“Me dejó la casa como si hubiera caído una bomba”: una vecina de un pueblo de Cuenca denuncia una estafa en una reforma

Compró una vivienda antigua para dejar de pagar alquiler y denuncia que la reforma acabó en una pesadilla de dinero adelantado, obra sin acabar y una campaña de ayuda para salir adelante.

La historia de Felicidad Martínez no es sencilla. Vecina del municipio conquense de Mota del Cuervo, después de años viviendo entre Francia, Madrid y su pueblo decidió comprarse una casa antigua para reformarla poco a poco y dejar de pagar un alquiler que ya sentía como una losa.

Pensó que estaba dando uno de los pasos más importantes y felices de su vida. Le gustaban las casas viejas, con historia, y además eran más asequibles. Encontró una vivienda por 26.000 euros y creyó que, con esfuerzo y una reforma, podría convertirla fácilmente en su hogar.

Foto: Vivienda adquirida por Felicidad en Mota del Cuervo

Compró la casa en enero de 2025 y lo que no imaginaba es que aquella ilusión iba a terminar, según denuncia, en “una pesadilla” que le ha dejado sin dinero, con una profunda huella emocional y con una campaña de ayuda en marcha para poder terminar la obra.

La ilusión de una casa propia

La vivienda necesitaba una intervención a fondo. Había que arreglar fontanería, electricidad, baños, cocina y, sobre todo, sanear unas paredes que podían llevar años acumulando deterioro y humedades. “Yo lo que quería era agilizar la obra para poder meterme en la casa cuanto antes”, explica.

El problema fue que los albañiles de la zona a los que consultó no podían empezar hasta meses después, así que terminó aceptando la recomendación de una persona conocida y contrató a un profesional de Pedro Muñoz que, en apariencia, podía encargarse enseguida de la reforma.

Foto: Inicio de las obras en la casa de Felicidad en Mota del Cuervo

Al principio todo parecía normal. Aquel hombre le presentó un presupuesto a finales de enero de 2025 que ella consideró aceptable y le pidió un adelanto inicial del 40%, algo que no le pareció extraño en una obra de esas características.

Esta vecina de Mota del Cuervo aceptó porque pensó que también era lógico que el albañil quisiera asegurarse su cobro. “Me pareció bien y le di el 40%”, recuerda. La obra comenzó, según su relato, a primeros de febrero de 2025, cuando empezaron a aparecer los primeros operarios en la vivienda. Después llegaron más pagos para materiales, para avanzar supuestamente la obra y para distintos trabajos que nunca terminaron de concretarse.

“Le di casi 10.000 euros y luego casi 5.000 más para materiales”

Primero entregó cerca de 10.000 euros como parte inicial del presupuesto. Después, cuando fueron a elegir azulejos, suelos y otros acabados, el albañil le pidió casi 5.000 euros más asegurándole que él compraría los materiales a su nombre porque le harían descuento como autónomo.

“Yo cuando elegí los materiales me vine al cajero y le di casi 5.000 euros”, afirma. Sin embargo, él no pagó los materiales a la empresa. A eso se sumó también el adelanto a un electricista relacionado con el entorno del propio albañil, por lo que la cantidad total que perdió supera los 15.000 euros.

Foto: Obras en la casa de Felicidad en Mota del Cuervo

En lugar de ver cómo su casa iba tomando forma, Felicidad empezó a ver cómo la vivienda se iba quedando deshecha. Los primeros trabajadores que aparecieron se dedicaron a picar paredes y abrir frentes por toda la casa, pero sin terminar nada. “No terminaban una cosa y empezaban otra», detalla Felicidad.

Su obsesión desde el principio era que las paredes quedaran bien saneadas, pero lo que veía cada día al bajar a la obra era justo lo contrario: una casa cada vez más levantada, más abierta y más expuesta al deterioro. “Me dejó la casa como si hubiera caído una bomba, como las casas que vemos ahí en la tele en Gaza”, resume.

La casa abierta, el agua entrando y el miedo creciendo

Con el paso de las semanas, dice, la situación se fue haciendo más insostenible. Las puertas y ventanas quedaron abiertas hacia los patios interiores, de modo que cuando llovía el agua entraba en la casa. Por si fuera poco, llegó un momento en que el albañil, asegura, apenas aparecía, no respondía a las llamadas y solo daba largas.

“Yo empecé a ponerme enferma”, recuerda. La angustia se le fue metiendo en el cuerpo a medida que comprendía que la obra no avanzaba, que el dinero desaparecía y que cada visita a la vivienda era un golpe más.

Felicidad asegura que, además, empezó a recibir mensajes a deshoras y presiones constantes del albañil para que siguiera dándole más dinero. En su testimonio habla de WhatsApp enviados incluso de madrugada, de chantaje emocional y de una actitud cada vez más agresiva cuando ella se negó a seguir pagando sin ver avances.

Foto: Felicidad Martínez

En su relato lo describe como un hombre corpulento, conocido por competir en pruebas de fuerza, una presencia que, dice, le imponía. Después, cuando todo se torció, empezó a escuchar advertencias de personas de su entorno. Algunas, asegura, incluso se negaban a decirle dónde vivía “porque le tenían miedo”.

“A las doce de la noche enviándome WhatsApp… una situación desesperante”, relata. Aunque explica que en la Guardia Civil le indicaron que determinadas situaciones eran difíciles de acreditar sin testigos o amenazas más explícitas, ella sostiene que vivió aquellos mensajes y ese comportamiento como algo profundamente intimidatorio.

La última vez que estuvo allí y las sospechas de que llegó a quedarse dentro

Según detalla Felicidad, la última vez que el albañil estuvo en la obra trabajando fue a finales de septiembre de 2025, después de haber firmado incluso un compromiso para rematar al menos una parte de la vivienda. Sin embargo, ella sostiene que después siguió teniendo señales de que entraba en la casa o pasaba tiempo allí, ya sin avanzar realmente en la reforma.

De hecho, asegura que durante octubre, noviembre e incluso hasta diciembre de 2025 tuvo la impresión de que pudo llegar a quedarse dentro algunos días. “Encendía la nevera, yo luego la apagaba y había Coca-Cola. Yo es que creo que se quedaba ahí en la casa”, cuenta.

Esa escena fue para ella una de las más inquietantes de todo el proceso, porque reforzó su sensación de invasión, descontrol y miedo sobre una vivienda que seguía siendo suya, pero sobre la que sentía que ya no tenía dominio alguno.

Otros presuntos afectados

Uno de los aspectos que más indignación le provoca a esta vecina de Mota del Cuervo es la convicción de que su caso no habría sido el único. Según detalla, una vez empezó a preguntar y a remover el asunto, varias personas le hablaron de otros presuntos afectados por situaciones parecidas.

Ella menciona incluso testimonios de gente que habría entregado cantidades todavía mayores. Por eso insiste en que no quiere que lo suyo se quede solo en una reclamación económica, sino que sirva también para alertar a otras personas.

“Yo lo que quiero evitar es que siga haciéndolo”, afirma. “A mí me vio una tía sola, con la ilusión de hacer su casa, y fue a saco”. Esa frase concentra gran parte del dolor con el que habla: la sensación de haberse encontrado vulnerable, confiada y totalmente desprotegida.

La cerradura, la denuncia y una campaña para terminar la casa

Finalmente, Felicidad decidió cambiar la cerradura a finales de diciembre de 2025, cuando ya había perdido por completo la confianza y entendió que no podía seguir permitiendo que aquel hombre tuviera acceso a la vivienda.

Foto: Avances en las obras

Hoy, la vía judicial está abierta con denuncias interpuestas por lo penal y lo civil. Sin embargo, los tiempos de la justicia no coinciden con los de la necesidad. Con una nueva reforma presupuestada en 20.000 euros para arreglar el desastre previo, Felicidad se ha visto obligada a lanzar una campaña de crowdfunding para poder terminar la casa y hacer frente a los pagos pendientes. De momento, ha recibido cerca de 1.000 euros.

Foto: Avances en las obras

En esa petición de ayuda explica que no dispone de margen económico suficiente para asumir sola el nuevo coste de la obra, después de haber perdido ya más de 15.000 euros en la primera reforma. Su objetivo ahora es acabar la vivienda, dejar atrás el alquiler y cerrar una etapa marcada por la incertidumbre y el desgaste personal.

Ese llamamiento público convive además con otra parte de su trayectoria personal. Felicidad ha desarrollado su vida entre Francia, Madrid y Mota del Cuervo; en su pueblo llegó a abrir una cafetería, aunque ahora ya no está al frente de ese negocio y realiza otros trabajos puntuales. También mantiene su vínculo con proyectos solidarios en Senegal, donde colabora como voluntaria.

Foto: Felicidad, voluntaria de «Niños de la Lata»

Ahora, es ella quien necesita ayuda y mientras intenta seguir adelante, el centro de su vida está en resolver el problema de su casa y reunir el dinero necesario para terminar una obra que, según denuncia, se ha convertido en una pesadilla.

Alba Soledad Moya

Natural de Cuenca. Graduada en Periodismo por la UCLM. Experiencia en medios de comunicación como CMM o La Sexta.
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