Momentos íntimos del Lunes Santo en Cuenca

Un Lunes Santo especial en Cuenca

Un Lunes Santo cargado de detalles en Cuenca, que está viviendo una Semana Santa especial, donde está respetando, además, la meteorología.

Silencio y recogimiento

Hay una parte del Lunes Santo en Cuenca que no se puede explicar, solo vivir. Son esos instantes en los que todo parece detenerse y la procesión deja de ser algo que se observa para convertirse en algo que se siente.

El recogimiento es casi absoluto. Apenas lo rompe el sonido grave de un tambor, seco y profundo, que parece venir de muy lejos. A veces, una campana resuena en la noche, lenta, como si no marcara el paso sino la conciencia. Entre ese murmullo contenido, el leve chisporroteo de las velas adquiere una fuerza inesperada. Las calles, con su piedra antigua, envuelven la escena y hacen que todo parezca de otro tiempo. Las túnicas negras avanzan con una sobriedad que impone respeto, como si la ciudad entera guardara luto.

La imagen que lo centra todo

La atención se concentra en la imagen que lo reúne todo: Cristo clavado en la cruz, en el instante de la expiración. Un momento detenido que encierra dolor, sacrificio y quietud de la noche. La mirada se fija en Él y lo que ocurre alrededor pierde importancia.

El canto del coro

En esa calma, el coro Alonso Lobo eleva su canto gregoriano, puro y solemne, que se desliza entre las piedras antiguas de las iglesias y las calles de Cuenca. Su voz parece suspender la marcha, acompañando cada paso y llenando de espiritualidad la noche, antes de que el único paso avance hacia las Siete Palabras.

Las Siete Palabras de Cristo

Y llega uno de los momentos más sobrecogedores: las Siete Palabras de Cristo se pronuncian mientras el único paso de la procesión permanece detenido. Cada frase resuena entre las piedras de las iglesias, y quienes lo escuchan quedan envueltos en un recogimiento profundo, lleno de reflexión. Son palabras breves, pero intensas, que hacen sentir la cercanía del sacrificio y del perdón.

El Miserere y el cierre de la noche

Al final de la procesión, llega el Miserere de Pradas. Surge sin estridencias, casi desde dentro, y lo llena todo. No es solo música: es un acto de recogimiento profundo, una llamada al perdón que atraviesa a quien la escucha, cerrando la noche con un instante que permanece en la memoria.

Cuando la última vela se consume, la noche queda suspendida en un suspiro de Perdón que el Martes Santo recogerá en su procesión.

/Fotos de Néstor Robayna/

Rafael Torres

Nacido en Cuenca. Estudiante del Grado de Periodismo en 4 ° curso en la Facultad de Comunicación de Cuenca
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