Luis Carlos Ortiz explica su papel para El Digital de Cuenca, al frente del Coro de Cámara Alonso Lobo en uno de los momentos más sobrecogedores de la Semana Santa conquense
La Semana Santa de Cuenca, declarada de Interés Turístico Internacional, se vive en sus calles a través del silencio, la tradición y también de la música. En este contexto, el Coro de Cámara Alonso Lobo se ha consolidado como una de las voces más reconocibles del Lunes Santo y del Santo Entierro.
Fundado en 1985, el coro cuenta con una amplia trayectoria en el ámbito de la música polifónica, con presencia en distintos festivales y proyectos tanto dentro como fuera de España. Desde 1996 participa de manera ininterrumpida en la procesión del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, aportando un repertorio propio que se ha convertido en parte esencial del recorrido.

Hablamos con su director, Luis Carlos Ortiz, sobre el significado y desarrollo de esta intervención.
Luis Carlos, el coro vuelve a participar un año más en la procesión del Lunes Santo. ¿Cómo se desarrolla vuestra intervención?
Llevamos ya cerca de tres décadas participando en esta procesión. Desde el inicio, la idea ha sido acompañar al Santísimo Cristo de la Vera Cruz con canto gregoriano y motetes, muchos de ellos compuestos específicamente para este momento. Tras la celebración de la misa en la Catedral, comienza la procesión en el interior, recorriendo la girola hasta salir al exterior. En ese punto, tras la primera de las Siete Palabras pronunciada por el obispo, interpretamos el primer motete.
Las Siete Palabras en la procesión
Hablas de las Siete Palabras. ¿Qué papel tienen en vuestro repertorio?
Son fundamentales. Son composiciones propias que escribí en su día para poner música a cada una de esas palabras de Cristo en la cruz. A lo largo del recorrido, vamos alternando estos motetes con canto gregoriano propio del oficio de Semana Santa, acompañados únicamente por el sonido del tambor y la campana, lo que crea una atmósfera muy especial.
¿Qué ocurre en las distintas paradas de la procesión?
La procesión pasa por siete iglesias, donde se realiza una predicación sobre cada una de las Siete Palabras. Tras cada intervención, nosotros interpretamos el motete correspondiente. Es un diálogo entre palabra y música que da sentido a todo el recorrido.

El tramo final del recorrido
¿Y cómo es el momento final?
Cuando llegamos a la iglesia de San Esteban, interpretamos un miserere en hebreo titulado Hanneni Elohim, que compuse especialmente para el Cristo yacente. Es un momento muy emotivo. Después, ya en el interior, concluimos cantando, a la Virgen «Ave Regina Caelorum» y después el Miserere de Pradas.
El Santo Entierro
También participáis en el Santo Entierro. ¿Qué diferencia hay en esa intervención?
En ese caso, la música tiene un carácter aún más recogido. Interpretamos tres motetes:Hanneni Elohim, «O Crux» a la Cruz desnuda y Stabat Mater, dirigido a la Virgen. Los cantamos desde la barandilla frente a la iglesia, acompañando ese momento tan solemne del entierro.
¿Cómo os coordináis con la banda de música durante la procesión?
La banda acompaña durante gran parte del recorrido, pero hay un momento en el que deja de tocar para evitar que el sonido se solape con nuestras interpretaciones. Ahí tomamos nosotros el relevo con el canto. Al final, cuando terminamos, la banda vuelve a intervenir con marchas como la de Infantes y el Himno Nacional, dedicadas respectivamente a la Virgen y al Cristo yacente.
¿Hay algún momento especialmente significativo al inicio de la procesión?
Sí, cuando se abren las puertas de la Catedral y comienza la salida del paso, interpretamos el canto gregoriano Salve Crux Santa. Es una aclamación a la cruz que aporta mucha solemnidad a ese instante.

Después de tantos años, ¿qué significa para vosotros seguir participando?
Es un privilegio. No solo por la tradición, sino por el sentido espiritual y musical que tiene. Cada año intentamos mantener ese equilibrio entre respeto a la liturgia, calidad musical y emoción. Forma parte ya de la identidad de la Semana Santa de Cuenca.
Para terminar, ¿qué le dirías al público que va a presenciar la procesión?
Que escuche. Que se deje llevar por el silencio, por la palabra y por la música. Es una experiencia que va más allá de lo visual; es profundamente sonora y espiritual. Para muchos conquenses, la música del Coro Alonso Lobo es ya inseparable del Lunes Santo, acompañando cada año uno de los momentos más sobrecogedores de la Semana Santa.