En una zona de la provincia de Cuenca, un hito de la hostelería rural llega a su fin. Tras décadas de dedicación, esfuerzo y pasión termina su camino profesional. Su historia no solo refleja la perseverancia de un negocio familiar que sobrevivió a crisis y cambios de tráfico, sino también el ejemplo de una mujer emprendedora que ha dejado huella en la España rural.
Rocío Moreno Valle, la emblemática gerente de Casa Rocío Pepe II en Graja de Iniesta, inició su jubilación a partir del 1 de abril, poniendo fin a una trayectoria de más de medio siglo dedicada en cuerpo y alma a la hostelería. Su historia no es solo la de un negocio familiar que ha superado crisis y desafíos, sino también la de una mujer emprendedora que se abrió camino en la España rural.
El inicio de una saga familiar
La historia de Casa Rocío se remonta a 1960, cuando los padres de Rocío Moreno iniciaron su andadura en el mundo de la restauración. «Mis padres empezaron en el 60, que fue cuando nací yo», recuerda Rocío. Aunque intentó alejarse del sacrificado mundo hostelero tras casarse, su pasión la hizo volver al cabo de un año. «A mí la hostelería es que me ha encantado siempre», confiesa. Desde 1973, con tan solo trece años, se convirtió en la mano derecha de su padre, dedicando desde entonces su vida al negocio familiar. En definitiva, resume que el establecimiento ha sido su «vida entera, con sus luces y sus sombras».
El restaurante, ubicado en la antigua Carretera Nacional III (Madrid-Valencia), ha sido testigo de la evolución del país, operando de manera ininterrumpida y siendo un pilar para la comunidad y los viajeros. «Hasta hace bien pocos años no cerrábamos ni en vacaciones», señala, destacando la dedicación absoluta de su familia.
Superando las adversidades: De la autovía a la crisis de 2008
La supervivencia de Casa Rocío no ha estado exenta de obstáculos. Dos momentos críticos pusieron a prueba la resiliencia del negocio. El primero fue la inauguración de la autovía A-3 (Autovía del Este), que desvió el tráfico de la carretera nacional. «Pasamos de tener una cantidad de trabajo inmenso a ver que a tu restaurante no entra nadie. Fue una tristeza enorme», rememora Rocío. Mientras el 90% de los bares de carretera de la zona cerraban, ellos aguantaron gracias a la confianza en su clientela fiel. «Confiamos en que esa clientela iba a volver. Y aunque costó muchísimo, al final lo logramos».

El segundo gran golpe fue la crisis económica de 2008. «Se llevó lo que teníamos y lo que no teníamos también, porque fue una crisis horrorosa», admite. Sin embargo, una vez más, lograron sobreponerse, consolidando una clientela que valora la comida casera y el trato cercano, señas de identidad de la casa.
Un referente de emprendimiento femenino en la España rural
La trayectoria de Rocío Moreno es también un ejemplo de superación y emprendimiento femenino. En una época y un sector tradicionalmente dominados por hombres, tuvo que demostrar su valía con el doble de esfuerzo. «Para la mujer era todo más difícil. Tenías que demostrar por narices que valías para que confiaran en ti», explica. Su perseverancia no solo sacó adelante el negocio, sino que también le valió múltiples reconocimientos, como el premio a la mujer emprendedora de la Asociación de Mujeres de Manchuela y a nivel de Castilla-La Mancha. En 2006, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación galardonó a Casa Rocío como el «mejor restaurante de ámbito rural», un hito que, según sus palabras, le hizo «crecer muchísimo y creer más» en sí misma.
A las mujeres que hoy desean emprender en entornos rurales, les envía un mensaje claro: «Que crean en ellas mismas y si tienen un proyecto, que sigan adelante contra viento y marea. No pasa nada si fallan, eso es normal y humano».
Un relevo sin lazo familiar y una nueva etapa
Con la jubilación de Rocío, finalizan tres generaciones de la familia Moreno al frente del restaurante. El relevo, sin embargo, está asegurado. Ermenet, una empleada que trabajó con ella durante más de una década, ha tomado las riendas del local desde el 1 de abril, manteniendo el nombre original. «Espero que le vaya muy bien y que Casa Rocío continúe muchos años más», desea Rocío, quien considera inteligente mantener la marca que tanto prestigio ha cosechado, como demuestra su valoración de 4,6 sobre 5 en Google con más de 2.600 reseñas.

Para Rocío, de 66 años, comienza ahora una nueva etapa. Afronta el futuro con la intención de «hacer cosas que no he hecho», principalmente disfrutar del tiempo con sus hijos y nietas, un tiempo del que el restaurante a menudo la privó. «Lo que más me duele es no haber dedicado a mis hijos el tiempo que precisaban», confiesa. Viajar y, quizás, publicar un libro de cocina son algunos de los planes que rondan su mente. El contacto diario con la gente es lo que más echará de menos, pero se va con el orgullo del trabajo bien hecho y el cariño abrumador de una clientela que la considera parte de su vida.
La jubilación de Rocío Moreno marca el fin de una era para Casa Rocío Pepe II, pero su legado de resiliencia, calidad y pasión por la hostelería perdurará. Su historia es un testimonio del valor de los negocios familiares y un faro para las mujeres emprendedoras en el mundo rural. Mientras una nueva gerente toma el timón, queda la pregunta de si los nuevos tiempos sabrán preservar la esencia que convirtió a un restaurante de carretera en un hogar para miles de viajeros. Rocío, por su parte, se despide con la satisfacción de haber dedicado su vida a su gran pasión y recibir, como recompensa final, el inmenso afecto de su gente.