El socavón «maldito» de una céntrica calle de Cuenca revienta una tubería y desata el caos absoluto: locales inundados y sin luz

Más de un metro de agua, neveras apagadas y una guerra de culpas entre el Ayuntamiento y los vecinos dejan a los negocios de Ramón y Cajal en una situación crítica tras meses de abandono

Lo que durante meses fue una «trampa» urbana denunciada por los vecinos, hoy ha reventado: más de un metro y medio de agua arrasa los negocios de la céntrica calle Ramón y Cajal mientras el Ayuntamiento y la comunidad se culpan mutuamente.

Lo que comenzó en abril de 2025 como un desperfecto tras el paso de maquinaria de asfaltado, y que durante meses fue parcheado de forma rudimentaria con tablones de madera, ha terminado por colapsar al reventar una tubería. El resultado es una inundación masiva que ha dejado a los comerciantes «con el agua al cuello» y a un hotel emblemático sin suministros básicos.

Foto: Sótano del local ‘Chuchelias’ de Marta Ortega / Néstor Robaina

El «parche» de la desgracia

Marta Ortega es gerente de ‘Chuchelias’, uno de los negocios afectados y relata con impotencia el origen del problema: «El socavón se hizo cuando vinieron a asfaltar unos tramos de la calle. Con la misma máquina, se hizo el socavón y ya, ya no sabemos nada más». A pesar de las advertencias, la solución nunca llegó porque, según explica, «todo el mundo se lava las manos y al final ha dado lugar a que se inunden mi local y el local vecino».

Foto: Negocios como Chuchelias o la Peluquería Norden frente al socavón de la calle Ramón y Cajal de Cuenca / Néstor Robaina

Al llegar esta mañana, la estampa era desoladora. La gerente de ‘Chuchelias’ describe cómo se ha encontrado la situación: «He visto que salía agua del socavón… Cuando he entrado ya me he encontrado la situación. Mi vecino del local de al lado me ha dicho: ‘Marta, tenemos el sótano inundado'». La magnitud del daño es todavía incalculable, pero las previsiones son pésimas: «Yo creo que hay algo más de un metro de agua, y subiendo, que no sé cuándo va a dejar de subir».

Caos en el Hotel Arévalo

El impacto ha llegado hasta el sector turístico. En el hotel colindante, su gerente, Francisco Arévalo, describe una mañana de «desastre» tras el corte general de suministros. «El agua ha llegado al foso del ascensor, se ha parado y a consecuencia de eso se ha paralizado aquí un poco el hotel», explica Francisco, quien gracias a los trabajadores ha podido solventar la situación.

Foto: Ascensor del Hotel Arévalo / Néstor Robaina

El panorama para los huéspedes, también ha sido caótico: «Han tenido que bajar clientes con las maletas por las escaleras. Algunos se han quedado sin poder ducharse… Vamos, un poquito de desastre», afirma el gerente del hotel.

Falta de responsabilidades

A pie de calle la tensión crece. Mientras, los afectados ven cómo las instituciones se enredan en un complejo laberinto de competencias donde nadie asume la autoría del desastre. Marta Ortega así lo relata: «El Ayuntamiento me ha dicho que es competencia de la comunidad de vecinos y la comunidad de vecinos dice que es competencia del Ayuntamiento».

Una guerra de versiones que se centra en si la rotura es de una u otra tubería y que deja a los propietarios en una situación de total indefensión porque, como dice la comerciante, «lo que no vamos a hacer es sacar nosotros el agua por nuestra cuenta, alguien tendría que hacerse responsable de que esto haya llegado a donde ha llegado».

Foto: Tubería del socavón de la calle Ramón y Cajal de Cuenca / Néstor Robaina

Mientras los locales permanecen sin luz y con las neveras apagadas, el hotel con el foso del ascensor hinundado y a la espera de una solución que no llega. Ante la falta de soluciones oficiales Francisco Arévalo lamenta: «Aquí entre unos y otros, como dicen, la casa sin barrer».

¿Quién pagará la factura?

Para Marta de ‘Chuchelias’, el drama no es solo el fango que cubre las paredes, sino la incertidumbre económica de lo que queda bajo la superficie. Tras meses de lucha contra un socavón ignorado, hoy se enfrenta a la parálisis de su medio de vida. “Teniendo en cuenta que había vuelto a abrir otra vez tras un incendio y estaba ahora mismo volviendo a echar luces, pues no sabría decirte exactamente la cantidad, pero se me ha ido bastante”, confiesa con la mirada puesta en lo que todavía no puede ver.

Foto: Sótano de la Peluquería Norden en la calle Ramón y Cajal de Cuenca / Néstor Robaina

La preocupación inmediata es el inventario perdido que empieza a echarse a perder sin remedio. Con el suministro eléctrico cortado y las cámaras de frío muertas, el tiempo corre en su contra: “No tengo luz, no puedo poner la caja, las neveras las tengo apagadas… todo apagado, no puedo hacer nada”.

Mientras el agua sigue estancada, Marta asume que las pérdidas serán incalculables, no solo por el material y la comida desperdiciada, sino por la persiana que hoy, por culpa de una avería que nadie quiere firmar, no ha podido subir. “A ver quién nos lo resuelve”, sentencia, mientras espera que alguien, más allá de los tablones de madera, se digne por fin a darles una respuesta.

/Fotos: Néstor Robaina/

Alba Soledad Moya

Natural de Cuenca. Graduada en Periodismo por la UCLM. Experiencia en medios de comunicación como CMM o La Sexta.
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