Hay artistas que representan un lugar y otros que lo reinterpretan hasta volverlo casi una emoción. Marcos Valencia pertenece a esa segunda categoría. Su obra no se limita a mostrar Cuenca: la recorta, la recompone y la devuelve convertida en una imagen nueva, vibrante y profundamente personal. En sus collages, la ciudad conserva su esencia, pero aparece atravesada por el color, la repetición y una mirada que busca sorprender sin perder el arraigo.
Nacido en 1981 y licenciado en Bellas Artes, Valencia lleva años centrado en el collage como lenguaje artístico. De esa dedicación nace “Cuenca Encantadora”, la exposición que puede visitarse en la Oficina de Turismo de Castilla-La Mancha, en plena Gran Vía de Madrid, del 20 de marzo al 24 de mayo.

La muestra reúne alrededor de 30 obras en las que el artista trabaja a partir de imágenes, carteles y vistas de Cuenca, especialmente de su casco antiguo, para construir composiciones llenas de dinamismo y fuerza visual.
“Transmitir mi pasión por Cuenca”
“Mi objetivo es transmitir mi pasión por Cuenca y lo que me gusta y quiero mi ciudad y el casco tan bonito que tenemos desde otra visión”, explica el artista. Esa declaración resume bien el espíritu de una exposición que toma su título de una de sus piezas favoritas, “Cuenca Encantadora”, inspirada en el puente de San Pablo y convertida también en emblema del proyecto completo.
Lo que Valencia propone no es una reproducción fiel del paisaje, sino una lectura distinta. En sus cuadros, la Cuenca monumental se mezcla con otros recortes y elementos que amplían el sentido de la imagen. La esencia permanece, pero el resultado adquiere un aire nuevo, más libre, más alegre, más inesperado.
Color, alegría y una Cuenca multiplicada
En sus composiciones, la ciudad se transforma a base de superposiciones y repeticiones. Edificios del casco antiguo, la puerta de Valencia, San Martín, el castillo o el Tormo Alto aparecen duplicados, triplicados o convertidos en formas circulares. Esa forma de jugar con la imagen le permite ofrecer una visión propia, casi lúdica, en la que Cuenca se despliega como un paisaje reconocible y a la vez reinventado.
El color ocupa además un lugar central. Valencia se apoya en los tonos vivos de las fachadas del casco antiguo para construir piezas con un fuerte impacto visual, pensadas no solo para ser contempladas, sino también para atraer la mirada desde el primer instante.
De Cuenca a Madrid
La exposición supone un paso importante en la trayectoria del artista. La muestra ya había pasado antes por Cuenca, por la galería La Celda, en la tienda de pinturas Trazos, donde obtuvo una buena acogida. Sin embargo, Valencia tenía claro que quería llevar este proyecto fuera de la ciudad, como una manera de dar a conocer su trabajo y, al mismo tiempo, proyectar la imagen de Cuenca hacia el exterior.

Esa oportunidad llegó tras presentarse a una convocatoria de la Oficina de Turismo de Castilla-La Mancha, donde fue seleccionado no solo para exponer, sino también para abrir el ciclo de exposiciones de 2026. Para el artista, esa elección tiene un valor especial: supone un reconocimiento a su obra y una plataforma privilegiada para mostrarla en uno de los puntos más transitados de Madrid.
Un escaparate y un reclamo
Más allá del valor simbólico de la muestra, Valencia entiende esta exposición como un auténtico reclamo. Exponer en plena Gran Vía significa colocar su trabajo ante un público mucho más amplio y diverso, y hacerlo además con un elemento promocional de gran impacto: un cartel de grandes dimensiones proyectado en la propia oficina de turismo.
Ese escaparate puede traducirse en nuevas oportunidades. El propio artista reconoce que una visibilidad así puede abrir la puerta a encargos, contactos y futuras exposiciones. En ese sentido, la muestra no solo funciona como una celebración de Cuenca, sino también como una carta de presentación profesional en un contexto de máxima exposición pública.
Una treintena de obras y varias ya vendidas
La exposición reúne unas 30 piezas, algunas de las cuales ya estaban vendidas antes de viajar a Madrid. De hecho, el artista habló con sus propietarios para que se las prestaran y así poder integrarlas en la muestra, algo que aceptaron sin problema. Además, otras personas ya se han interesado por varias obras, por lo que Valencia confía en que la exposición siga generando ventas durante las próximas semanas.

Ese interés comercial confirma que el proyecto no solo conecta emocionalmente con quienes conocen Cuenca, sino también con quienes descubren en estas composiciones una manera singular de mirar el paisaje urbano y convertirlo en arte contemporáneo.
Primeros días con buena respuesta
Aunque Marcos Valencia reconoce que todavía no dispone de un recuento exacto de visitantes, sí maneja buenas sensaciones en estos primeros compases. A la inauguración asistieron entre 30 y 35 personas, y durante el fin de semana posterior la afluencia fue constante. Según ha trasladado al artista el director de la Oficina de Turismo, el paso de visitantes por la muestra está siendo continuo, hasta el punto de hablar de un arranque exitoso.
La combinación entre ubicación, visibilidad y fuerza estética parece haber jugado a favor de una exposición que convierte a Cuenca en protagonista en pleno centro de Madrid.
Actualmente, Valencia se encuentra en una etapa de cierta pausa creativa, marcada por la reforma de su casa-taller, lo que limita temporalmente su capacidad para seguir produciendo obra de gran formato. Aun así, mantiene la intención de seguir moviendo su trabajo fuera de Cuenca, llamando a galerías y buscando nuevos espacios donde continuar mostrando su universo visual.
Mientras el estudio se detiene, su obra sigue avanzando. Y eso quizá sea lo más significativo de esta exposición: que no solo muestra collages, sino una manera de defender una ciudad desde el afecto, la memoria y la imaginación.
