Cuenca vive su momento más íntimo: así se viste la Virgen que arrastra a miles de personas cada Domingo de Ramos

Eduardo Ladrón de Guevara Cano ultima en San Andrés los detalles de Nuestra Señora de la Esperanza en un Viernes de Dolores marcado por la devoción, el arte y la emoción cofrade

En el corazón de Cuenca, lejos aún del bullicio de las procesiones, hay momentos que explican por sí solos el alma de la Semana Santa. Este Viernes de Dolores, la iglesia de San Andrés se convierte en el escenario íntimo donde tradición, historia y sentimiento se entrelazan en torno a una imagen que no ha dejado de crecer en devoción.

La mañana en San Andrés

La antigua iglesia de San Andrés amanece en silencio. A escasas horas del inicio de la Semana Santa conquense, en su interior se vive uno de esos momentos que no aparecen en los programas, pero que sostienen toda la esencia de la tradición: el instante en el que Nuestra Señora de la Esperanza es vestida. Entre encajes, bordados y piezas cuidadosamente dispuestas trabaja el vestidor y modisto conquense Eduardo Ladrón de Guevara Cano, figura clave en la historia reciente de esta imagen. Su vinculación con la Virgen se remonta a 1990, cuando decidió traerla desde Priego hasta Cuenca para incorporarla a la procesión. Junto a la camarera de la Hermandad Laura García. 

De 200 personas a una devoción multitudinaria

«Aquello empezó casi sin gente, apenas unos doscientos acompañando», recuerda. Con el paso de los años, la devoción ha crecido de forma notable. «¿Sabes cuánta gente había el año pasado en la Plaza Mayor? 8.500 personas», afirma. Hoy, la hermandad llega cerca de  mil hermanos y continúa creciendo, consolidando una de las citas más multitudinarias de la ciudad.

Una obra de arte que se renueva cada año

El trabajo de Eduardo no es solo vestir una imagen: es un proceso artesanal cargado de simbolismo. «Me ha costado muchísimo rehacer todo, sacar el mejor partido de la imagen y dotarla de un patrimonio que no tiene comparación», explica para https://eldigitaldecuenca.com/,  mientras ajusta cada detalle con precisión. Para este Domingo de Ramos, la Virgen estrenará una saya muy especial, conocida como El Pelícano. Realizada en tisú de plata rosa, desarrolla una iconografía del siglo XVI que representa el amor del pelícano hacia sus crías, símbolo del sacrificio y la entrega. El conjunto se completa con un corpiño de bordado gótico, un manto de estilo renacentista y nuevas gualdrapas diseñadas también por él. A ello se suman joyas cuidadosamente seleccionadas: collar de perlas, una cruz de rubíes y una corona de plata del siglo XIX.

El peso de la devoción

La devoción también se refleja en el esfuerzo de los banceros. Si antes se pagaban unos 200 euros por llevar la imagen, hoy la cifra puede alcanzar los 700. Este año, además, se han incorporado dos nuevos banceros para facilitar el esfuerzo, teniendo en cuenta que solo el manto de la Virgen alcanza un peso de hasta 80 kilos.

Momentos que no se pueden explicar

Pero más allá del valor artístico, Eduardo insiste en la dimensión emocional de su trabajo. «Hay momentos cofrades que no se pueden explicar. Te encuentras con ella en una curva, suena una marcha… y te vienen recuerdos, personas que ya no están». Son instantes que explican por qué esta imagen ha calado tan profundamente entre los conquenses, convirtiéndose en una tradición viva que se transmite de generación en generación. Mientras la imagen queda lista en el interior de San Andrés, Cuenca se prepara para reencontrarse con una de sus grandes devociones. Cuando Nuestra Señora de la Esperanza salga a la calle, lo hará envuelta en historia, arte y sentimiento.

Una vez finalizado el proceso de vestimenta, la imagen ha sido colocada en sus andas, iniciándose a continuación los últimos preparativos de cara a la inminente procesión del Domingo de Ramos. Entre ellos, el exorno floral cobra especial protagonismo, cuidando cada detalle para que todo luzca en perfecta armonía. Flores, disposición y conjunto se revisan con precisión, en un ambiente de concentración y respeto, donde nada se deja al azar antes de que la Virgen de la Esperanza vuelva a encontrarse con las calles de Cuenca.

Porque antes de los suspiros, del incienso y de los pétalos, hay manos que trabajan en silencio para que todo cobre sentido. Y en ese silencio, cada Viernes de Dolores, comienza realmente la Semana Santa.

/Fotos de Néstor Robayna/

Rafael Torres

Nacido en Cuenca. Estudiante del Grado de Periodismo en 4 ° curso en la Facultad de Comunicación de Cuenca
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