El fenómeno de la España Vaciada sigue despertando interés en redes sociales, y una de las cuentas que más está contribuyendo a visibilizarla es ‘Nos vamos pal pueblo’. A través de sus vídeos en TikTok, recorren pequeños municipios para mostrar sus encantos, servicios y, sobre todo, las historias de quienes los habitan. Su última parada ha sido Santa Cruz de Moya, un pequeño pueblo de Cuenca que ha sorprendido por todo lo que ofrece pese a su tamaño.
En el vídeo, destacan que este municipio cuenta con unos 233 habitantes y, aun así, dispone de servicios esenciales como consultorio médico, colegio, farmacia, supermercado, panadería, carnicería, bares e internet. También cuenta con parada de autobús bajo demanda, lo que facilita la conexión con otras localidades. Una realidad que rompe con la idea de aislamiento que muchas veces se asocia al medio rural.
Muy cerca de Valencia
Situado en la Serranía conquense, muy cerca del límite con Valencia, Santa Cruz de Moya se asienta en un entorno natural privilegiado. Rodeado de montañas y campos de cultivo, el pueblo está atravesado por el río Turia, que no solo configura su paisaje, sino que también ofrece zonas de baño y espacios para disfrutar de la naturaleza.
El propio vídeo muestra imágenes de este entorno, con vistas panorámicas, senderos y rincones naturales que refuerzan su atractivo como destino para el turismo activo o para quienes buscan una vida más tranquila. Además, el municipio forma parte de la Reserva de la Biosfera del Alto Turia, lo que subraya el valor ecológico del territorio.
Más allá de su naturaleza, Santa Cruz de Moya también destaca por su patrimonio y su identidad histórica. En el núcleo urbano sobresale la Iglesia Parroquial de la Santa Cruz, mientras que en sus alrededores se encuentra el Monumento al Guerrillero Español, un lugar clave para la memoria histórica del siglo XX que recuerda a la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón.
Arquitectura tradicional
Las calles del municipio conservan la arquitectura tradicional de montaña, con viviendas adaptadas a la ladera y construidas en mampostería, lo que refuerza ese carácter auténtico que tanto atrae a visitantes y nuevos pobladores.
A todo ello se suma una vida local marcada por las tradiciones. Las fiestas en honor a la Santa Cruz, en mayo, y las celebraciones estivales llenan el pueblo de actividad y reencuentros, manteniendo viva la esencia comunitaria.