Los momentos que han hecho eterno el Hosanna en Cuenca

Entre tambores, campanas y ramos de olivo, la procesión del Hosanna ha dejado instantes cargados de emoción que ya habitan en la memoria nazarena

El Domingo de Ramos en Cuenca no ha sido solo tradición; ha sido un latido compartido. Cada sonido, cada gesto y cada mirada en la procesión del Hosanna han construido recuerdos que se han sentido en la piel y en el alma, marcando el inicio de una Semana Santa que ha renacido un año más.  La procesión del Hosanna no ha pasado desapercibida: se ha quedado. Se ha hecho latido en la memoria nazarena de Cuenca. Tres golpes secos en el portón de San Andrés han abierto no solo la madera, sino también el tiempo detenido durante todo un año. Ha sido el umbral simbólico. El instante en el que todo ha comenzado de nuevo.

El primer tambor que ha roto el silencio

Y entonces, ha sonado el tambor. El primero. El esperado. El que ha roto el silencio acumulado durante 365 días y ha desbordado, inevitable, el lagrimal del nazareno conquense. No ha sido solo música: ha sido el anuncio de que la ciudad ha vuelto a sentir.

Foto: Procesión del Hosanna / Néstor Robayna

Poco después, las campanas de El Salvador han repicado con fuerza. Su sonido se ha expandido por las calles, anunciando la llegada de la procesión y envolviendo a la ciudad entera en un abrazo de solemnidad y emoción compartida.

La ciudad que ha sonado y respirado

Las horquillas han crujido sobre la piedra antigua, marcando un compás seco y profundo, casi íntimo. Cuenca ha sonado distinta estos días. Desde la clausura, las voces de las Madres Concepcionistas han acariciado las imágenes, como una bienvenida serena a una Semana Santa que ha renacido, nueva y eterna a la vez.

Foto: Concepcionistas / Néstor Robaya

Las marchas procesionales han dibujado el ritmo del caminar solemne, mientras los pasos han avanzado por el centro y la parte antigua. Cada nota ha sido guía, cada silencio, recogimiento.

Palmas, olivos y lluvia de pétalos

En el Oratorio de San Felipe Neri, el susurro de las palmas y los ramos de olivo se ha convertido en plegaria. Se han agitado suaves, como si hubieran hablado, como si hubieran acompañado la bendición con un idioma antiguo hecho de fe. Después, la luz. La sorpresa. La emoción compartida. Pétalos y hojas de olivo han caído del cielo cuando las imágenes han entrado en la Plaza Mayor. La multitud ha estallado en alegría, en suspiro, en un clamor que no ha necesitado palabras.

Foto: Pétalos a Nuestra Señora de la Esperanza / Néstor Robayna

El momento culminante

Ha sonado el Himno Nacional. La Borriquilla ha entrado en la Catedral seguida de la Nuestra Señora de la Esperanza, llenando el templo de un silencio reverente que parecía contener todo el fervor de Cuenca. Y Cuenca, entera, ha parecido detenerse por un instante. Todo ha convergido: la tradición, la emoción, la espera cumplida.

Foto: Borriquilla entrando a la Catedral / Néstor Robayna

Entre tambores, campanas y hojas de olivo, el Hosanna ha dejado de ser solo una procesión para convertirse en memoria viva. Son instantes que ya han pertenecido al alma de Cuenca y que, año tras año, seguirán floreciendo en cada mirada, en cada paso, en cada latido nazareno.

Rafael Torres

Nacido en Cuenca. Estudiante del Grado de Periodismo en 4 ° curso en la Facultad de Comunicación de Cuenca
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