Desde hace años, el tatami del gimnasio Vitae acoge a quienes quieren conocer disciplinas como el judo, el jiu-jitsu brasileño o el grappling en Cuenca. Detrás de esas clases está Manuel Cano Muñoz, judoka desde los nueve años, entrenador nacional y una figura destacada en este tipo de deportes en la ciudad.
“Nosotros no damos una sola disciplina”, explica a El Digital de Cuenca. “Dentro del club deportivo IAM Vitae Cuenca entrenamos judo, jiu-jitsu brasileño y grappling, que aunque puedan parecer similares, son diferentes”. Les diferencian las reglas en competición y la disciplina del arte marcial.
Una vida ligada al judo
El vínculo de Manolo con las artes marciales comienza en la infancia. “Empiezo con el judo con nueve años, por influencia de mi padre. Él veía que los yudokas eran los que sabían defenderse en los combates y pensó que era lo mejor para sus hijos”. Desde entonces, el judo se convirtió no solo en una práctica deportiva, sino en una forma de vida.
A lo largo de los años fue ampliando su formación. Descubrió el jiu-jitsu brasileño y el grappling hace unos 12 o 15 años, disciplinas que profundizan especialmente en el trabajo de suelo. “El judo tiene reglas diferentes en competición; el jiu-jitsu y el grappling, sus reglas dejan que el combate pueda continuar mucho más tiempo. Esto te hace sentir más en una lucha en situación real”.

Hoy cuenta con un amplio currículum: 3º dann en judo además de entrenador nacional y juez arbitro; En defensa personal policial 3º dan y entrenador nacional; cinturón marrón en jiu-jitsu brasileño y ATD, 1º dan en grappling, entrenador nacional y juez arbitro y en defensa personal femenina, cinturón negro además de entrenador nacional. Aun así, resta importancia a los grados: “No es lo que tienes, sino lo que desarrollas y lo que puedes ofrecer”.
¿Defensa personal? No es tan simple
Uno de los temas sobre los que Manolo se muestra más contundente es la relación entre artes marciales y bullying. “Pensar que por llevar a un niño a entrenar en algún arte marcial o deporte de contacto se le va a quitar el bullying, es un error. No funciona así”, afirma.

Para él, el problema suele estar en los ámbitos: entorno familiar, el colegio o la propia sociedad. “Dos días a la semana no corrigen una situación compleja” ayuda sí, corrige, difícil. En este sentido, también explica que este tipo de artes marciales trabajan valores, respeto, disciplina y civismo. En esto a alguien con bullying le puede ayudar, sí pero se necesita tiempo y dedicación, que a veces a los padres y madres les falta para llevar a su hijo o hija a este tipo de actividades.
Deportes menos agresivos de lo que parecen
Desde fuera, disciplinas como el Judo, grappling o el jiu-jitsu brasileño pueden parecer violentas. Sin embargo, Manolo lo desmiente: “No hay golpes, si existen son controlados y son deportes que tienen sus reglas”.

Explica que el Judo se practica con kimono y el BJJ y Grappling se practica con kimo y sin kimono y se basa en derribos, inmovilizaciones y sumisiones, centrados en equilibrar fuerzas para que una persona más pequeña pueda defenderse de otra más grande.

Más que un deporte
Tras décadas de práctica, Manolo tiene claro qué le han aportado las artes marciales: “Identidad, personalidad y valores. Te enseñan a conocerte, a saber quién tienes delante e identificar si el agresor es conservador o agresivo”. Todo ello con entrenamientos que enseñan conocimientos, procedimientos y habilidades dentro del ordenamiento jurídico.

Para él, la esencia no está en la fuerza ni en los títulos, sino en el autoconocimiento y en cómo uno se desarrolla dentro de la sociedad: conocer tus capacidades, reconocer a los demás y actuar con conciencia. Este, en sus palabras, es el verdadero legado de su trayectoria: disciplina, valores y una identidad forjada en el tatami que trasciende al día a día.
/ Fotos: Néstor Robaina/






















