Coches clásicos en Cuenca: una afición que crece y se rejuvenece

Un viaje al pasado a través de motores que rugen con nostalgia. Los coches clásicos, lejos de ser reliquias olvidadas, viven una segunda juventud en Cuenca. Clubes como ‘Clásicos de Cuenca’ no solo preservan estas joyas automovilísticas, sino que cultivan una comunidad unida por el amor a lo retro. ¿Qué hay detrás de esta afición en auge? ¿Cómo ha evolucionado y qué define a los apasionados que mantienen viva la historia del automovilismo en la provincia?

Los Guardianes del Legado Automovilístico

El ‘Club Clásicos de Cuenca’ nació formalmente en 1996, aunque sus orígenes se remontan a actividades esporádicas desde 1992. Hoy en día, lo integran 66 socios, una cifra que, aunque inferior a los 150 que llegó a tener en épocas de bonificaciones fiscales, representa un núcleo de verdaderos entusiastas. Jesús Jiménez Sanz, su actual presidente, explica que la afición es el verdadero motor del club.

Para Jiménez, la fascinación por el motor no es algo que se pueda explicar fácilmente con lógica, sino que es una pulsión que lo acompaña desde los ocho años. «Todo lo que lleve ruedas, sea bici, moto o coche, me ha gustado siempre. Y los clásicos siempre me han llamado mucho la atención», confiesa el presidente del club, quien dio sus primeros pasos en este mundo con un emblemático Volkswagen Escarabajo. 

Para él, la mística del coche antiguo no entiende de estatus ni de prestaciones modernas; es una cuestión de sensaciones puras y fidelidad a la historia. 

Foto: Coches Clásicos/ cedida

Como él mismo asegura, el placer de conducir una pieza que ha superado el cuarto de siglo de vida es incomparable: «Cualquier coche que tenga más de 25 o 30 años, si me dejas que me dé una vuelta, disfruto como al que le dejan un Ferrari último modelo».

Entre los socios conviven vehículos de todo tipo. «Hay desde vehículos normalitos, pues el típico Seat 600, 127, Simca 1000, R8, todo ese tipo de coches, hasta coches de 1930, 40, 50», detalla Jiménez. La colección abarca marcas como Cadillac, Mercedes o Morgan, ofreciendo un amplio espectro de la historia del automóvil, con ejemplares americanos, británicos y alemanes que atraen todas las miradas.

Foto: Coches Clásicos/ cedida

Dentro del club existe al menos un referente con 17 vehículos, la mayoría de las décadas de 1930 a 1950, lo que ilustra la amplitud y el compromiso de algunos socios con la conservación histórica.

El fenómeno SEAT 600: El sueño de la clase media

Hablar de esta pasión en Cuenca es, inevitablemente, rendir pleitesía al modelo que lo cambió todo: el SEAT 600. Su aparición no fue un simple lanzamiento comercial; fue el inicio de la motorización de masas y el símbolo del desarrollo económico de los años 60 en España.

Foto: Seat 600/ Seat Coches Históricos

Antes de su llegada, el papel de vehículo familiar solía desempeñarlo una moto con sidecar. El 600 permitió que las familias de clase media hicieran realidad el sueño de la propiedad. Era un coche con mayúsculas dentro de su relativa modestia: ofrecía puertas que cerraban, ventanillas que subían, cuatro asientos e incluso calefacción.

Foto: Coches Clásicos/ cedida

Este pequeño gigante contribuyó a mejorar las condiciones de vida de gran parte de la población, otorgando una movilidad e independencia que hasta entonces eran lujos inalcanzables. La demanda fue tal que, en 1958, la producción se multiplicó por seis para intentar acortar listas de espera que superaban los dos años.

El Motor de la Nostalgia y la Camaradería

¿Qué impulsa esta pasión? Para muchos, las raíces son sentimentales. «Hay gente a la que la pasión le viene porque a lo mejor tiene un referente que el coche fue de su padre o de su abuelo», comenta el presidente. Otros buscan cumplir un sueño de juventud, adquiriendo el modelo que siempre desearon.

Foto: Coches Clásicos/ cedida

Jiménez comparte una anécdota reveladora: «Hay una persona que me contrató el dos caballos para su boda, porque cuando conoció a su mujer, él le robaba el coche a su padre, un dos caballos, para ir a recogerla».

Foto: Coches Clásicos/ cedida

Más allá del valor individual de cada vehículo, el club fomenta un fuerte sentido de comunidad. No se trata solo de exponer coches, sino de compartir una afición, organizar rutas y crear lazos. «Sobre todo el ambiente de camaradería y relacionarte con gente que tiene tu misma pasión», subraya Jiménez. Estos encuentros son el caldo de cultivo de amistades forjadas entre rutas y conversaciones sobre mecánica y recuerdos.

Un Interés en Pleno Auge que Reúne a Generaciones

Lejos de ser una afición de nicho, el interés por los coches clásicos es «muchísimo», según Jiménez. En las concentraciones que organizan, la gente se agolpa para admirar los vehículos. «La gente saca el móvil y se pone al lado de cada uno, es que es una foto, sobre todo los que son más espectaculares», afirma. Para las generaciones más jóvenes, es una oportunidad única de ver en persona modelos que marcaron una época y que contrastan enormemente con los diseños actuales.

Foto: Coches Clásicos/ cedida

Este «boom» ha revalorizado vehículos que antes acababan en el desguace. El presidente del club lo atribuye, en parte, al aumento del poder adquisitivo general. Lo que antes era un lujo, hoy es un hobby más accesible. Este fenómeno ha hecho que la afición crezca y se rejuvenezca. «Antes había poquitos, la mayoría eran gente pues de 50 o 60 años, o más incluso, pero ahora ya están entrando sangre nueva con 22, 25 o 30 años», confirma.

Foto: Coches Clásicos/ cedida

La influencia de series de televisión como ‘Cuéntame’, que recrean épocas pasadas con sus vehículos correspondientes, también ayuda a despertar la curiosidad de los más jóvenes.

Foto: Coches Clásicos/ cedida

Contrariamente a lo que se podría pensar, mantener un coche clásico no es una misión imposible. La afición ha crecido tanto que ha generado un mercado a su alrededor. «Curiosamente, últimamente es más fácil encontrar piezas», explica Jiménez. Internet ha abierto un abanico global de posibilidades, y han surgido «casas especializadas que se dedican a fabricar piezas exclusivamente para vehículos históricos».

Cuenca, Territorio Clásico

La provincia de Cuenca cuenta con una decena de clubes de coches clásicos, manteniendo una estrecha relación entre ellos. «Tenemos relación con otros clubs de pueblos de la provincia, incluso de otras ciudades como Madrid y Albacete», explica Jiménez. Clubes como el de Tarancón y el de la capital destacan por su trayectoria y capacidad de convocatoria.

Foto: Coches Clásicos/ cedida

Esta red de aficionados demuestra que la pasión por los coches clásicos está más viva que nunca. Es una afición que une nostalgia, mecánica y, sobre todo, historias personales.

Foto: Coches Clásicos/ cedida

Cada coche es un capítulo de la vida de alguien, un recuerdo sobre ruedas que, gracias a estos clubes, sigue recorriendo las carreteras, demostrando que algunos amores, como el de los coches clásicos, son para toda la vida.

Un fenómeno vertebrador de la provincia

El impacto de los coches clásicos trasciende lo privado para convertirse en un activo turístico. Las rutas organizadas por los clubes no solo sirven para «airear» los motores, sino que dinamizan la hostelería de los pueblos de la provincia. Cuando una caravana de coches históricos atraviesa una localidad, el tiempo se detiene y la economía local se activa.

La camaradería es el otro gran motor. «Se han hecho amigos a través de coincidir en las rutas», dice Jesús. Esa red de afectos, tejida en torno a una pasión común, es lo que mantiene viva la llama en Cuenca, una provincia que ha sabido conservar su patrimonio rodante frente a las modas pasajeras.

Ricardo Vega

Conquense de adopción. Graduado en periodismo por la Universidad de Castilla-La Mancha y con experiencia en medios como CMM, Agencia EFE y Las Noticias de Cuenca.
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