El exfutbolista internacional Fernando Morientes ha recibido este domingo la Medalla de Oro de Castilla-La Mancha en un emotivo acto celebrado en Cuenca. En su discurso de agradecimiento, Morientes ha reivindicado sus profundas raíces en la región, donde pasó su infancia y dio sus primeros pasos en el fútbol, y ha dedicado el galardón a su familia y a todos los que creen en «el trabajo diario y la humildad».
De Sonseca a la élite del fútbol
En una intervención cargada de emoción, Fernando Morientes, visiblemente conmovido, ha comenzado su discurso agradeciendo «de corazón» el reconocimiento. «Siento el cariño de una tierra que considero también mía», ha afirmado. Aunque nacido en Extremadura, Morientes ha recordado su llegada a Sonseca (Toledo) con apenas cinco años, cuando su familia se instaló en la casa cuartel de la Guardia Civil.
«Allí crecí. Allí aprendí lo que significa el esfuerzo, el sacrificio, el compañerismo y el trabajo en equipo», ha relatado. «Esos guardias civiles, sin ellos saberlo, me estaban educando en valores que me han acompañado toda mi vida dentro y fuera del fútbol».
Durante su intervención, el exfutbolista recordó sus orígenes extremeños, aunque reivindicó su estrecha vinculación con Castilla-La Mancha. “Nací en Extremadura. Allí aprendí mis primeras lecciones de vida, allí están mis raíces, pero mi corazón también pertenece a Castilla-La Mancha”.
Sus inicios en el deporte rey también están ligados a la comunidad. Primero, en las calles de Sonseca con sus amigos de la infancia, y más tarde en Albacete, «ya siendo un adolescente con nuevos amigos y entrenadores que afortunadamente siempre me llevaron por el camino correcto». Para Morientes, Castilla-La Mancha «ha dejado de ser solamente un sitio en el mapa» para convertirse en «un hogar».
Un homenaje a la familia y los valores
El discurso de Morientes ha tenido un profundo carácter personal, dedicando gran parte de sus palabras a sus seres queridos. Ha agradecido a sus padres el haberle enseñado «el valor del esfuerzo mucho antes de que llegaran los estadios llenos» y ha compartido un lema paterno que le ha guiado siempre: «Fernando, la seriedad y la formalidad, a la larga siempre se imponen».
También ha tenido palabras para sus hermanos, José Alberto y Carlos, y para sus cuatro hijos, a quienes ha calificado como «el mayor regalo» de su vida, ausentándose una de ellas, Martina, por encontrarse estudiando para la EBAU. «Ojalá esta medalla os sirva algún día para entender que los sueños se pueden cumplir, sí, pero nunca se consiguen solos. Siempre hay una familia detrás sosteniéndote», ha expresado.
Un momento especialmente emotivo ha llegado al hablar de su esposa, Victoria. «Gracias, amor», ha dicho conteniendo las lágrimas, «porque las carreras deportivas tienen focos y aplausos, pero también tienen muchas ausencias, mucha presión y noches difíciles. Tú has estado ahí en todas ellas». La ha definido como su «equilibrio, refugio y gran verdad», afirmando que sin ella «hubiese sido imposible».
Compromiso con la región
Para concluir, Fernando Morientes ha asumido el compromiso de «seguir llevando con orgullo el nombre de esta comunidad allá donde vaya». El exfutbolista, que ha forjado una legendaria carrera pasando por clubes como el Real Zaragoza, Real Madrid o AS Mónaco, Liverpool, Valencia, Olympique de Marsella y paso por la Selección Española, ha cerrado su intervención reafirmando su vínculo con la tierra que le ha otorgado su máxima distinción. «Gracias, Castilla-La Mancha, por este inmenso honor. ¡Viva Castilla-La Mancha!», ha finalizado.