“Júcar y Huécar se encuentran en el Remedio, y Cuenca en medio”, en frase de Pedro de Lorenzo, que se hizo famosa en el programa “Los Ríos de TVE”. Frase afortunada que aprovechamos muchas veces para proclamar, con acento optimista, pese al pesimismo que a veces nos embarga a los conquenses, que entre Madrid y Valencia, Cuenca está en medio y ese debiera ser el remedio futurista para esta ciudad que se sintió abandonada durante muchas décadas. Por ello, al hablar hoy en esta sede cultural del Ágora Jesús Mateo, hemos titulado la charla o conferencia “De Pedro Répide a Carolina Marcial”, personajes del primer cuarto del siglo XX, que pasaron por aquella Cuenca de la que algunos escribidores dudaban de que existiese y cuando lo hacían era porque se había hundido la torre de la Catedral o porque un humorista de la provincia escribió coplas de ciego narrando un “horrible crimen” en la provincia en la que menos crímenes se producían, pero que dejó una sombra alargada que terminó borrando la película del mismo título. Así comenzó José Vicente su charla en la sede cultural “Ágora Jesús Mateo”, con el título “De Pedro Répide a Carolina Marcial, con Cuenca en medio (1911-1926).
Hay un dato que revela cómo era aquella Cuenca de principios del Siglo XX, en la que el número de residentes no llegaba a los 13.000 habitantes en 1920, y sin embargo en esas dos décadas de principios de siglo existieron en nuestra ciudad, con algunas intermitencias, diarios y semanarios como El Liberal, El Mundo, El Día de Cuenca, La Lucha, Las Noticias, El Centro, Renovación, La Voz de Cuenca, El Criterio, La Razón, El Eco y La Opinión, además de revistas como La Aurora del Magisterio, El Magisterio Castellano, Magíster y, ya al final de la década, La Ilustración Castellana, y desde 1896 El Correo Católico, que fue semanario y diario. De ahí que se fundase la Asociación de la Prensa de Cuenca en los inicios del siglo XX y que surgiesen iniciativas como la de la Sociedad Benéfico-Obrera La Fraternal, que organizaba actos y conferencias para trabajadores”.

“Hace 115 años –recordó Ávila– Cuenca celebraba en los días feriales de septiembre un Certamen Científico Literario, organizado por la Asociación de la Prensa, y tanto el diario regionalista “El Mundo”, como “El Liberal”, destacaban la celebración de la clausura del Certamen, en la que se leyeron los trabajos premiados, además de amenizar el acto con una velada musical, cerrando el brillante acto el Discurso pronunciado por el entonces famoso periodista Pedro de Répide. En tren llegaron a Cuenca desde Madrid, tras cinco horas de viaje, el escritor madrileño y el no menos famoso periodista Fernando de Urquijo. Pedro de Répide Gallegos nació en Madrid, el 8 de febrero de 1882 y falleció el 16 de febrero de 1948, a los 66 años. Era también conocido como Pedro de Répide y Cornaro y “El Ciego de las Vistillas”, pues con ese apelativo firmaba escritos y novelas. Fue un escritor y periodista culto y elegante, que fue nombrado Cronista oficial de Madrid en 1923.
El Certamen vino a ser como un despertar no sólo para la ciudad sino para los propios intelectuales, pues entre los distintos premiados figuraban Emilio Sánchez Vera, con “Cuenca, Corte de Castilla”; Juan Giménez de Aguilar, con el tema “Giotto” y Pilar de Cavia, residente en Albalate de las Nogueras, una poetisa de altos vuelos, hermana de Mariano de Cavia. Resaltamos otros títulos curiosos como los de “Cuenca en broma”, “Dime la calidad del agua que bebes y te diré quién te gobierna” o “Señores viajeros, al tren”….
El Certamen Científico Literario tuvo lugar en el Círculo de la Unión Mercantil. El plato fuerte fue el discurso que pronunció Pedro de Répide, tras unas palabras muy aplaudidas de su compañero de viaje, Fernando de Urquijo. “El triunfo de Répide fue colosal”, apuntaba “El Mundo”, ante el respetuoso silencio de la nutrida concurrencia. “El Liberal comenzaba así la reseña: “Magnífico golpe de vista ofrecía el amplio salón del Círculo: lo más selecto de la sociedad conquense habíase congregado para solemnizar la fiesta de la Cultura. Noche solemne, dedicada al culto ferviente para la inteligencia, y a la admiración del genio creador de la belleza, en la más augusta de sus manifestaciones: la poesía”.
No cabe duda de que eran tiempos en los que se denunciaba en la prensa la manida interrogante del ¿Existe Cuenca?, señalaba José Vicente Ávila, y en verdad que costó mucho quitarnos ese sambenito. Por eso Pedro Répide proclamaba con voz enérgica; “Esta ciudad que no está muerta, pese a los que la olvidan, sino que duerme con un reposo a que le dan derecho los siglos de su historia, y que descansa para erguirse de nuevo con bríos más pujantes, reconquistar su puesto de honor en el concierto de las ciudades españolas”.

“CUENCA ES ÚNICA”, DIJO RÉPIDE EN 1911
Répide no mencionaba el ¡ea! que nos distingue pero advertía: “Cuenca, predilecta de los monarcas de otra edad, eje un día, en cuyo torno giraba nuestra historia, no puede resignarse a ser la tumba de sus grandezas que pasaron”. De aquel discurso de 1911 es la primera vez que leemos entre tanto lirismo la palabra que se ha hecho slogan: “Cuenca es única”. El paisaje de Cuenca debió subyugar a un escritor de tanta sensibilidad en los tres días que pasó en la ciudad. Y es verdad que Pedro Répide citó en su discurso la palabra ÚNICA que tanto la define: “Cuenca es, señores, ciudad de tan típica hermosura, que su fisonomía es única”.
No cabe duda de que el canto a Cuenca de Pedro Répide, y su defensa de la ignorada ciudad vino a ser como un reclamo para pintores y escritores que durante esas décadas del siglo XX se acercaron a nuestra ciudad, la mayoría en el tren que comunicaba Madrid con Cuenca. La gente de la cultura conquense, harta de ese sambenito del ¿Existe Cuenca?, que había propalado el charlista Sanchiz, y de otros titulillos poco afortunados para nuestra provincia, quiso dar a conocer en Madrid las bellezas desconocidas de la ciudad y el trabajo de sus pintores, fotógrafos y escultores. Una Comisión entusiasta quiso dar a conocer a Cuenca en la capital de España, encabezada por el doctor Mariano López Fontana, que sería alcalde, y secundada por hombres insignes de la ciudad como el químico Ángel del Campo y Cerdán; los profesores Juan Giménez de Aguilar y Rodolfo Llopis, dos importantes figuras de la historia cultural conquense; el conde de la Ventosa y Ángel Vegue, secretario del Ateneo. La Exposición Regional Conquense se celebró del 20 de enero al 5 de febrero de 1921, en el Ateneo de Madrid y fue portada del diario “ABC”.
“¿Cómo es Cuenca?, –se preguntaban en la prensa–: Que os respondan Lampérez, Odón de Buen, Pío Baroja, Azorín, Pedro Répide, Rusiñol, Ortega Munila, Vegue, Francos Rodríguez y otros apellidos de meritísima celebridad, de aquellos primeros años del Siglo XX”
¿Cómo es Cuenca?, se preguntaba Carolina Marcial Dorado
¿Quién era Carolina Marcial Dorado?, que además nació en tierras toledanas. Si hubiera que utilizar un adjetivo habría que señalar que Carolina Marcial fue una mujer excepcional. “En un atardecer de oro nos acercamos a la gloriosa ciudad de Cuenca”…, así comienza su artículo publicado en 1926 y titulado “Atardecer en Cuenca”, Carolina Marcial Dorado, que quizá sea la primera escritora que publicó un texto literario en prensa sobre la ciudad de Cuenca. ¡¡Ya hemos estado en Cuenca!! rubrica al final de su crónica Carolina, dedicada a un pintor norteamericano que la había visitado mucho antes y plasmado sus paisajes en unos lienzos que orlaban su casa, y que la propia escritora española, afincada en Nueva York, había visto allí. Desde aquel día, Carolina Marcial, que ya había escrito en 1917 el libro “España pintoresca”, deseaba conocer Cuenca”.
Nacida en la localidad toledana de Camuñas en 1889, en el seno de una familia protestante, Carolina vivió la muerte de su padre cuando tenía 14 años. Con 16, tras hacer el Bachillerato, hizo su primer viaje a Estados Unidos donde fijó su residencia. Fue autora de varios libros de texto en castellano, además de numerosos artículos en revistas norteamericanas y españolas y una de las mejores embajadoras de la cultura española en Norteamérica. Ello la llevó a que fuese distinguida con la concesión de la Gran Cruz de Alfonso XII y de la Cruz de Plata del Mérito Civil. Carolina Marcial falleció en Nueva York el 25 de julio de 1941, con 52 años.

La escritora de Camuñas fue una impenitente viajera, pese a las dificultades de la época, y su conocimiento de la ciudad de Cuenca, como ella misma cuenta en el artículo que escribió tras visitarla en 1926, fue al ver unos cuadros que sobre nuestra ciudad tenía en su casa el pintor Charles Hoffman, realizados en torno a 1910. De su viaje de Madrid a Cuenca, se hizo eco “El Día de Cuenca” con un suelto titulado “Viajeros distinguidos”, en el que se informaba que en automóvil llegaron a Cuenca el subdirector general de la Compañía Telefónica Nacional de España, José Berenguer, acompañado de “la ilustre publicista” señorita Carolina Marcial Dorado, profesora de la Universidad de Columbia.
Carolina Marcial relató la impresión que le causó la ciudad de Cuenca, tras su recorrido durante unos días. El texto lo escribió a mano en unas cuartillas en el mismo hotel y fue publicado en la edición de “El Día de Cuenca” del 13 de agosto de 1926, bajo el título de “Atardecer en Cuenca”. Así empieza su relato Carolina Marcial Dorado: “En un atardecer de oro nos acercamos a la gloriosa ciudad de Cuenca. El automóvil iba dejando tras sí pueblos de rancio abolengo y de interesantes contornos: Tarancón, Alcázar del Rey, Carrascosa del Campo… y otros muchos; pero nosotros sentíamos sin igual ansiedad por llegar a la ciudad vetusta y nos resistíamos a detenernos en el camino o a disminuir la velocidad. Hacía años que nos sentíamos dominados por el deseo de visitar a Cuenca”.
La escritora decía asombrada: “Ciudad Encantada es en verdad” –nos decía con calor el gran pintor norteamericano, Charles Hoffman, que ha decorado su suntuoso hogar en Connecticut, con portentosos paisajes de Cuenca. –Fíjese Vd. en este cuadro –nos decía el pintor–, representa las “casas nidos”, que se elevan hasta las nubes desde el borde rocoso del abismo. ¡Todos me dicen que es imposible, que no existen tales casas, tales perspectivas, que estos cuadros son el resultado de la fantasía de un pintor exaltado!. Pero, ¡yo no me exalto! ¡Yo soy sajón! ¡Estos cuadros son copias exactas de las hoces de Cuenca, de la belleza atrevida de sus puentes, de la extraordinaria construcción de sus calles y casas!”
“Por fin nos encontramos frente a la ciudad –relata Carolina–. La antigua capital parecía una formidable fortaleza gris. Los ríos Júcar y Huécar besan amorosamente sus augustas plantas. En sus aguas tranquilas se reflejan los puentes romanos, los castillos moriscos, los arcos góticos y… las casas gigantes, que parecen salir del seno de la tierra y elevarse a las alturas inconmensurables.” Concluía Carolina Marcial su relato lírico sobre la ciudad que quería conocer diciendo: “Gracias al Bureau de Información Pro-España, de la cual es afiliada nuestra Compañía Telefónica Nacional, podremos en el futuro ocuparnos de dar debida publicidad a esta ciudad: hacer justicia a la olvidada villa castellana tan rica en bellezas arquitectónicas y tan abundante en deliciosos paisajes y generosa hospitalidad.

Surge también en nuestra alma el ansia invencible de dar al mundo noticias de los nuevos adelantos que en Cuenca se notan hoy por hoy. En ella se construyen modernos edificios; sus habitantes se esfuerzan por acondicionar la ciudad para que sea visitada y admirada por el mundo entero. Sí, señor Hoffman, sus cuadros son exactos, no son exaltaciones de pintor fantástico. Nosotros también hemos visto todo eso. ¡¡Ya hemos estado en Cuenca!!”
José Vicente Ávila finalizó su aplaudida intervención con estas palabras: “Ha sido todo un placer hablar de Pedro de Répide y Carolina Marcial Dorado, cuyo nombre debe figurar en el listado de escritores y escritoras que dejaron su huella y su firma en Cuenca”.
