La conquense que buscará el sol de media noche: 6.000 kilómetros sobre dos ruedas

Beatriz Muñoz y Sandra Morán partirán el 10 de marzo hacia Cabo Norte en una aventura de tres meses donde la resistencia mental será tan clave como las piernas

Beatriz Muñoz ha decidido cruzar Europa en bicicleta no para tachar un reto de una lista, ni para colgar una foto en el punto más al norte del continente. Lo va a hacer porque entendió que esperar ya no era una opción. Tras el fallecimiento de su madre, el tiempo dejó de ser una promesa cómoda y pasó a ser una urgencia. “El mañana no existe, lo que pasa es ahora”, resume. Y con esa certeza nació un viaje de más de 6.000 kilómetros que compartirá con su pareja, Sandra Morán, durante tres meses sobre la bicicleta.

Foto: Sandra y bea en una ruta en bicicleta

Sandra aporta al viaje un perfil distinto, pero igual de sólido. Llegó a la bicicleta más tarde que Bea, aunque el deporte siempre ha sido parte de su vida. Desde los 14 años jugó al fútbol de manera constante, hasta que las lesiones en los tobillos y el desgaste físico la obligaron a dejarlo.

Lejos de abandonar la actividad, encontró en la bici una nueva forma de entrenar y superarse. El año pasado decidió tomárselo en serio, se marcó objetivos concretos y participó en varias pruebas de larga distancia y alto desnivel, con un entrenamiento exigente y constante.

Esa base física, sumada al trabajo actual de fuerza para evitar molestias —especialmente en las rodillas—, la convierte hoy en una compañera clave para un viaje tan largo, donde la resistencia mental y la disciplina diaria serán tan importantes como las piernas.

Foto: Bicicleta de Sandra para esta nueva aventura

Aunque la salida esté fijada para el 2 de abril en La Junquera y el horizonte sea el sol de medianoche de Cabo Norte, este viaje empieza mucho antes y bastante más cerca: en Cuenca. En la infancia de Bea marcada por las bicicletas, en una familia donde pedalear era algo natural y en una relación con la bici que nunca fue un deporte, sino una forma de vivir.

Ingeniería propia sobre dos ruedas

Para este viaje ha ido un paso más allá: ha construido su propia bicicleta, diseñada pieza a pieza para resistir meses de ruta, peso y desgaste. No es una bici pensada para correr, sino para aguantar muchas horas encima, día tras día. “Nunca había tenido una bici elegida al cien por cien por mí”, explica. Esta vez quería que todo estuviera pensado para viajar.

Foto: Bicicleta creada por Bea Muñoz

La idea de cruzar Europa llevaba tiempo rondándole la cabeza, siempre aplazada para un futuro indefinido. Esta vez no hubo margen para posponer. Se lo propuso a Sandra casi como una idea lanzada al aire. La respuesta inicial fue un “¿estás loca?”. Quince minutos después estaban mirando mapas, trazando rutas y pensando cómo hacerlo posible.

Tres meses, nueve países y mucha cabeza

El plan inicial era todavía más ambicioso: salir desde Tarifa y pedalear durante seis meses hasta el norte de Europa. Los límites laborales obligaron a reducir tiempos y kilómetros, pero no el espíritu del viaje. Finalmente serán tres meses, unos 6.000 kilómetros y nueve países atravesados: España, Francia, Luxemburgo, Bélgica, Países Bajos, Alemania, Dinamarca, Suecia y Noruega.

Foto: Bea y Sandra en una de sus rutas realizadas

La media diaria rondará los 70 u 80 kilómetros, siempre que se pueda por carriles bici, vías ciclables y carreteras secundarias. Dormirán la mayoría de las noches en tienda de campaña y, de forma puntual, bajo techo para ducharse, lavar ropa y descansar mejor. Grabarán todo el viaje con la idea de compartirlo en redes y en YouTube, mostrando tanto los paisajes como los días duros, el frío, la lluvia o el cansancio acumulado.

Todo lo necesario irá en alforjas, más o menos, con 30 kilos en cada bicicleta aunque la preparación, aseguran, es sobre todo mental. “Un viaje así sale bien si la cabeza te deja”, explican. Asumen que pasarán cosas buenas y malas y que la diferencia estará en cómo se afronten. En eso, ir juntas es su mayor fortaleza.

Cuenca, una ciudad con potencial ciclista… y muchas carencias

Aunque actualmente viven en Madrid, Cuenca sigue siendo el punto de referencia emocional de Bea. Vuelve siempre que puede y conoce bien su entorno ciclista. Precisamente por eso le duele ver una ciudad con tanto potencial desaprovechado. “Cuenca sería perfecta para la bicicleta”, defiende. “Tiene carreteras secundarias espectaculares, poco tráfico y paisajes increíbles”.

Sin embargo, la realidad es otra. Carriles bici mal diseñados, tramos en mal estado y una sensación de inseguridad constante hacen que moverse en bici por la ciudad sea, en muchos casos, más complicado que hacerlo en países del norte de Europa. “Da rabia, porque con muy poco se podría fomentar de verdad el uso de la bicicleta en tramos muy desgastados como, por ejemplo la Ronda Oeste”, lamenta.

El objetivo simbólico del viaje es llegar a Cabo Norte durante el Sol de medianoche, cuando no llega a ocultarse en el horizonte. Pero Bea y Sandra lo tienen claro: si no llegan, no será un fracaso. “La meta es el propio viaje”, dicen.

La decisión importante ya está tomada. Porque esta no es solo una historia de kilómetros y resistencia. Es la historia de alguien que decidió no esperar más. Y que, desde Cuenca, eligió subirse a la bici para vivir ahora.

Alba Soledad Moya

Natural de Cuenca. Graduada en Periodismo por la UCLM. Experiencia en medios de comunicación como CMM o La Sexta.
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