es un examen más».
Por eso, una vez superada la prueba, su valoración es mucho más tranquila de lo que cabría esperar.
“Yo sentí, y muchos compañeros míos también me lo dijeron, que no era para tanto. Te lo pintan como un examen súper difícil, también depende del año o de la dificultad, pero en verdad no es para tanto”.

Además, recomienda disciplina, como dejar el móvil fuera de la habitación de estudio, y sobre todo, entender que esta prueba no define su futuro. «Hay muchas maneras de acabar en lo que más te gusta. Si deseas algo con muchas ganas, lo vas a cumplir, cueste lo que cueste».
Lograr la mejor nota del campus de Cuenca y situarse entre las mejores calificaciones de Castilla-La Mancha supone para Lucía “un orgullo inmenso” y, sobre todo, una oportunidad para agradecer el apoyo recibido durante todos estos años. “Un gran agradecimiento también a mis familiares y amigos, sobre todo a mis padres y mi hermana”, señala.
La estudiante reconoce que detrás del 13,925 hay muchas horas de esfuerzo y también algunas renuncias. “La sensación de que el esfuerzo hecho durante todo el año y haberte privado de caprichos al final han tenido su recompensa”, explica. Por eso considera que el resultado obtenido es también la recompensa a la constancia mantenida durante todo el curso. “Mucha constancia y, sobre todo, esfuerzo diario y trabajo”, resume.
Un futuro en la Ingeniería Biomédica
El brillante expediente de Lucía le abre las puertas a su gran vocación, la Ingeniería Biomédica. Estudiará un Programa Académico de Recorrido Sucesivo (PARS) en la Universidad Politécnica de Madrid (UPM). Un trayecto que une de forma directa los cuatro años de grado con año y medio de máster.
Su interés por esta carrera nació en tercero de la ESO, gracias a una olimpiada de ciencias a la que le llevó un profesor. “Fue una casualidad. Un profesor de Física y Química nos llevó a una Olimpiada Científica. Quedamos en los primeros puestos de la región y nos llevaron a la fase nacional en Madrid. Allí nos enseñaron varias carreras innovadoras y nos presentaron la Ingeniería Biomédica. A mí me gustaba algo relacionado con la medicina, pero que no tuviera nada que ver con la sangre y que ayudara a los demás de una forma un poco más tecnológica: crear las máquinas que utilizan los médicos, los robots de las operaciones, las prótesis… Desde ese momento lo tuve muy claro», recuerda.
Afronta esta nueva etapa con ilusión, aunque consciente del reto que supone. «Sé que la carrera no es fácil. Mi meta es estar contenta con el proceso y no venirme abajo si los resultados no son como en bachillerato, porque el cambio es muy grande». Mientras se prepara para la mudanza a Madrid, que incluye «algún curso de cocina con la abuela», Martínez disfruta de un merecido descanso, aunque sin dejar de lado nuevos desafíos como los premios extraordinarios de bachillerato. Por delante le espera un verano muy especial en su pueblo, ya que este año además será reina de las fiestas de El Provencio.

De cara al próximo curso, Martínez afronta con ilusión su marcha a Madrid para comenzar sus estudios universitarios, aunque reconoce que también siente cierto respeto ante una experiencia completamente nueva y lejos de su casa. “Da un poco de cosa el hecho de estar viviendo luego sola, pero bueno, yo intentaré ir a mi pueblo los máximos fines posibles”, explica.
Entre las asignaturas pendientes antes de emprender esta nueva etapa hay una que no aparece en ningún plan de estudios: la cocina. Entre risas, admite que tendrá que mejorar sus habilidades entre fogones. «Tendré que hacer algún curso de cocina con mi abuela, porque de cocinar sé lo básico”, comenta la joven, que reconoce que en ese terreno todavía tiene mucho que aprender. «Eso sí que no saco matrícula de honor en la cocina, tendré que ponerme”.
Un ejemplo de esfuerzo y pasión
La historia de Lucía Martínez es un testimonio del valor del trabajo constante y la organización. Su éxito no es fruto de la casualidad, sino de años de dedicación equilibrados con una vida rica en aficiones y relaciones sociales. Su resultado en la PAU no solo es un logro personal, sino también un motivo de orgullo para su familia, sus profesores y su pueblo, El Provencio. Mientras se prepara para un verano lleno de celebraciones, su trayectoria inspira a futuras generaciones, demostrando que con esfuerzo, pasión y una estrategia clara, no hay meta inalcanzable.