En Cuenca, una provincia cada vez más envejecida, envejecer en casa no siempre es una decisión sencilla. La falta de tiempo de las familias, la dependencia sobrevenida o la soledad hacen que muchas personas mayores necesiten apoyos para algo tan básico como hacer la compra, asearse o simplemente no estar solas.
La provincia más envejecida de Castilla-La Mancha es Cuenca, según datos del INE. La edad media de su población alcanza los 46 años, dos más que la media nacional, situada en 44, un dato que ayuda a explicar el aumento de la demanda de cuidados y apoyo a domicilio.
Desde hace 20 años, Alter Ego, actúa como complemento a los servicios públicos de ayuda a domicilio. Su labor se mueve en un terreno delicado: permitir que las personas mayores permanezcan en su hogar el mayor tiempo posible, pero con garantías de seguridad, dignidad y calidad en los cuidados.
“No siempre la ayuda pública puede cubrir todo lo que se necesita”, explican desde la entidad. En una provincia con una alta tasa de envejecimiento y dispersión poblacional, la demanda supera en muchos casos la capacidad de respuesta institucional. Ahí es donde entran recursos privados que, en determinados casos, pueden financiarse mediante prestaciones económicas.
Un doble trabajo: cuidar y proteger
El funcionamiento de Alter Ego se articula en dos líneas principales. Por un lado, la prestación directa del servicio de ayuda a domicilio. Por otro, su papel como agencia de colocación, una figura clave para ordenar un sector históricamente precario como el empleo doméstico.
La intermediación laboral permite poner en contacto a familias que necesitan cuidados con personas que buscan trabajo en este ámbito, pero con una diferencia: la entidad no se desvincula una vez se produce la contratación. Hace seguimiento, media en conflictos, gestiona sustituciones por bajas o vacaciones y vela por que la relación laboral sea transparente.

“Queremos proteger tanto a las familias como a las personas trabajadoras y dignificar el empleo doméstico”, señalan. En 2025, Alter Ego ayudó a 340 personas a encontrar empleo en el sector de los cuidados, lo que permitió cubrir 319 ofertas de trabajo en domicilios de la provincia.
Cuando la urgencia llama por teléfono
La mayoría de los contactos llegan por teléfono y casi siempre de la mano de los hijos. Detrás de cada llamada suele haber una situación repentina: una caída, un ingreso hospitalario, un deterioro cognitivo acelerado… Familias desbordadas que no saben por dónde empezar.
Tras una primera valoración —que en algunos casos incluye una visita al domicilio— se analizan las necesidades reales de la persona mayor y el número de horas de atención. A partir de ahí, se busca el perfil más adecuado entre los currículos disponibles, priorizando experiencia, formación y, sobre todo, cualidades humanas como la empatía y la sensibilidad.
“La gente llega muy agobiada y se va con tranquilidad”, explican. No solo porque se cubre una necesidad práctica, sino porque sienten que su familiar queda en manos de alguien preparado.
El otro lado del cuidado
Al otro lado están las cuidadoras y cuidadores. Personas que, muchas veces, pasan más tiempo con los mayores que sus propias familias. Adela Gálvez es una de ellas. Lleva ocho años trabajando en ayuda a domicilio y ha pasado por todas las modalidades: por horas, interna y sustituciones.

“Trabajo con una señora con demencia. Hay momentos muy bonitos y otros muy duros”, cuenta. El vínculo emocional es inevitable. “No es fácil separar el trabajo de los sentimientos. Al final te acostumbras, pero les coges cariño”.
Las situaciones más difíciles llegan, reconoce, cuando toca acompañar en el final de la vida. Para ella, Alter Ego es “más que una empresa, una familia”. Destaca el respaldo que reciben las trabajadoras: apoyo en la formación, cobertura de ausencias y mediación constante con las familias. “Te sientes valorada”, resume.
Una necesidad que no deja de crecer
Después de 20 años, para Alter Ego el balance es claro: la demanda no ha dejado de aumentar. No solo por la dependencia severa, sino por esas pequeñas ayudas cotidianas que permiten a muchas personas mayores seguir viviendo donde siempre han vivido.

Mantener a alguien en su casa no es solo una cuestión económica. Es identidad, autonomía y calidad de vida. Y en ese espacio intermedio entre lo público y lo privado, el cuidado se ha convertido en una de las grandes cuestiones sociales del presente y del futuro de Cuenca.