La Procesión de Paz y Caridad ha dejado un Jueves Santo inolvidable en Cuenca

Entre luz, música y devoción, cada paso ha dejado su huella en la memoria de Cuenca

La Procesión de Paz y Caridad de este jueves ha recorrido las calles de Cuenca dejando estampas inolvidables, homenajes y emociones que han unido a toda la ciudad.

Momentos que han quedado para el recuerdo

La salida por el umbral de la iglesia de la Virgen de Luz ha sido un suspiro suspendido en el tiempo, como si el aire mismo hubiera contenido la respiración de los siglos de fe. Al cruzar el puente sobre el río Júcar, las imágenes han flotado sobre el agua, bañadas por el sol de la sobremesa que se ha reflejado en las figuras y en las túlipas, lanzando destellos que han reverberado en la saya azul de la Madre del Jueves Santo.

Homenaje y confraternidad

Un sentido homenaje de la Hermandad del Huerto de San Antón a su homónima de San Esteban se ha hecho visible al pasar frente al templo, en un suave baile de confraternidad que ha unido historia y devoción, como un río de luz y silencios que se ha entrelazado con el eco de siglos de fe, dejando que cada gesto y cada paso susurrara la memoria viva de la tradición.

Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Soledad

La salida solemne de Nuestro Padre Jesús Nazareno desde el Puente ha coronado la jornada, dejando una estampa de recogimiento y fervor que se ha grabado en el corazón de la ciudad. Sobre la iglesia, clavadas en lo alto, las Tres Cruces del Calvario de Cuenca han custodiado la escena, recortándose contra el cielo como testigos silenciosos.

La salida de Nuestra Señora de la Soledad desde el Puente se ha producido al son del Himno Nacional, interpretado magistralmente por la Banda de Música de Cuenca, mientras los miembros de la Guardia Civil la han flanqueado, acompañándola con respeto y solemnidad durante todo el recorrido. Cada paso de la procesión ha medido el tiempo entre el sonido profundo de los instrumentos y el silencio reverente de los espectadores, mientras la Virgen avanzaba serena, envuelta en la luz dorada de la tarde.

Arte sacro y todos los pasos

La tarde ha dejado un auténtico museo de arte sacro con impresionantes imágenes que han desfilado ante los ojos de los fieles. Obras del conquense Luis Marco Pérez, de Coullaut-Valera, con Jesús Orando en el HuertoJesús con la CañaJesús Caído y La Verónica; de Leonardo Martínez Bueno; y de José Capuz, con la majestuosa imagen de Jesús del Puente, han conformado un desfile de arte y devoción.Un detalle especial ha sido la presencia de los lictotes romanos, escoltando al Santísimo Ecce-Homo de San Gil y devolviendo la escena a otra época, como si la procesión hubiera abierto un portal en el tiempo, transportando a los espectadores a la Jerusalén de la Pasión, con el rigor histórico y la solemnidad que caracteriza esta celebración.

Todos los pasos que han desfilado esta tarde —el Santísimo Ecce-Homo de San GilJesús Orando en el HuertoJesús con la CañaJesús CaídoLa VerónicaJesús del Puente y Nuestra Señora de la Soledad— han formado un recorrido de fe y arte, en el que cada imagen ha recibido el mismo respeto y devoción de los fieles, creando un relato común que ha recorrido las calles de Cuenca con emoción, luz y silencio reverente.

Penitencia y oración

La penitencia sigue estando presente en la procesión. Impresionaba ver las largas filas de penitentes que han acompañado a los pasos, sin capuz armado, con una vela en la mano, y muchos con una plegaria que devolver o un deseo que pedir ante la imagen devocional, en la tarde del amor fraterno en Cuenca. Cada vela encendida ha sido un hilo de luz que ha unido cielo y tierra, y cada plegaria ha flotado en el aire con la cadencia del tambor y del redoble.

Homenaje a los hermanos fallecidos

Hubo también tiempo para el recuerdo de los hermanos fallecidos. Con emoción, se ha doblado el paso en homenaje a la familia, como ha ocurrido en la Hermandad de Jesús con la Caña, que ha rendido memoria al hermano Carlos Martínez Cenzano. Ha emocionado ver y sentir cómo se ha recordado a quienes ya caminan en otra procesión, bajo la cúpula del cielo, entre la luz eterna y el silencio reverente del recuerdo.

Novedades de la jornada

Entre las novedades de este año, la procesión ha vivido un soplo de renovación y continuidad. Aurora Fernández Castillejo ha sido nombrada nueva camarera, tomando el relevo de Marisa Bascuñana, mientras que Alberto García Mora ha asumido el papel de nuevo capataz de banceros del Cristo de Paz y Caridad, de la Hermandad de Jesús Orando en el Huerto. Estos cambios, aunque recientes, se han integrado con naturalidad en la cadencia del desfile, recordando que la tradición no solo se conserva, sino que se renueva con respeto y devoción.

Para el recuerdo queda la proyección de las imágenes en las viejas calles de Cuenca, sombras de un Jueves Santo que ha dejado huella en la ciudad, impregnando cada rincón con luz y fervor. Misereres, toques de campana, redobles de tambores, horquillas y marchas procesionales se han entrelazado, creando un coro que no solo se ha escuchado, sino que se ha sentido en cada piedra, cada calle y cada corazón de Cuenca, dejando un gran recuerdo de fe, arte y emoción.

/Fotos de Néstor Robayna y Kataixa Torres/

Rafael Torres

Nacido en Cuenca. Estudiante del Grado de Periodismo en 4 ° curso en la Facultad de Comunicación de Cuenca
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