El año arrancó con un mazazo para el VivoCuenca, que se estrelló en casa con un 1-7 durísimo ante El Álamo, rival directo y, desde ahora, también dueño del golaverage: el 3-5 cosechado por los conquenses en Madrid queda en nada tras esta goleada que deja la balanza particular del lado visitante. Una tarde negra para los de Manolo Moya, que ya desde el inicio ofrecieron síntomas preocupantes de juego y acabaron desbordados por la eficacia y el oficio madrileño.

Y eso que el partido comenzó con un guion distinto. A los 3 minutos, el VivoCuenca dibujó una buena jugada que terminó con Ivi finalizando abajo y obligando al paradón de Marcos García, primera señal de que el portero visitante venía con el candado puesto. Pero el aviso no tuvo continuidad inmediata. El Álamo salió mejor, más suelto, y el Vivo tuvo que agarrarse a las intervenciones de Mario Gómez, que sostuvo a los suyos cuando los visitantes empezaron a cargar el área con lanzamientos y llegadas.
El partido pudo cambiar en una acción de esas que a veces marcan destinos: minuto 6, Mario Gómez la cuelga desde el centro del campo, Peñu ganó por arriba y el cabezazo se estrelló en el larguero. Fue un “uy” que encendió a los locales y, de hecho, el Vivo fue de menos a más en la primera mitad… pero el marcador no entendió de sensaciones.

Porque el golpe llegó en el 12’ y fue doble: una incursión por banda derecha de El Álamo acabó con el 0-1 en propia puerta de Sanjuan, un jarro de agua fría de los que encogen el pecho. El Vivo intentó rehacerse rápido, y tuvo opciones claras: en el 17’, un saque de banda terminó en remate de Budia y otro paradón de Marcos García para evitar el empate. Tras un tiempo muerto, Sanjuan dispuso de una ocasión similar… y el portero volvió a decir que no. El partido pedía el 1-1, pero el fútbol sala castiga el perdón con intereses.

Y ahí entró en escena la gran llave del encuentro: el doble penalti. En el 18’, Jota no falló para el 0-2, y el Vivo, todavía digiriendo el golpe, volvió a rozar el gol: Jesús Serrano también encontró el larguero en la acción posterior. Demasiados palos, demasiadas paradas… y demasiada precisión del rival. Con el descanso a la vuelta de la esquina, Jota repitió desde los diez metros para el 0-3 a falta de 25 segundos, e incluso tuvo el 0-4 en otro doble penalti que esta vez mandó fuera. El Vivo llegaba vivo por el marcador, pero tocado por lo que no había metido.
Segunda parte
Tras el descanso, de nuevo apareció la oportunidad: Peñu la tuvo nada más empezar y se le fue por poco. Fue el último suspiro antes de la tormenta. En el 22’, Cerón controló y definió con calidad para el 0-4, un tanto que terminó de abrir la herida. Dos minutos después, en el 24’, Alejandro asistió a Diego Saborido, que la empujó en el segundo palo para el 0-5 “a placer”. El partido ya era cuesta arriba, y el VivoCuenca no encontró ni orden ni respuestas.

Con el 28’ llegó el tiempo muerto y la apuesta desesperada: portero-jugador. Pero ni así. Ivi todavía rozó el gol con un disparo al palo en el 30’, y El Álamo pidió tiempo muerto para ajustar la defensa. La pizarra visitante funcionó: en el 32’, el portero Marcos Gómez se apuntó el 0-6, castigando la circulación y el riesgo local. El Vivo al menos encontró un premio mínimo en el 36’, cuando Rufo provocó un penalti y Peñu lo transformó para el 1-6. Demasiado tarde y demasiado poco.
Derrota dura
El cierre fue el reflejo de una tarde frustrante. En el 37’, Juan Pérez marcó a puerta vacía mientras el VivoCuenca protestaba que el balón había salido por banda en la jugada previa. Protestas, impotencia y un 1-7 final que duele por el resultado, por la forma y por el contexto: rival directo, golaverage perdido y una sensación de que, para empezar el año, el equipo de Moya tiene más preguntas que respuestas.
Una derrota de las que no solo restan puntos: también dejan cicatriz. Ahora toca recomponerse rápido, porque en esta liga los golpes así no se olvidan… pero sí se pueden convertir en punto de inflexión si el VivoCuenca ajusta el juego, recupera confianza y vuelve a competir como exige la categoría.
