La torrija de toda la vida se reinventa en Cuenca: del sabor de siempre a las propuestas más rompedoras

La tradicional torrija de miel "gana por goleada", pero la innovación se abre paso con propuestas de Resoli, café irlandés o vainilla. Pastelerías como Casamayor mantienen recetas de hace 45 años mientras apuestan por la vanguardia del dulce.

El aroma a canela, miel y leche infusionada ya inunda los obradores de Cuenca. Con la llegada de la Semana Santa, la ciudad no solo se prepara para el desfile de sus pasos, sino también para el auge de su dulce más icónico: las torrijas. 

Este dulce tradicional, arraigado en la historia y la cultura de la Cuaresma, sigue siendo el producto estrella, aunque convive con nuevas e innovadoras propuestas que buscan sorprender a los paladares más curiosos. 

Un legado de más de 45 años

La tradición de elaborar torrijas en la pastelería Casamayor se remonta a décadas atrás. Aunque el actual responsable, Peter Guba, lleva 13 años al frente del negocio, ha mantenido viva la receta del anterior pastelero. «La receta que nosotros elaboramos, tanto el pan como el procedimiento, lleva entre el anterior pastelero y yo más de 45 años», explica a El Digital de Cuenca. Esta fidelidad a una fórmula que ha demostrado su éxito a lo largo del tiempo es una de las claves de su popularidad.

El origen de la torrija está íntimamente ligado a la Semana Santa y a la Cuaresma. Era un alimento nutritivo en una época de restricciones, cuando no se consumía carne. Además, suponía una forma ingeniosa de aprovechar el pan sobrante. «Como la gente estaba acostumbrada a comer pan con comidas cárnicas y en estas temporadas no se podía, pues sobraba pan. ¿Qué hacemos con el pan? Pues lo aprovechamos para hacer la torrija», comenta Peter sobre los orígenes históricos de este dulce.

Foto: Torrijas/ Redes sociales Casamayor

“Las torrijas se hacen toda la vida. Es un dulce que en una pastelería de España me imagino que no puede faltar”, señala Peter, subrayando lo imprescindible de este dulce en Semana Santa, de la misma manera que el roscón de Reyes se convierte en un clásico durante las fiestas navideñas: productos que, más allá de su sabor, están profundamente ligados a una época concreta del año.

Innovación frente a tradición: La batalla de los sabores

Aunque la torrija clásica de miel sigue siendo la «ganadora por goleada», la pastelería no renuncia a la innovación. Este año, a su oferta habitual se suman dos nuevas creaciones: una de vainilla y limón, de sabor suave, y otra de café irlandés con un toque de whisky, para los amantes del café.

Foto: Torrijas/ Cedidas

Estas se unen a la ya consolidada «torrija 3.0» o «Casamayor», que se baña en licor Resoli, típico de Cuenca, y se decora con una chantillí tostada.

Foto: Torrijas/ Redes sociales Casamayor

A pesar de la buena aceptación de estas nuevas versiones, el pastelero reconoce que «la gente es muy limitada a comprar lo tradicional». Los clientes suelen llevarse las clásicas y, quizás, alguna nueva para probar.

Foto: Torrijas/ Redes sociales Casamayor

El secreto de una buena torrija, según el experto, reside en dos pilares: el uso de materia prima de buena calidad y la técnica. En Casamayor, elaboran su propio pan de miga esponjosa, ideal para absorber la leche infusionada con naranja, azúcar y canela, que se vierte casi hirviendo sobre las rebanadas para lograr una cremosidad única.

Expectativas de venta y el factor tiempo

La Semana Santa es la temporada clave para la venta de torrijas. «Ahora mismo, en esta fecha, la reina de la venta es la torrija», afirma el repostero. Aunque no disponen de un cálculo exacto, estiman que durante toda la campaña podrían vender alrededor de 2.500 unidades.

El ritmo de ventas está fuertemente influenciado por las condiciones meteorológicas. Un buen tiempo, como el que se pronostica para este año, anima a la gente a salir, atrae a más turistas y, en consecuencia, impulsa las ventas. El tiempo en Semana Santa marca mucho la diferencia, señala Peter, ya que condiciona tanto la afluencia de público como las ventas. En este sentido, recuerda un viejo dicho del sector: «acera mojada, cajón seco», en alusión a cómo la lluvia en las procesiones afecta negativamente al negocio.

Las torrijas siguen siendo, generación tras generación, el dulce estrella de la Semana Santa en España, símbolo de tradición y de sabores que evocan recuerdos familiares. Al mismo tiempo, muchos establecimientos aprovechan estas fechas para versionar la receta clásica, introduciendo nuevas combinaciones y texturas que atraen a los paladares más curiosos. La combinación de tradición e innovación demuestra que, aunque la esencia del dulce se mantiene, siempre hay espacio para la creatividad, permitiendo que un producto centenario siga sorprendiendo y conquistando mesas durante estas celebraciones.

Ricardo Vega

Conquense de adopción. Graduado en periodismo por la Universidad de Castilla-La Mancha y con experiencia en medios como CMM, Agencia EFE y Las Noticias de Cuenca.
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