En un emotivo acto celebrado este 31 de mayo de 2026 en la ciudad de Cuenca, la periodista Sara Carbonero ha sido galardonada con la Medalla de Oro de Castilla-La Mancha. Ante autoridades, familiares y ciudadanos, Carbonero ofreció un discurso cargado de sentimiento, donde el amor por su tierra, el recuerdo de su infancia en Corral de Almaguer (Toledo) y un sentido homenaje a su madre fueron los protagonistas.
«Quizá es el premio que más ilusión me haga de toda mi trayectoria», confesó al inicio de su intervención, tras agradecer al presidente Emiliano García-Page y al Consejo de Gobierno la concesión del reconocimiento. Para ella, el galardón simboliza el profundo vínculo que comparte con el resto de premiados: «el profundo amor que sentimos por nuestra tierra», desmontando así «aquel mito de que nadie es profeta en ella».
Raíces y Alas: El Legado de Corral de Almaguer
Carbonero articuló su discurso en torno a la metáfora de las «raíces y alas» como el mejor legado familiar. Sus raíces, «muy fuertes», se hunden en su pueblo, Corral de Almaguer, un lugar que describió como «un refugio seguro, el sitio de mi recreo». La periodista evocó con nostalgia recuerdos vívidos de su infancia, desde las mañanas de vendimia en el tractor de su abuelo hasta los trayectos al colegio público Nuestra Señora de la Muela de la mano de su abuela.
Relató también su juventud, marcada por una activa participación en la vida cultural del pueblo, tocando el laúd y la bandurria, y su paso por el instituto «La Besana», cuyo nombre —»el primer surco que se abre en la tierra al empezar a arar»— lleva implícito el simbolismo del inicio y el esfuerzo. «Te vas, pero algo se queda para siempre, y en cada paso y en cada aventura sigue intacta la huella de Corral y de su gente», afirmó, reconociendo la dificultad de partir a los 18 años para perseguir sus sueños.
El Carácter Manchego: Dignidad y Resistencia
La periodista profundizó en la identidad de su región, citando a poetas como Eladio Cabañero y León Felipe para ilustrar el alma de Castilla-La Mancha. Sin embargo, recurrió a Miguel de Cervantes y su descripción de Don Quijote para definir el carácter de sus gentes: «una tierra austera, seca, abierta y llena de personas acostumbradas a resistir».
Subrayó que la literatura manchega exalta «la dignidad de la gente corriente en una tierra dura», una poesía que no habla de paisajes grandiosos, sino de «horizontes infinitos, del viñedo, de las encinas, del polvo de los caminos y de la tenacidad de quienes viven allí». Esta capacidad de seguir adelante, «incluso cuando estamos derrotados», es para Carbonero una de las esencias del espíritu manchego.
Un Homenaje a la Fortaleza y el Amor Incondicional
El momento más conmovedor del discurso llegó cuando la periodista dedicó el premio. Reveló que la noticia del galardón coincidió con los últimos días de vida de su madre, convirtiéndose en su última conversación. «Ella sonrió, orgullosa, como siempre, porque ella es la responsable de que yo sea la persona que soy», expresó con la voz entrecortada.
«Este premio llega en un momento muy difícil de mi vida, pero quizá sea una señal para mostrarme que siempre hay motivos para seguir», reflexionó, encontrando fuerza en el cariño de la gente y el orgullo de su familia. Agradeció a sus hijos, a su pareja, a su hermana y a sus amigos por ser pilares fundamentales en su vida.
Finalmente, con una emoción que contagió a los presentes, dedicó el mayor reconocimiento a su madre: «Sin duda, el trozo más grande de medalla es para ella, es para mi mami, porque sin ella yo no sería nada». Concluyó su intervención con una poderosa referencia literaria, imaginando a su madre sonriendo «quizá desde un lugar de La Mancha de cuyo nombre siempre quiero acordarme».