Andrea: enterradora, conductora de funeraria y maquilladora de cadáveres en Cuenca

Una vida a la que muy pocos se podrían acostumbrar en cualquier ciudad del mundo

No hace falta asustarse porque el reportaje promete. De acuerdo que la cuestión de la muerte puede resultar escabrosa, pero casos como el de Andrea son dignos de observar con detenimiento para aprender a vivir. Quizá algún conquense ya la conozca si el destino le ha dejado varado alguna vez por La Alborada, porque ella no pasará inadvertida (al igual que la otra Andrea).

Baja estatura y amplia sonrisa, ojos claros y corazón abierto. Ternura en la voz y energía al andar, como un vendaval en medio del calor sofocante o un rayo de sol en el confín nevado. «Yo sinceramente creo que es algo natural, pero bueno, tanto mis compañeros como yo hacemos un trabajo en un momento difícil y al final, si alguien se lleva mal o hay un problema, tú lo que quieres es mostrar cariño o simplemente que sepan que estás ahí». Efectivamente, no haría falta añadir nada más al argumento consolador, pero aún un detalle: «Siempre desde el respeto, para que no se sienta la familia sola».

Desde fuera, Andrea tiene claro que su misión consiste en depositar confianza, respeto y cariño a las familias rotas. Aunque dice que no es fácil verles enfrentar el duelo: «Son etapas que hay que pasar, desde la rabia hasta la negación, es un proceso en el que hay que acompañar a la familia».

«Fue la única funeraria que me aceptó por ser mujer«

Uno de los apelativos que más llama la atención de Andrea es su juventud y eso que lleva ya tres años trabajando en La Alborada: «Empecé con 24 años, pero bueno es que parezco más jovencita» (risas). El relato de su despliegue profesional empieza así: estudió Criminología en Alicante y quiso aclarar que no tiene nada que ver con esto, sino más bien con la prevención del delito. Luego hizo el curso de Tanatoprexia que engloba el conjunto de prácticas que se realizan sobre un cadáver (higienización, conservación, embalsamamiento, restauración, reconstrucción y cuidado estético) porque, según matizó, «estaba un poco perdida»… Y después, para su sorpresa, la admitieron para hacer las prácticas en La Alborada: «Fue la única funeraria que me aceptó por ser mujer».

Maletero del coche funerario/ Néstor Robaina

Proveer las salas funerarias con pequeños útiles necesarios, tanto materiales como de alimentación, recibir y acoger a las familias, preguntar si alguien necesita algo con la mayor delicadeza, resolver dudas, organizar el caos de visitas, con el extra de saber maquillar cadáveres no es lo único que figura en la amplia lista de roles de Andrea. Porque además es conductora de coches funerarios y recorre toda la provincia de Cuenca con el féretro dentro (y Los 40 Principales en su emisora): «Hay que hacer el trabajo completo, la profesionalidad está ahí, incluso una vez tuve que ir a Asturias».

Ya en el cementerio del destino, ayuda a sacar las flores, a portar el féretro (como se la vio recientemente llevando a Gustavo Torner en la escalinata de la Catedral), lo que haga falta: «Desde la recogida hasta el último momento, y si la persona fallece en el domicilio vamos ahí a recorgerla».

Queda otro momento final al que se presta con la mejor disposición: enterrar. «A ver, bajar la caja no me ha tocado, suele ser más un trabajo del albañil, pero si tengo que ayudar ¡no hay problema!».

Entrevista en la segunda planta/ Néstor Robaina

«Trabajar con la muerte me enseña a valorar mucho más la vida«

El último momento de la entrevista no será, pero sí el de conocer cómo le afectan personalmente semejantes funciones: «Impacta porque requiere mucho esfuerzo físico, pero con técnicas y trabajo en equipo todo es más llevadero». Lo objetivo por delante, el peso y el frío.

Sin embargo, hay más capas en las que profundizar y digerir aparte: «Es verdad que hay que separar la vida del trabajo con la vida emocional, pero hay ratitos que sí que te quedas y dices ‘jope, qué triste’…». Porque Andrea lidia con la muerte todos los días de su vida: «Gracias al trabajo, aparte de todo lo que me ha enseñado a tratar con las personas, me voy a casa y pienso que puedo valorar mucho más la vida».

Una vocación desde el respeto y la amabilidad/ Néstor Robaina

«Es un impacto para el que nunca estamos preparados»

Hay dos ‘nuncas’ que Andrea tiene grabados a fuego:

«Que nunca se sabe cuándo nos podemos ir y todos los días te sientes una afortunada. Tienes claro que vas a intentar hacerle agradable la vida a esas familias porque el último recuerdo que te llevas de la persona que estás perdiendo también es súper importante. Quieres que sea lo más ameno posible, sobre todo cuando no estás preparado, por accidentes o cosas trágicas, que es mucho más pesado».

«Y que nunca estamos preparados para el momento. Porque aunque pienses que se va a ir por una enfermedad o por la edad, luego es más fuerte de lo que te esperas. Yo creo que es un impacto para el que nunca estamos preparados. A veces pensamos, ‘bueno, si se va descansa’, pero es que no vas a volverlo a ver…».

«Las gracias que te dan aquí son de verdad»

Es la historia de una joven promesa que proviene de «un pueblecito de aquí de al lado», Barbalimpia, «pero no lo conoce casi nadie». Conocía el principio, pero no tenía muy claro cómo iba a acabar porque como dice ella misma «la vida da muchas vueltas», y se mostró muy orgullosa de lo que ha conseguido: «La verdad es que estoy contenta y este sector es un trabajo muy agradecido, creo que las gracias que se dan aquí son de verdad».

En este sentido, reflexionó: «Sinceramente cuando tú te despides de la familia, el cómo te dan las gracias es increíble, no es como cuando vas a comprar a una tienda y dicen gracias porque les han devuelto el dinero que corresponde, aquí son gracias de verdad».

Muestras para la incineración/ Néstor Robaina

Sea la hora del día que sea su sonrisa no duerme: «Estás hasta cuando te llamen y si te toca turno de noche pues entras igual a la sala, repones bebidas…». Destacó la comodidad de tener ya implantado el servicio de incineración en el tanatorio, pues la familia tiene la facilidad de llevar a cabo el proceso en el mismo sitio, incluso con oficio religioso en la capilla: «Se hace todo más llevadero porque no tienen que moverse». Un plus impagable en una ciudad pequeña como Cuenca, en la que tantos pueblos todavía se ven en la necesidad de pasar las noches en compañía del difunto.

Almudena Collado

Redactora de El Digital de Cuenca. Nacida en Cuenca. Más de 10 años de experiencia en medios de comunicación en radio y televisión como Cadena COPE, CMM y profesora de Onda Radio en Universidad Francisco de Vitoria.
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