Las obras de los remontes mecánicos al Casco Antiguo de Cuenca continúan avanzando en un entorno de alta complejidad técnica y patrimonial, condicionado por la necesidad de compatibilizar la ejecución del proyecto con la presencia de restos arqueológicos en la zona de actuación. Durante una visita este martes 9 de junio a los trabajos, los responsables del proyecto han informado de la evolución de las intervenciones y de las adaptaciones realizadas en el calendario de obra a raíz de las últimas incidencias detectadas en la excavación de la futura escalera 5.
Unas evidencias extraordinarias que apuntan a una catástrofe climática ocurrida en el siglo XV, capaz de haber destruido gran parte del histórico barrio de San Martín. Los hallazgos, que incluyen un posible nevero, superposiciones de suelos y más de cuatro metros de arrastres de barro, están obligando a reescribir capítulos desconocidos de la historia de la ciudad.
Un Yacimiento Cargado de Sorpresas
Durante los trabajos en la escalera cinco, el equipo arqueológico ha documentado varias estructuras de notable interés. Entre los elementos más destacados figura una gran cavidad circular identificada provisionalmente como un nevero: un pozo cerrado donde, según la tradición medieval, se almacenaba hielo y nieve traídos desde la sierra para la conservación de alimentos. La estructura se adentra en el predio colindante, por lo que su excavación completa queda pendiente. Así lo ha explicado el arqueólogo, Michel Muñoz, quien ha añadido que se trata de una estructura tipo pozo cuya función “es la que mejor encaja con lo que tenemos”

Junto al nevero se identificaron un muro cerrado y, especialmente relevantes, dos superposiciones de suelos que permiten leer distintas fases de ocupación del lugar.
La cerámica recuperada, mayoritariamente de Manises y Paterna, sitúa el estrato inferior en el siglo XV.
Cuatro Metros de Barro y Ningún Escombro
El dato más desconcertante para los investigadores ha sido la ausencia total de escombros en el perfil excavado. Bajo la escalera cinco se han registrado cuatro metros de barro con abundante fauna, restos de tablas de carnicería, huesos de cordero y cerámica, pero sin los derrumbes que cabría esperar si los edificios hubieran sido abandonados de manera ordinaria.
“Estamos hablando de arrastres de más de cuatro metros”, ha apuntado Muñoz, antes de añadir que “no tengo otra interpretación porque no creo que esto lo hayan convertido en escombrero”.

En la plataforma inferior sí aparecieron restos de una casa con suelos de yeso, ya desaparecidos por las condiciones de la obra y por su extrema fragilidad. La interpretación del arqueólogo responsable es contundente: los escombros no fueron retirados intencionalmente; simplemente, una avalancha de barro los engulló y borró antes de que pudiera producirse ningún proceso de selección o reutilización de materiales.
La Pista Documental: Las Lluvias de Todos los Santos de 1434
Para explicar este fenómeno, el equipo arqueológico recurrió a las fuentes escritas. La Crónica de Juan II recoge que desde el 29 de octubre de 1434 —dos días antes de la festividad de Todos los Santos, de ahí su nombre popular— hasta el 7 de enero de 1435 no cesó de llover en prácticamente toda la Corona de Castilla y Aragón. Se documentan desbordamientos en Sevilla, Madrid, Navarra, Zaragoza y Valladolid.
La conexión con Cuenca quedó confirmada gracias a un documento localizado en el archivo catedralicio: en 1435, el abad de una abadesa ya desaparecida a orillas del río Huécar solicitó una exención del pago de los 8.000 maravedíes anuales que debía, alegando que las grandes lluvias del año anterior se habían llevado uno de sus molinos. El documento, en palabras del arqueólogo, deja el vínculo “blanco y en botella”.
Un Siglo XV de Catástrofes Encadenadas
Los estratos documentados sugieren que el episodio de 1434–1435 no fue el único. Sobre los arrastres de barro originales se construyó un nuevo suelo, probablemente en un patio abierto, lo que indica que el nevero mantuvo cierta actividad después del desastre. Sin embargo, una segunda capa de barro acabó sellando definitivamente la zona.
En su intervención, Muñoz también subrayó la magnitud del fenómeno detectado: “Estamos en un desastre ecológico”, afirmó en referencia a la potencia de los depósitos de barro y su impacto sobre las estructuras previas.

El equipo sitúa este segundo episodio en algún momento entre 1480 y 1490, dentro de un siglo XV que las fuentes históricas ya describen como marcado por inviernos extraordinariamente fríos e inundaciones recurrentes.
La suma de estas catástrofes explicaría por qué el barrio de San Martín dejó de construirse tras la Edad Media y apareció, un siglo después, completamente ocupado por huertos cuando se levantó el acueducto de la Cueva del Fraile en respuesta a la superpoblación de la ciudad. La comunidad, al parecer, había aprendido la lección.
Una Historia Que Se Remonta al Siglo X
Los hallazgos de la escalera 5 se suman a los ya documentados en la escalera 3, donde se han identificado nuevos indicios que apuntan a una mayor extensión de la ciudad islámica de lo que se había planteado inicialmente.
En conjunto, la secuencia cronológica del barrio de San Martín se perfila de la siguiente manera:
- Siglo X: posible presencia de un gran edificio, interpretado como una almunia vinculada a los primeros momentos de la ciudad.
- Época taifa: el área podría haber estado ya ocupada como parte del desarrollo urbano del entorno.
- Siglos XIII y XIV: etapa de intensa actividad, con evidencias de uso ligado a la venta de ganado, presencia de tablas de carnicería vinculadas a la economía catedralicia, molinos asociados al Huécar y talleres artesanales relacionados con el trabajo del hueso y el cuerno —se recuperaron cerca de 240 cuernos de cabra y vaca.
- Siglo XV: continuidad del asentamiento hasta la aparición de potentes depósitos de arrastre que los arqueólogos relacionan con posibles episodios de inundaciones que habrían transformado el área.
El Dilema entre el Patrimonio y la Obra
El arqueólogo fue explícito sobre las limitaciones del proyecto: “O tenemos parque arqueológico o tenemos escaleras”. En ausencia de la posibilidad de exponer los restos al público en este momento, el objetivo prioritario es su conservación en el subsuelo. Entre las medidas ya adoptadas destaca el desmontaje y depósito de dos hiladas del muro califal localizado en la zona, a la espera de determinar su ubicación definitiva en función del avance de las obras.
Como propuestas de futuro, el equipo plantea la reconstrucción de una calzada pavimentada con losetas de toba que quedó sepultada bajo los barros, así como la posible instalación de vitrinas en las paredes de hormigón de la propia escalera para exponer piezas cerámicas y metálicas bajo la custodia del Museo Arqueológico Municipal.
Los hallazgos de la escalera cinco de Cuenca trascienden el interés local: evidencian cómo un episodio climático extremo —comparable, en términos actuales, a una DANA de gran intensidad— puede borrar del mapa un barrio entero y alterar el curso del desarrollo urbano durante siglos. Al cruzar la estratigrafía arqueológica con la documentación archivística, los investigadores han logrado anclar ese desastre a las lluvias de Todos los Santos de 1434, abriendo un capítulo hasta ahora ignorado en la historia de Cuenca que deberá incorporarse a los futuros manuales y monografías sobre la ciudad.