La Hermandad del Huerto de Cuenca rinde homenaje a sus hermanos más veteranos

La Venerable Hermandad de Jesús Orando en el Huerto reconoce en la Junta General de mayo a los cofrades más antiguos, algunos de ellos a título póstumo, en un acto cargado de memoria y gratitud

La emoción volvió a abrirse paso entre abrazos, aplausos y recuerdos en la Junta General ordinaria de mayo de la Venerable Hermandad de Jesús Orando en el Huerto de San Esteban. La Hermandad hortelana conquense rindió homenaje este sábado a varios de sus hermanos más antiguos, cumpliendo así con una tradición aprobada hace ya dos décadas y que se ha convertido en uno de los momentos más humanos y sentidos del calendario interno de la hermandad.

Un acuerdo nacido del reconocimiento

Fue en la Junta General celebrada el 8 de mayo de 2005 cuando, bajo la presidencia de los Hermanos Mayores voluntarios Félix González Martínez Miranzos y María Carmen Martínez Pérez, la directiva propuso instaurar un reconocimiento anual a los hermanos de mayor antigüedad inscritos en el libro registro general de la hermandad. La propuesta salió adelante por unanimidad.

Desde entonces, cada mes de mayo la hermandad distingue a quienes han sostenido durante décadas la vida de la cofradía, tanto desde el anonimato cotidiano como desde la fidelidad silenciosa que caracteriza a tantas generaciones de nazarenos conquenses.

Una medalla y un recuerdo imborrable

El homenaje consiste en la entrega de una medalla con la cruz aguzada de la hermandad y un diploma acreditativo de reconocimiento y gratitud, diseñado por el hermano Antonio Abarca Contreras. En esta edición, los homenajeados fueron los hermanos Hernansaiz Lucena, Santos Escudero, Álvarez Bel, Julio Martínez Amor y Jesús Beleña. Algunos de los reconocimientos tuvieron un inevitable componente emotivo al concederse a título póstumo, como en el caso del hermano José Miguel Hernansaiz Lucena, cuyo homenaje fue recogido por sus familiares.

Los detalles fueron entregados por los Hermanos Mayores del presente curso, Pedro José Hidalgo y Jairo Romero, en un acto celebrado en la Sala Luis Marco Pérez del Museo de la Semana Santa de Cuenca.

La memoria que sostiene las hermandades

Más allá del protocolo, el homenaje volvió a poner rostro a una realidad que en Cuenca adquiere un significado especial: las hermandades no solo desfilan en Semana Santa, también conservan la memoria colectiva de generaciones enteras. Cada medalla entregada resumía años de túnicas, reuniones, desvelos, procesiones y devoción compartida. También el legado de quienes ya no están, pero continúan formando parte de la historia íntima de la hermandad.

Porque en la Semana Santa conquense, tan importante como avanzar es recordar quién abrió antes el camino.

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