De la «clandestinidad» al estandarte: la presencia de la mujer en el Viernes Santo de Cuenca

La incorporación femenina a las Turbas transformó la procesión del Camino del Calvario, donde cada año crece la presencia de mujeres

La madrugada del Viernes Santo en Cuenca tiene un eco distinto, uno que durante décadas se pretendió exclusivamente masculino pero que, en realidad, latía con fuerza femenina en la clandestinidad. Noelia Moreno Serrano nació en el seno de los «Patacos», una de las tres familias que dieron vida a las Turbas. Su destino estaba escrito entre tambores y clarines, pero la tradición le cerraba el paso. Sin embargo, el amor de un padre y la rebeldía de una herencia «sagrada» permitieron que Noelia fuera una de las primeras mujeres en vivir la procesión desde dentro, aunque fuera «de tapadillo», cuando la sociedad aún no estaba lista para verla.

Una infiltrada en la marabunta de los años ochenta

Sergio Moreno, hermano de Noelia y actual vocal de las Turbas, recuerda con una mezcla de nostalgia y orgullo cómo su hermana y antes de ella una prima se convirtieron en pioneras sin saberlo. En una época donde el papel de la mujer estaba relegado a esperar en la acera con el almuerzo preparado, ellas ya sentían el peso del tambor.

Foto: Sergio, Noelia, su padre y su abuelo / Sergio Moreno

Sergio relata emocionado que a su prima ya la sacaban infiltrada en la Turba sobre los años 60, después a su hermana «le ponían el turbante en la cabeza para que no se diferenciara si era chica o chico». Aquellas niñas eran el secreto mejor guardado de «Los Patacos». «Noe salió en mantillas y luego salió hasta que ya tuvo una edad en la que podías ver que era una niña y ya no la podías sacar en la procesión», recuerda su hermano.

Mientras su padre empujaba delante del cordón para evitar conflictos entre el Jesús y la multitud, su madre la llevaba en brazos entre el estruendo. «Mi madre bajaba con el tambor, mi hermana a cuestas y yo de la mano», recuerda Sergio, dibujando una estampa de valentía familiar que desafiaba el estigma de la época.

Foto: Sergio, Noelia y sus padres / Sergio Moreno

El año que lo cambió todo: 2007

Aunque el eco de la igualdad resonaba con fuerza tras la sentencia del Tribunal Supremo de 2006 sobre la Hermandad de la Sangre en Sevilla, el paso definitivo en Cuenca se fraguó justo antes de la Semana Santa de 2007. Fue en la Junta General de la Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno (del Salvador) donde se rompió el último candado, aprobando la plena incorporación de la mujer y permitiéndoles inscribirse con los mismos derechos que los hombres.

Foto: Portada de El Día de Cuenca sobre la entrada sde la mujer en las Turbas / Turbas Cuenca

Paradójicamente, la exclusión de la mujer en las Turbas chocaba con el propio relato bíblico que la procesión representa. Siguiendo el Evangelio, en aquel camino original hacia el Calvario no solo los hombres pedían la crucifixión de Jesús; las mujeres también formaban parte de aquella muchedumbre que increpaba al Nazareno. Recuperar su presencia no es inventar nada nuevo, sino devolver la tradición a su verdad histórica.

El anuncio femenino de la llegada de las Turbas

Esta apertura legal fue el puente necesario para que Noelia Moreno y otras familiares pasaran de la «infiltración» al orgullo de pleno derecho. Se oficializaba así una presencia que, de corazón, ya latía en los hogares de estirpes como «Los Patacos» mucho antes de que lo dictaran los estatutos.

Sin embargo, la historia aún guardaba un capítulo dorado para ella. Si bien desde 2021 las Turbas cuentan con su propio guión —el estandarte que representa la identidad de la hermandad—, fue en la Semana Santa de 2023 cuando Noelia Moreno Serrano marcó un antes y un después al convertirse en la primera mujer de la historia en portarlo por las calles de Cuenca.

Foto: Noelia Moreno con el estandarte en 2023 / Sergio Moreno

Para Noelia, este hito trasciende lo personal; es un acto de justicia poética frente al pasado: «Es un honor, porque tú miras atrás en la historia y las mujeres no podían salir. Que te dejen sacar un guion, con lo que eso representa, por supuesto que es un orgullo». A pesar de la magnitud del momento, mantiene la sencillez de quien siente la tradición en las venas por encima de cualquier título: «Ser de la familia Aguilar es circunstancial; soy una nazarena más».

Orgullo femenino

Este avance no solo ha sido una cuestión de derechos, sino una auténtica regeneración para la propia Semana Santa conquense. Sergio es tajante al afirmar que la incorporación femenina ha sido «casi lo mejor que nos ha podido pasar». Según explica el vocal, la presencia de la mujer ha suavizado el descontrol de décadas pasadas, transformando el ambiente en algo mucho más sagrado y respetuoso.

Foto: Noelia Moreno / Néstor Robayna

«La mujer ha hecho una mejora total y absoluta de la procesión», asegura este pataco. Ahora, las parejas y las familias desfilan juntas, logrando que hoy los informes oficiales califiquen estos desfiles como «excepcionales», algo impensable hace cuarenta años.

Un legado de libertad y una invitación al futuro

Hoy, con el horizonte del Día de la Mujer iluminando cada paso nazareno, Noelia lanza un mensaje de fuerza a todas las conquenses para que sigan sus pasos y no se queden en la acera. «Invito a todas las nazarenas a que salgan en la turba, salgan con su familia, se diviertan y lo vivan, porque les va a gustar», afirma con la seguridad de quien ha visto los dos lados de la historia.

Foto: Tambor y palillos de Noelia / Néstor Robayna

Ya no hay niñas escondidas bajo turbantes para no ser descubiertas. Ahora hay mujeres que, como Noelia, caminan a cara descubierta portando el orgullo de sus antepasados. La Turba se ha regenerado, demostrando que la tradición solo sobrevive de verdad cuando permite que todas las conquenses la lleven en volandas hacia el futuro.

Alba Soledad Moya

Natural de Cuenca. Graduada en Periodismo por la UCLM. Experiencia en medios de comunicación como CMM o La Sexta.
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