La tranquilidad de la madrugada en Cuenca se vio interrumpida una vez más por el sonido de cristales rotos y una alarma de seguridad. A las cinco de la mañana de este viernes 5 de mayo, Eduard Pérez, propietario del bar La Alquimia ubicado en la calle Federico García Lorca número 3, recibió la llamada que ningún hostelero quiere oír: su negocio estaba siendo asaltado. Es la segunda vez que sufre un intento de robo en un mes, una situación que, según afirma, se ha vuelto «muy pesada» y ha generado una profunda sensación de inseguridad entre los comerciantes locales.
«La primera vez no lograron entrar, pero esta vez han ido directos», lamenta Pérez. Los asaltantes, conocedores del lugar, forzaron una entrada secundaria y, en una operación que duró «apenas 15 segundos», se llevaron la caja registradora. El botín era mínimo, menos de 150 euros en cambio para el día siguiente, pero los daños materiales son considerables.
Un «modus operandi» conocido
El método utilizado, conocido como el «método de la alcantarilla», se ha vuelto tristemente familiar en la ciudad. Los ladrones utilizan una tapa de alcantarillado para reventar los cristales de los establecimientos y acceder rápidamente a su interior. «Vi en las cámaras cómo un tipo con una alcantarilla rompía una parte del cristal. Entró una persona más baja, cogió la caja, quitó los cables y se fue tranquilamente, sin prisa», detalla el propietario.
Según el testimonio de una vecina a la policía, los asaltantes eran dos: mientras uno ejecutaba el robo, el otro esperaba fuera con un patinete para garantizar una huida rápida. Este mismo patrón se ha repetido en otros negocios de la capitales semanas anteriores y recientemente, ha sufrido también robos en la misma zona una una copistería, lo que evidencia una preocupante oleada de criminalidad en la zona.
Frustración ante la falta de consecuencias
La indignación de los afectados crece al constatar que los presuntos autores son reincidentes y conocidos por las autoridades. «Me parece una falta de respeto que con lo que está pasando en Cuenca, siempre sea la misma persona», critica Pérez. «Le pregunté a un policía si sabían quién había sido y me confirmó que sí, con nombre y apellidos. El mes pasado ya sabía quién era. Los encierran y luego salen, y es todo lo mismo».
Esta percepción de impunidad es lo que genera mayor impotencia. A pesar de los esfuerzos policiales, que acudieron rápidamente al lugar de los hechos, el ciclo de detención y puesta en libertad parece no disuadir a los delincuentes. «La seguridad que siento es muy poca», admite el hostelero, quien ahora se ve forzado a tomar medidas adicionales.
La solución: más seguridad a costa del comerciante
Ante la facilidad con la que los ladrones han actuado, Pérez ha decidido instalar una verja metálica en su local. «Me va a costar miles de euros, y evidentemente eso no lo cubre el seguro», explica. «No puedo estar cada mes con que me entren a robar, pasando un día sin dormir y lidiando con los destrozos».
El problema, insiste, no es tanto el dinero sustraído, sino el coste de las reparaciones y la inseguridad constante. «El seguro tiene un cupo. Una vale, dos vale, pero a la tercera me va a tocar pagarlo a mí, y el cristal reforzado no es barato».
Tras el suceso, Pérez reabrió su establecimiento el mismo día, decidido a no dejar que la situación paralice su actividad. Sin embargo, esta misma tarde tiene previsto formalizar la denuncia, con la esperanza de que esta vez sirva para poner fin a una espiral delictiva que tiene en vilo a los comerciantes de Cuenca.