Álvaro López Pinar, el nazareno con discapacidad que desafía sus límites en la Semana Santa de Cuenca

A pesar de sus limitaciones físicas, Álvaro participa en 11 hermandades, adaptando cada procesión a sus limitaciones físicas y convirtiéndose en un ejemplo de superación y pasión por la tradición

Álvaro López Pinar, nazareno de Cuenca con parálisis cerebral, demuestra que la Semana Santa puede vivirse plenamente pese a las limitaciones físicas. Con 11 hermandades a sus espaldas, comparte cómo organiza su participación, las dificultades que enfrenta y la emoción que siente en cada desfile, convirtiéndose en un referente de superación y amor por la tradición.

La pasión de Álvaro por la Semana Santa de Cuenca

Álvaro López Pinar participa en 11 hermandades. «Yo participo… Te voy a contar primero en las que participo y luego cómo participo», explica. En la Borriquilla, va colocado en la cabecera detrás del guion de los niños, «porque es el lugar más cómodo para maniobrar la silla». Ya está hablado con su actual secretario, Carlos Redondo, y con el anterior, Charli Pontones, para llegar a la plaza mayor. Yo me salgo por la ruta de evacuación porque en la catedral hay mucho lío para entrar. A pesar de que me dan facilidades, es muy complicado entrar, ya sabes tú, Rafa, con el lío que hay el Domingo del Ramos».

Álvaro López

Álvaro convive con una parálisis cerebral que afecta su movilidad desde su nacimiento, utilizando primero una silla manual y luego eléctrica. «Yo con la discapacidad he vivido desde que nací. Para mí no ha sido un inconveniente participar en Semana Santa. Mi hermandad de cuna es el Cristo de la Luz y participé primero empujando a mi abuelo la silla manual y después ya la silla eléctrica. Y cuando ya tenía mi silla eléctrica, libremente me fui apuntando a las que me gustaban».

Sobre la Borriquilla, explica: «Me apunté porque es totalmente distinto vivir la procesión desde dentro a vivirla desde fuera. La Vera Cruz también me gusta mucho; me situó en la  cabecera, y su actual secretario, Juan Luis, me comenta que si quiero puedo entrar a la catedral a ver el desfile por el interior,  pero es complicado, así que me incorporo desde la calle».

Álvaro López

También participa en el Bautismo y en la procesión de María Magdalena, alternando años según su agenda y estudios de Derecho. «Soy graduado en Derecho, hice el Máster de Acceso a la Abogacía y el examen de Estado, aquí en la Universidad de Castilla-La Mancha. Ahora me encuentro  haciendo la tesis».

Adaptación y superación frente a la discapacidad

Álvaro organiza sus días de procesión según las hermandades y su comodidad: martes con María Magdalena, miércoles con el Ecce-Homo  de San Miguel, viernes con el Cristo de la Luz y sábado con las Marías.

«En la borriquilla voy delante, con los niños detrás del guion, muy cómodo porque la silla necesita su ámbito de giro. En la Veracruz también voy delante, entre los hermanos de la Peraleja  y los de Mira, porque es el sitio más cómodo para la silla. Al llegar a San Esteban, me meto por la rampa a la iglesia y veo cuando llega el Cristo. El secretario me permite ver la procesión interna de la girola, pero es complicado por la silla».

Álvaro López

A pesar de sus limitaciones, Álvaro ha interiorizado la tradición familiar: «Toda la familia de mi abuelo, incluso mis bisabuelos, fundadores del Cristo de la Luz, siempre lo han vivido así. El día grande era Viernes Santo, el único día que salía. Íbamos a vestirnos en casa de mis abuelos, acabábamos la procesión e íbamos a merendar allí. Lo tengo interiorizado. Mis hermanos también son del Cristo de la Luz, pero no salen. Salimos mi madre, mis primos y toda la familia, y cada uno en su sitio».

Un ejemplo de valentía y tradición familiar

La experiencia de vivir la Semana Santa desde la silla eléctrica le produce una emoción intensa. «Cuando conseguí la primera silla eléctrica, en 2012, fue el primer año que yo con la ayuda de María llegué desde la puerta de la Diputación hasta el Salvador. Ese año fue especial porque pude llegar a El Salvador. Ese tramo final, desde la Puerta de Valencia, quedó más íntimo y me encantó. También viví muchos años desde fuera, pero llegar a participar plenamente es un orgullo».

Álvaro anima a otras personas con problemas de movilidad a participar según sus posibilidades: «Les digo que, si les gusta, lo intenten por lo menos. Cada uno debe vivir la Semana Santa dentro de sus limitaciones. Hay que saber conducir bien la silla, especialmente de noche. Cada uno puede participar según su tipo de discapacidad o limitaciones físicas. No hay que frustrarse, hay que adecuar lo que puedes hacer a tus limitaciones».

Además, asegura que las hermandades están muy abiertas a su participación: «Mando un correo antes de Semana Santa para que en las hermandades sepan mis circunstancias. Eres un hermano más, pero necesitas unas condiciones especiales. Tu desfile lo haces de la manera que puedas para no entorpecer a tu hermandad. Las hermandades en las que participo están muy abiertas a mi participación».

Álvaro describe su experiencia como un ejemplo de pasión, superación y compromiso con la tradición: «Cada uno tiene su posición en la Semana Santa y todas son igual de válidas. En mi caso son físicas, en otros casos pueden ser intelectuales, de visión, etc. Esto sirve como ejemplo para todas las facetas de la vida. Si te gusta, prueba. La Semana Santa está por encima de las limitaciones».

Álvaro López

Antes de que comiencen los desfiles, Álvaro se asegura de que su silla de ruedas esté a punto: «La semana pasada ya llevé mi silla de ruedas a la revisión en una ortopedia de confianza. Le apretaron las horquillas, los tornillos y ajustaron los motores para toda la Semana Santa. Es fundamental que esté perfectamente a punto para poder disfrutar de las procesiones con seguridad y sin inconvenientes».

La historia de Álvaro López Pinar demuestra que la devoción y el compromiso no entienden de limitaciones físicas. Con pasión, planificación y ayuda de la familia y la comunidad, ha logrado vivir la Semana Santa de Cuenca al máximo, convirtiéndose en un ejemplo de superación y orgullo para todos los que aman esta tradición. Su mensaje es claro: la voluntad y la adaptación permiten disfrutar plenamente de la vida y la cultura, sin renunciar a la emoción que cada paso en la procesión ofrece.

Rafael Torres

Nacido en Cuenca. Estudiante del Grado de Periodismo en 4 ° curso en la Facultad de Comunicación de Cuenca
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