Ilusión, continuidad, innovación tecnológica y una clara vocación asistencial marcan el inicio del mandato de Juan José Molina Úbeda al frente del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Cuenca. El nuevo presidente, que acaba de asumir el cargo recientemente tras la etapa de Luz Moya Plaza, afronta los próximos cuatro años con una hoja de ruta clara: reforzar el papel sanitario de la farmacia, estrechar la colaboración con otros profesionales de la salud y garantizar la supervivencia de las boticas rurales en una provincias que sufre de despoblación.
“Lo abordamos con mucha ilusión y con una Junta muy equilibrada, que combina la experiencia de quienes ya hemos estado en anteriores etapas con gente joven que entra con mucha fuerza”, señala Molina, convencido de que esa mezcla será clave para afrontar los retos del sector en una entrevista con El Digital de Cuenca.
Continuidad y trabajo en red
El nuevo presidente apuesta por una línea continuista respecto a la gestión anterior, aunque con un acento claro en la cooperación. “El colegio ha funcionado bien y vamos a seguir en esa línea, pero queremos fomentar especialmente la colaboración con otros sanitarios: médicos, enfermeros y veterinarios para que sea lo más constructivo para el paciente”.
Un objetivo que ya empieza a materializarse con los primeros contactos institucionales. “Estos primeros días están siendo frenéticos, tomando contacto y cogiendo las riendas”, asegura Molina, al mismo tiempo que trabajan para firmar convenios y abrir nuevas vías de colaboración.
Atención a personas vulnerables
Una de las primeras iniciativas será la firma de un convenio con la Diputación Provincial para facilitar el acceso a los Sistemas Personalizados de Dosificación (SPD), especialmente en el medio rural. “Son blísteres en los que se organiza la medicación semanal del paciente. Es un servicio que tiene un coste y el convenio permitirá que las personas vulnerables, sobre todo en pueblos pequeños, puedan acceder a él”.
Farmacia asistencial, más allá del mostrador
Molina insiste en la necesidad de reforzar el papel asistencial del farmacéutico. “Nuestra labor no es dar una caja y olvidarnos. Es hacer seguimiento del paciente, detectar efectos secundarios, comprobar si el tratamiento está funcionando o no”.
Una función especialmente relevante en el entorno rural. “En los pueblos conoces a los pacientes donde tienen una confianza total”.
En un contexto de sobrecarga de la Atención Primaria, el nuevo presidente lo tiene claro: “La farmacia es hoy la primera puerta para detectar cualquier anomalía que tenga cualquier persona con respecto a su medicación”.
Reconocimiento institucional pendiente
Aunque considera que la farmacia ya es visible para la ciudadanía, Molina cree que aún falta un mayor reconocimiento por parte de la administración. “Más visibles ya somos, pero sí que necesitaríamos que se nos reconociera un poco más”, señala, no desde una reivindicación corporativa, sino desde la realidad asistencial diaria.

“Somos muy importantes y cada vez lo vamos a ser más”, insiste, en un contexto marcado por la falta de médicos y la sobrecarga de las consultas. “El cara a cara con el médico o el enfermero prácticamente no existe en muchos casos, y el primer sanitario con el que habla el paciente es el farmacéutico”.
Desabastecimiento: una situación más controlada
En cuanto al desabastecimiento de medicamentos, el presidente del Colegio apunta que, en la actualidad, la situación está más controlada en la provincia. “Últimamente la verdad es que se está controlando un poquito el tema del desabastecimiento. Hay pocos medicamentos ahora que no tengamos acceso. Había un periodo de tiempo que sí que ha habido, pero ahora actualmente la situación no es grave”.

Pone como ejemplo el caso de fármacos como Ozempic, cuya demanda se disparó en su momento. “Esa situación se ha normalizado, se ha conseguido un equilibrio y ahora no hay problemas de suministro”, explica.
Prioridad sanitaria ante usos no indicados
Durante los momentos más delicados de desabastecimiento, el nuevo presidente del Colegio de Farmacéuticos de Cuenca asegura que en su caso sanitarios claros. “Nosotros priorizamos siempre a los pacientes diabéticos. Primero el medicamento para quien lo necesita por indicación médica, y después, si había disponibilidad, para otros usos”, señala Molina, reconociendo que fue una situación compleja de gestionar.
Un colectivo, de momento, tranquilo
Sobre las inquietudes actuales del colectivo farmacéutico en Cuenca, el nuevo presidente reconoce que todavía está en una fase inicial de toma de contacto. “Aún no he tenido ocasión de hablar en profundidad como presidente con todos los compañeros”, admite.

Por ahora, asegura, el ambiente es de calma. “De momento la cosa está tranquila, no hay mucha inquietud. Ya veremos dentro de un tiempo, cuando empiecen a trasladarnos necesidades o problemas concretos”.
Despoblación y farmacia rural
Con 164 farmacias en la provincia —28 en la capital— y 370 colegiados, según los datos que maneja el colegio, Cuenca afronta de lleno el reto de la despoblación. Especialmente preocupante es la situación de las farmacias VEC (de Viabilidad Económica Comprometida), ubicadas en zonas rurales con baja facturación.
“Cuenca es una provincia muy despoblada, vamos, que tiene una despoblación importante y lo que tratamos es de, precisamente, con estas medidas, es que los compañeros que están en situaciones de población desfavorecida, que puedan fijar un poco población y también la estabilidad un poco más económica. No gracias a las ayudas, sino gracias a su trabajo.”, explica Molina, que conoce bien la realidad rural tras haber ejercido durante 18 años en un pueblo pequeño.
Sobre el relevo generacional en estas zonas, reconoce las dificultades: “A la gente joven a veces no le resultan atractivos los pueblos, pero también es un trabajo que puede enamorar. Desde el colegio asesoramos y acompañamos, aunque muchas soluciones dependen de la voluntad política y de que los ayuntamientos faciliten vivienda y condiciones”.
Innovación y digitalización
En un contexto marcado por el avance tecnológico, la implantación de este tipo de sistemas será otro de los ejes del mandato. “La gente joven que entra ya maneja yo creo que vamos a poder fomentar que la gente se enganche a este mundo digital que viene por delante, con la inteligencia artificial y demás. Vamos a tener que tener un toque de atención”.

El Colegio reforzará la formación en este ámbito, también para las farmacias rurales. Molina asegura que desde el colegio ofrecen cursos de tecnología digital donde también se trata el tema de la inteligencia artificial.
Menos burocracia, más paciente
Entre las principales frustraciones del colectivo, Molina no duda en señalar la carga administrativa. “Una farmacia no es solo estar detrás del mostrador. Hay muchísimo papeleo y eso nos aleja del paciente, que es donde nos gustaría estar”.
Reducir esa burocracia no depende únicamente del Colegio, admite, pero no renuncia a reclamar cambios. “Ojalá fuera mínima, pero somos un establecimiento público de gestión privada”. Pese a ello destaca que es un trabajo “muy bonito”.
Optimismo de cara al futuro
Pese a los retos, el nuevo presidente se muestra optimista. “La farmacia siempre ha existido y siempre ha salido adelante. Somos un colectivo muy resiliente, hemos superado momentos muy duros, como la pandemia, y seguiremos haciéndolo”.

Su mensaje a los farmacéuticos de la provincia es claro y directo: “Que sepan que por mi parte no va a faltar trabajo ni implicación. Ojalá no me necesiten para resolver problemas que es lo que mayor deseo, que no tengan ningún problema, que les vaya todo fenomenal y que todos tiremos para adelante”.