Ignacio Bermejo Sanz ha convertido su pasión por la historia local en un proyecto de largo recorrido: una colección de cuadernos con la que pretende rescatar la memoria de Cañamares. El primero de ellos, Los Gancheros de Cañamares, recupera la actividad maderera del río Escabas a través de documentos históricos, archivos y testimonios orales. Su objetivo, insiste, no es otro que evitar que ese pasado desaparezca.
Cada pueblo tiene su memoria
En conversación con El Digital de Cuenca, Bermejo Sanz explica que el origen del libro nace de una convicción personal. «Se habla mucho de los gancheros de Peralejos, de Poveda o de Taravilla, pero en Cañamares también hubo gancheros y también bajaba la madera por el río. Esa historia se estaba perdiendo y me parecía importante recuperarla para que la gente no la olvidara».
Más que publicar libros, su objetivo es otro: impedir que desaparezcan historias que durante siglos formaron parte de la identidad de Cañamares. «A mí me enorgullece que en mi pueblo también hubiera gancheros», reconoce. Ese sentimiento de pertenencia fue, en buena medida, el punto de partida de una investigación que lleva desarrollando desde hace décadas.
Habla de Cañamares con la misma pasión con la que un profesor explica una lección que conoce al detalle. No es casual. Durante toda la conversación transmite la sensación de que cada documento encontrado y cada historia recuperada forman parte también de su propia biografía.

Un ‘cuaderno’ para contar su historia
Aunque el trabajo tiene forma de publicación, su autor evita hablar de libro. «Yo lo llamo cuaderno porque son pocas páginas. No me interesa hacer un libro muy voluminoso ni muy extenso, sino algo que la gente pueda leer fácilmente». Su intención, insiste, no es elaborar obras académicas, sino acercar la historia al lector común con textos accesibles y divulgativos.
Archivos, investigación y memoria oral
El trabajo de Bermejo Sanz no se apoya únicamente en recuerdos. Durante más de veinte años ha recorrido archivos, consultado legajos, revisado censos, estudiado documentación administrativa y rastreado periódicos antiguos. Una tarea paciente y muchas veces silenciosa, desarrollada lejos de los focos y guiada únicamente por la curiosidad y el deseo de comprender mejor el pasado de su pueblo.
Una labor silenciosa que ahora comienza a tomar forma editorial. Las fuentes principales del cuaderno proceden del Archivo Histórico Provincial de Cuenca, el Archivo Histórico Nacional y prensa de época, además de entrevistas realizadas a antiguos trabajadores del río. Entre ellas destaca la conversación con uno de los últimos gancheros de Cañamares. Aquí aparece también un matiz importante del propio Bermejo: uno de sus abuelos fue ganchero, y esa memoria familiar contribuyó a despertar su interés desde joven por esta parte de la historia local.
La última maderada y el final de una época
Para el investigador, la memoria oral está prácticamente extinguida. «La memoria ya prácticamente se ha perdido. Lo que sabemos es porque nos lo contaron nuestros mayores o porque ha quedado reflejado en los documentos», señala.

Precisamente por eso considera que cada testimonio conservado y cada papel rescatado de un archivo tienen hoy un valor incalculable. La última maderada que descendió por el Escabas quedó detenida en Cañamares en 1936, coincidiendo con el inicio de la Guerra Civil. Mientras tanto, otra expedición que bajaba por el Tajo logró llegar hasta Aranjuez con dificultades. «La última maderada que bajó por el Escabas fue en 1936 y ya no pasó de Cañamares», recuerda el propio investigador, subrayando que ese momento marca el final de una época ya irrepetible.
El río, la madera y los conflictos
El cuaderno también recoge aspectos menos conocidos de esta actividad, como el funcionamiento de la presa de Cañamares o la llamada gola situada junto a ella, así como los conflictos entre maderistas durante el descenso de los troncos. Se trata de un sistema complejo que movilizaba a cientos de trabajadores y que fue clave en la economía de la zona durante siglos.
Un hallazgo clave en el archivo nacional
Uno de los documentos que más ha marcado a Bermejo Sanz apareció mientras investigaba la historia de la escuela y los maestros de Cañamares. El expediente narra cómo un maestro solicitó compatibilizar su plaza con la de sacristán para mejorar su salario. La administración lo rechazó alegando que el municipio superaba los 750 habitantes.
El docente replicó que el dato era incorrecto porque el día del censo coincidió con la presencia de las maderadas. «Decía que el pueblo tenía realmente cuatrocientos o quinientos habitantes, pero que aquel día había más de trescientas personas trabajando en el río». Para Bermejo, el valor del documento es doble: refleja las dificultades de los maestros rurales y la magnitud de la actividad maderera. «Más de trescientas personas bajando madera por el Escabas era prácticamente un ejército para aquella época».
Aún hoy recuerda ese hallazgo como uno de los momentos más gratificantes de sus investigaciones, porque en unas pocas páginas aparecían reflejadas al mismo tiempo la historia de la enseñanza y la de los gancheros.
Una colección para rescatar Cañamares
Los Gancheros de Cañamares es solo el primer volumen de una serie que el autor lleva años preparando. La colección nace vinculada a la declaración de la cultura ganchera como Patrimonio Cultural Inmaterial. El propio Bermejo explica que esa declaración fue clave para dar forma al proyecto, y que resultaba lógico comenzar la serie precisamente con los gancheros como protagonistas.

Nuevos cuadernos en camino
Los próximos volúmenes ya están avanzados. El segundo estará dedicado a las guerras carlistas y a la batalla del Puerto de Monsaete y el paraje de La Matanza (2 de mayo de 1874), un episodio con entre 30 y 50 muertos que pasó prácticamente desapercibido. Durante la entrevista, el autor se encontraba en El Escorial, donde había viajado para consultar una biblioteca y un museo privado especializados en carlismo para completar esta investigación.
Una muestra de que, incluso después de la jubilación, continúa recorriendo archivos, bibliotecas y centros de documentación en busca de nuevas pistas sobre la historia de la comarca. El tercer cuaderno abordará los cementerios de Cañamares, y el cuarto se centrará en la escuela y los maestros del municipio. «Llevo más de veinte años recorriendo archivos, consultando periódicos antiguos y recopilando documentación. Ahora ha llegado el momento de compartirla».
Un pueblo sin grandes monumentos, pero con historia
Bermejo reivindica la importancia de la historia local frente a la idea de que solo los grandes monumentos tienen valor patrimonial. Las primeras referencias de Cañamares se remontan al siglo XII, y el investigador mantiene abierta la hipótesis de que su incorporación a la Castilla cristiana pudo producirse antes de la conquista de Cuenca en 1177.
También recuerda la presencia histórica de los Caballeros de la Sierra en la zona. Pero su interés va más allá de las grandes fechas. Se detiene en nombres, parajes y elementos del paisaje que guardan historias olvidadas, como el Tejar del Tío Lindo o los antiguos parajes y topónimos del municipio. «Detrás de cada paraje y de cada nombre hay una historia». Y es precisamente ahí donde Bermejo pone el foco: en esas pequeñas historias que rara vez aparecen en los grandes libros, pero que ayudan a comprender cómo vivieron generaciones enteras de vecinos.
Figuras olvidadas
Entre sus próximos trabajos figura una biografía de Gonzalo González de Cañamares, clérigo del que destaca su relevancia histórica: fundador de la Capilla del Socorro en la Catedral de Cuenca, vinculado a las Casas Colgadas y promotor del Colegio Monte Olivete de Salamanca. Bermejo considera que probablemente se trate de una de las figuras más relevantes nacidas en la localidad y lamenta que siga siendo un gran desconocido para buena parte de la población.
Autoedición y difusión
Tras no recibir respuesta institucional a su proyecto, Bermejo decidió autoeditar el cuaderno. Los ejemplares cuentan con depósito legal y han sido enviados a la Biblioteca Nacional, la Biblioteca de Castilla-La Mancha, la Biblioteca Pública Fermín Caballero de Cuenca y la Biblioteca Pública de Cañamares.
También explica que incluso se dirigió a la Junta de Comunidades para presentar el proyecto vinculado a la declaración de la cultura ganchera como patrimonio, pero no obtuvo respuesta, lo que terminó por reforzar su decisión de seguir adelante por su cuenta. Para el autor, este paso es esencial para garantizar la conservación del trabajo. Más allá de la venta de ejemplares, le preocupa especialmente que las investigaciones queden depositadas en instituciones públicas para que puedan ser consultadas dentro de muchos años. «Cada pueblo tiene su memoria».
Presentación en verano
El objetivo ahora es presentar la colección en Cañamares durante el verano, coincidiendo con las fiestas locales y la llegada de vecinos al municipio. Será la puesta de largo de un proyecto que, más que una serie de publicaciones se ha convertido en una forma de preservar la identidad de un pueblo. Quienes ya han leído el cuaderno encuentran en sus páginas recuerdos de una forma de vida desaparecida. Los más mayores recuperan escenas que escucharon contar en casa y los más jóvenes descubren una parte de la historia local que apenas conocían.
Después de décadas de investigación, Ignacio Bermejo Sanz resume su trabajo en una idea sencilla:
«Mi interés es que no se olvide». Una frase sencilla, pronunciada sin grandilocuencia, pero que resume décadas de trabajo entre archivos, bibliotecas y conversaciones con vecinos.
Y añade una reflexión que atraviesa toda su obra: «Aunque no tengamos castillos, fortalezas ni palacios, tenemos una historia detrás. Y esa historia merece la pena conocerla para que no se pierda».
