El barrio Fuente del Oro de Cuenca vuelve a transformarse este viernes y sábado en un escenario único con la celebración del Vía Crucis Viviente organizado por la parroquia de San Julián. A partir de las 21.00 horas, vecinos y colaboradores darán vida a las 14 estaciones de la Pasión en una cita que, año tras año, gana fuerza. No en vano, en la última edición llegó a reunir entre 300 y 600 personas pese a la previsión de lluvia.
Un barrio convertido en Jerusalén
La iniciativa se celebra desde 2017, con el único parón de los años de pandemia, y nació con la idea de acercar la Semana Santa a un barrio donde no se vive de forma procesional. Así lo explica el párroco, Ramón Page, que recuerda que la idea que él ya llevó a cabo en el municipio de Fuentes, surgió al buscar nuevas propuestas para dinamizar la zona. “Buscando cosas para hacer en el barrio se nos ocurrió hacerlo de forma más profesional, intentando llevar la pasión y muerte del Señor a un barrio donde la Semana Santa no se vive procesionalmente”, señala.

El montaje aprovecha 14 puntos estratégicos del barrio para ambientar cada estación. La fórmula funcionó desde el principio y, ante la gran respuesta del público, la parroquia decidió ampliar la propuesta a dos jornadas. “Al ver que la afluencia de gente era demasiada pensamos hacerlo dos días y así hasta hoy”, resume el sacerdote.
100 personas para que todo salga adelante
Detrás del Vía Crucis Viviente hay alrededor de 100 personas, de las cuales unas 70 actúan y el resto se encarga del vestuario, transporte, maquillaje, iluminación o sonido. Todos ellos son vecinos del barrio o personas vinculadas a la parroquia. “Somos en torno a 100 personas, de los cuales 70 actúan y otros hacen vestuario, transporte, maquillaje, iluminación, sonido, porque todo necesita mucho apoyo”, explica Ramón Page.
La organización intenta sacar adelante el proyecto con el menor gasto posible. Las telas se buscan de bajo coste y las modistas son abuelas abuelas y vecinos o vecinas del barrio. Este año, además, los dos tanatorios de la ciudad han prestado ayuda. “Nos gustaría ampliarlo más, pero no tenemos más medios”, admite el párroco.
Participación de todas las edades
Una de las grandes singularidades del Vía Crucis Viviente es la implicación intergeneracional. Participan personas de entre 5 y 80 años, lo que permite dar forma a escenas con niños, fariseos o penitentes de distintos perfiles.

La preparación no es sencilla. Se realizan un par de ensayos previos y un ensayo general en el que todo se hace como el día de la representación. “La gran mayoría repiten, afortunadamente, porque la paliza es brutal”, reconoce Ramón Page, que aun así destaca la entrega de todos los participantes.
Dos horas de recorrido y una cruz de 80 kilos
El Vía Crucis se compone de 14 escenas que recrean la Pasión y muerte de Cristo, desde la condena hasta el sepulcro. Para agilizar la puesta en escena, las estaciones se dividen en pares e impares, de manera que mientras una se representa, la siguiente ya se está preparando en otro punto.
El público recorre las calles guiado por varios penitentes y el sonido de una campana. Aunque los asistentes apenas caminan unos 100 metros entre escenas, los participantes multiplican el esfuerzo con continuos desplazamientos y con una cruz que alcanza los 80 kilos. «La disponibilidad de la gente es tan maravillosa que cuando llegan estos días me vuelvo loco porque es extraordinario; la gente se esfuerza corriendo, los más mayores…”, destaca el párroco.

Durante cerca de dos horas, música, locución, oración y escenificación se combinan para crear una ambientación continua. Además de las 14 estaciones, el recorrido arranca a las 21 horas con un prólogo en la iglesia, pensado para situar al público antes de salir a la calle.
Mismo montaje los dos días para que nadie se lo pierda
Viernes y sábado se repetirá exactamente el mismo formato. La decisión responde a un motivo claro: facilitar que más personas puedan disfrutar de la representación. “Los dos días son exactamente igual, hacemos exactamente lo mismo y lo hacemos para que más gente lo pueda ver”, apunta Ramón Page.
Con espacios en los que pueden concentrarse hasta un millar de personas y un recorrido preparado para que todo el mundo pueda seguirlo incluso si llega con retraso, la parroquia de San Julián confía en volver a llenar Fuente del Oro de público, emoción, pasión y dedicación voluntaria y altruista.
Este viernes y sábado, desde las 21.00 horas, el barrio conquense de Fuente del Oro no solo acogerá un acto religioso: volverá a vivir una de esas citas que convierten un barrio entero en comunidad, escenario y testimonio compartido de la Pasión.
