A escasos momentos de hacer el paseíllo histórico por el Puente de San Pablo junto a toreros locales para participar en la primera clase práctica de toreo de salón en la Plaza de Ronda, El Digital de Cuenca conversa con Jesús Romero, novillero con picadores vinculado a Almonacid del Marquesado, apenas unos días después de su presentación en la plaza de toros de Las Ventas el pasado 12 de abril.
De cuna taurina a vocación temprana
«Mis inicios vienen a través de mi padre, que fue matador de toros en Alcalá de Henares», explica Romero con naturalidad. La tauromaquia no le fue ajena desde niño: «Siempre lo he tenido en casa, he vivido con esa referencia y al final me fue picando el gusanillo». A los 13 años dio el paso decisivo al ingresar en la escuela taurina de Guadalajara. «Allí me acogieron el director José Antonio Cid y los maestros Curro de la Rosa y Ángel Puerta. Ahí empezó mi andadura taurina», recuerda.
Una etapa sin caballos marcada por triunfos
Su crecimiento fue progresivo, forjado en clases prácticas y festejos en provincias como Guadalajara y Cuenca, territorios que el propio torero reconoce como fundamentales en su carrera. «Han sido las que más me han apoyado en mi corta trayectoria».
El 17 de agosto de 2016 debutó sin picadores en Brihuega con una novillada de Cebada. A partir de ahí llegaron los certámenes: finalista en Promesas de Nuestra Tierra, triunfador del Jamón de Oro en Francia en su presentación sin caballos y vencedor del Certamen Internacional de Escuelas Taurinas de Málaga, donde destacó con una novillada de Santiago Domecq. «Cogí un gran ambiente como novillero sin caballos», resume.

El difícil salto con picadores
El paso a la siguiente etapa no fue sencillo. «Cuando debuté con picadores el 7 de mayo en Horche, en Guadalajara, todo se paralizó un poco. Es un cambio duro». Romero no esquiva la realidad del escalafón: «Falta de oportunidades, y mentalizarte para estar preparado, aunque no haya contratos, es complicado». Aun así, subraya el apoyo recibido: «En Guadalajara y Almonacid han contado conmigo y eso me ha permitido mantenerme activo».
Almonacid, raíz y sentimiento
Su vínculo con Almonacid del Marquesado es familiar y emocional. «Mi abuelo materno es de allí y siempre hemos tenido casa. Hemos pasado los veranos y las fiestas en el pueblo». Cuando se le pregunta si siente el respaldo del municipio como «su torero», responde con humildad: «Queda mucho trabajo, pero me gustaría que Almonacid tuviera una figura del toreo».
Madrid: el sueño cumplido
Su reciente presentación en Las Ventas marca un punto de inflexión. «Fue un día muy bonito. No llegó el triunfo soñado, pero pude demostrar mi concepto y dejar mi impronta para que el aficionado quiera volver a verme». El significado de pisar el ruedo madrileño es claro: «Es lo más bonito que puede vivir un torero. Son sensaciones únicas e irrepetibles». La novillada, sin embargo, no acompañó. «Fue dura, no dio opción al triunfo, pero los novilleros tenemos que dar la cara. Creo que tanto mis compañeros como yo lo hicimos».

Preparación sin descanso
A día de hoy, Romero no tiene contratos cerrados, pero mantiene intacta la disciplina. «Entreno todos los días como si fuera a torear en Madrid». Su preparación se desarrolla en Arganda del Rey junto al maestro César del Puerto, en una rutina marcada por la constancia y la fe en la oportunidad.
La ilusión de los más jóvenes
Su presencia reciente en la primera clase de toreo de salón en Cuenca le dejó una huella especial. «Fue una sorpresa que contaran conmigo. Y la mañana fue muy bonita, sobre todo por los niños. Verlos disfrutar transmite mucha felicidad». En un contexto donde la tauromaquia genera debate, Romero se muestra claro: «Solo hay que ver esas imágenes. La afición está viva y el relevo generacional es real».
Mirando a San Julián
Con la vista puesta en el calendario, el torero no oculta su deseo de estar en la Feria de San Julián. «Sería un orgullo presentarme en la misma temporada en Madrid, Francia y en mi tierra, Cuenca. Pero eso depende del empresario».
Un concepto clásico
Romero se define con precisión: «Soy un torero clásico, de corte vertical, que busca el arte sin olvidar lo fundamental: pasarse el toro cerca y torear bien». Entre sus referentes, uno destaca por encima del resto: «Salvando las distancias, mi espejo es Morante de la Puebla. Para mí es el mejor y lo está demostrando».

Epílogo: la espera activa
Jesús Romero se encuentra en ese punto delicado en el que el talento ya ha sido mostrado, pero aún espera consolidarse en el circuito. Sin contratos inmediatos, pero con la determinación intacta, su día a día transcurre entre entrenamientos y la esperanza de una nueva oportunidad.
A orillas del Huécar, antes de cruzar el Puente de San Pablo rumbo a un paseíllo simbólico junto a los suyos, el novillero mira al futuro con serenidad. Sabe que el camino es largo, pero también que cada paso —como el dado en Las Ventas— deja una huella imborrable en su historia.
