Jesús Segovia Vázquez ha dedicado gran parte de su vida a la Semana Santa de Cuenca. Durante 45 años ha guiado el paso de San Pedro Apóstol, combinando tradición, esfuerzo físico y pasión por mantener viva una de las manifestaciones culturales más importantes de la ciudad. Hoy, deja el cargo a su hijo Rubén, asegurando que la tradición siga viva.
De bancero a capataz: pasión y aprendizaje
Jesús comenzó su trayectoria en la antigua iglesia de San Esteban, subiendo y bajando el paso a hombro con cuidado y coordinación. Recuerda la primera vez que lo movieron por la calle Estrecha del Peso: la madera crujía, los banceros contenían la respiración y todo parecía un instante histórico. «Con los años y mi experiencia como bancero fui aprendiendo todos los secretos del paso hasta hacerme cargo de capataz del paso de San Pedro Apóstol«.

Con el tiempo, se convirtió en capataz, encargado de coordinar cada maniobra con precisión: primero la parte frontal, luego la trasera, organizando a los banceros y usando andamios para que todo saliera seguro. Antes necesitaban 48 banceros; hoy el paso sale con 68, adaptándose al peso y a las curvas del recorrido, pero la seguridad siempre ha sido la prioridad.
Recuerdos que emocionan
Entre sus recuerdos más emotivos se encuentra la peregrinación a Jerusalén hace 30 años, organizada por la Junta de Cofradías de la Semana Santa de Cuenca. Fue un viaje que dejó huella en todos los participantes, y Jesús nunca olvida las lágrimas de los banceros y de la gente al llegar a la Ciudad Santa. Momentos así muestran por qué cada esfuerzo de Semana Santa vale la pena. «Recuerdo ver las lágrimas de los banceros y de la gente al llegar a Jerusalén; momentos así muestran por qué hacemos todo este esfuerzo cada Semana Santa«.

Tradición y modernidad
La organización del paso ha evolucionado con los años. Antes todo se hacía manualmente y a hombro; hoy se emplea un camión para introducir el paso, retirando temporalmente las ornamentaciones y evitando esfuerzos innecesarios. La tradición sigue intacta, pero los procedimientos son más seguros y modernos.
La herencia de la tradición
Después de décadas al frente, Jesús ha dejado el cargo de capataz a su hijo, Rubén Segovia, quien hoy guía el paso. Pero su presencia sigue siendo fundamental: acompaña a Rubén en los momentos decisivos, transmitiéndole los secretos que acumuló durante tantos años, formando al capataz del futuro. «Sigo a su lado, ayudándole en los momentos más decisivos, transmitiéndole los secretos que he aprendido durante tantos años. Es una manera de asegurar que la tradición siga viva y que él pueda formarse para el futuro«.

Un legado que sigue vivo
Cuando el paso de San Pedro Apóstol avanza por las calles de Cuenca, Jesús sigue emocionándose. Su legado no está solo en las horas de trabajo, sino en la pasión transmitida a las nuevas generaciones. La tradición nazarena continúa viva, fuerte y segura, gracias a quienes, como Jesús y Rubén, mantienen encendida la fe y la historia de toda una ciudad.









