La reforma del Paseo de San Antonio, cuyo expediente de contratación ha sido recientemente aprobado por la Junta de Gobierno Local para renovar el pavimentado, acerado y el mobiliario urbano de esta zona estratégica de Cuenca, tiene una «frontera» técnica. La concejala de Mantenimiento Urbano y portavoz municipal, Saray Portillo, ha detallado hasta dónde llegará exactamente la maquinaria y ha explicado por qué el paso a nivel seguirá siendo, de momento, una asignatura pendiente.
El límite de las «gomas»: Realismo ante la burocracia
A pesar de que la actuación en el Paseo de San Antonio es una de las apuestas firmes del Ayuntamiento de Cuenca, Portillo ha sido tajante: «la actuación de urbanización o reurbanización de asfaltado y pavimentación del paseo San Antonio llega justo hasta esa zona de las gomas del paso a nivel». El motivo no es otro que la titularidad del suelo y la necesidad de permisos externos.

«Se necesitan unos convenios y unas autorizaciones de Adif», ha explicado la portavoz, recordando que el Ayuntamiento no puede actuar por libre en una zona que depende del Administrador de Infraestructuras Ferroviarias. Aunque el ánimo municipal es intervenir «lo antes posible», Portillo ha reconocido que los pasos administrativos son ineludibles y que, legalmente, el consistorio «ni puede ni debe» saltárselos.
Un plan de largo aliento para Cuenca
Lo más destacado de su intervención ha sido la contextualización de esta obra dentro del Plan X Cuenca. Portillo ha recordado que la transformación del paso a nivel no es un parche puntual, sino una «actuación integral» que forma parte de un diseño de ciudad mucho más amplio. «Es una actuación tan ambiciosa e importante para nuestra ciudad que va a trascender en varias legislaturas», ha subrayado la portavoz.

Con estas palabras, el Ayuntamiento ajusta la realidad del proyecto a los tiempos administrativos: mientras que la mejora del Paseo de San Antonio avanza en sus trámites de licitación, la integración definitiva de la zona del paso a nivel queda vinculada al desarrollo del Plan X Cuenca. Se trata de un proceso que, por su magnitud y por la implicación de otras administraciones, marcará la evolución urbanística de la capital conquense más allá del presente mandato.
