Cuando entramos en su salón, Marcelo Guerrero está trabajando. Pillarle con un minuto libre es, actualmente, una misión casi imposible. Lo encontramos donde mejor se desenvuelve: entre pinceles, papeles de plata y fórmulas de color, mientras responde a las preguntas con total naturalidad.

No es un peluquero al uso; es un artesano del color que ha decidido priorizar la calidad sobre la cantidad, atendiendo a un máximo de tres clientas por jornada para dedicarles las cuatro horas de mimo que su técnica requiere. «Estoy un poco acojonado, si te soy sincero», confiesa con una humildad que choca con el éxito profesional que está teniendo en Cuenca. «Es tanta la gente que me cuesta gestionarlo yo solo».
Cada vez más chicas de Cuenca se suman a su cartera de clientas. No es difícil verlo también en redes sociales: su cuenta de Instagram @marceloguerrero_ roza ya los 8.000 seguidores y muchas conquenses comparten stories desde su centro.
De Paraguay a Brasil para aprender de los mejores
La historia de este estilista no es sencilla. Empezó su carrera en 2016, nada más terminar el colegio en Paraguay. Su madre tuvo mucho que ver en esa decisión. “Yo le dije que no quería estudiar y mi madre me dijo: sí vas a estudiar y vas a ser peluquero”, recuerda.
Lo que empezó casi como una imposición familiar terminó convirtiéndose en una vocación. Tras formarse en Paraguay, decidió viajar a Brasil después de asistir a una masterclass con uno de los peluqueros más reconocidos del mundo, Romeu Felipe.
“Me llamó mucho la atención el país y la tendencia de Brasil”, explica. Allí pasó dos años y medio trabajando y perfeccionando su técnica en uno de los lugares donde la colorimetría capilar marca tendencia.
El poder del boca a boca y la diferenciación
Su llegada a Cuenca se produjo por motivos familiares. Algunos de sus parientes viven aquí desde hace años y eso le animó a probar suerte en la ciudad, concretamente a finales de 2023. Al principio no tenía salón. Trabajaba a domicilio, visitando casas y construyendo poco a poco su cartera de clientas.
La apertura de su negocio se produjo en mayo de 2025, hace menos de un año. “Cuenca es una ciudad pequeña y todo el mundo se entera rápido de lo bueno”, afirma. Ese boca a boca fue clave. Algunas de aquellas primeras clientas siguen hoy con él. De hecho, mientras se realiza esta entrevista, está atendiendo a una de ellas.

El concepto de su peluquería es muy concreto. Marcelo ha decidido especializarse en colorimetría, tratamientos y corte. Nada más. “Aquí la gente viene solo para hacerse color”, explica. Ese enfoque hace que cada servicio requiera tiempo. Mucho tiempo. Cada clienta puede estar entre tres y cuatro horas en el sillón, por lo que solo puede atender a tres personas al día.
El servicio más habitual tampoco es el que muchos imaginarían. “La mayoría de las nuevas clientas vienen para corrección de color”, cuenta.
Esfuerzo, trabajo y la mirada puesta en el futuro
Su ritmo de trabajo es intenso. Ahora abre de lunes a viernes desde las diez de la mañana hasta las ocho de la tarde. Sin parar, pero antes incluso trabajaba los fines de semana domingos inclusive. «Era como los chinos, no cerraba nunca”, bromea. Ahora intenta mantener el equilibrio entre trabajo y vida personal.
El crecimiento de su negocio ha sido rápido. Según los datos de su sistema de reservas, solo en diciembre atendió a más de 600 personas, un número que todavía le sorprende. “Siempre quiero más, pero poco a poco. No me centro en eso, se va dando”, reconoce.

Marcelo ya piensa en el siguiente paso. Después del verano quiere trasladar su negocio a un local más grande en la zona centro de Cuenca, por Carretería. Será un proyecto más ambicioso, con otros servicios y un equipo más amplio. “Va a ser una inversión grande para mí, pero quiero crecer”, explica.
A pesar de que su negocio funciona, Marcelo no descarta seguir viajando y probando suerte en otros países, su carácter inquieto sigue intacto. “No me da miedo empezar de nuevo en otro sitio”, asegura. Mientras tanto, Cuenca sigue siendo el lugar donde su proyecto ha echado raíces, por supuesto, «con mucho color». Una ciudad que, reconoce, tiene oportunidades para quien quiere emprender.
Un viaje de tres países que se sitúa en el corazón de Cuenca
Lo que hace que Marcelo sea «el peluquero de moda» no es solo su técnica impecable o sus seguidores; es la historia de un joven que no tuvo miedo a empezar de cero tres veces. De la exigencia de las peluquerías en Paraguay, a la vanguardia mundial de Brasil, para terminar eligiendo las calles de Cuenca como su hogar y lienzo profesional.

A sus 27 años, Marcelo Guerrero representa a esa generación que se atreve. Con una energía que parece no agotarse nunca y esa sonrisa que te hace sentir en casa desde que cruzas la puerta, ha demostrado que el éxito no se persigue, se atrae trabajando duro. Mientras termina de peinar a su clienta —una de esas fieles que lo llamaba cuando iba con su maletín a domicilio—, Marcelo mira al futuro con la serenidad de quien sabe que ya ha conquistado lo más difícil: el respeto y el cariño de una ciudad que, aunque cree que es algo «conservadora», se ha rendido a su talento.
Cuenca se le ha quedado pequeña en tiempo récord, pero su ambición y su corazón siguen creciendo al mismo ritmo que sus mechas brunett. Marcelo no solo está «de paso»; ha venido para dejar huella y color a la vez.
/Fotos: Néstor Robayna/



























