En un pequeño taller situado en Villalpardo (Cuenca), rodeado de naturaleza y tranquilidad, Carlos Muñoz de las Heras da forma cada día a piezas únicas donde el hierro y la madera dialogan con equilibrio. A sus 48 años, este artesano conquense es uno de los referentes de la herrería tradicional en la provincia, un oficio al que llegó de manera casi inesperada y al que ha dedicado más de tres décadas de su vida.
Nacido en Cuenca en 1978, Muñoz comenzó a trabajar el metal con tan solo 16 años, después de abandonar los estudios. Fue en su primer taller donde aprendió gran parte del oficio, una formación práctica que completó más adelante con cursos de estructuras metálicas, interpretación de planos y la homologación en soldadura. Todo ello, unido a años de experiencia, ensayo y error, ha ido puliendo una técnica muy personal.
Crea muebles artesanales
Actualmente está al frente de ‘Argate, hierro y madera’, su propio taller, desde el que crea mobiliario artesanal que va desde mesas hexagonales hasta taburetes, combinando la dureza del hierro con la calidez de la madera, un material que ha incorporado con fuerza en los últimos años como parte de su apuesta por renovar la tradición.
Para Carlos, la herrería es mucho más que un medio de vida. «Lo que me gusta es dibujarme el patrón en la mesa y darle forma al hierro; es un proceso relajante y muy gratificante porque ves cómo algo nace de cero con tus propias manos», explicaba hace unos meses en una entrevista concedida a El Digital de Cuenca. Esa conexión directa entre idea, materia y resultado final es, según él, una de las grandes virtudes del trabajo artesanal.
Ese compromiso con la calidad y el detalle se ha visto reconocido recientemente con la obtención del carnet oficial de artesano, un distintivo que solo han recibido tres profesionales en toda la provincia de Cuenca. Para lograrlo, Muñoz presentó una mesa baja hexagonal fabricada con tubo de treinta y madera de pino, una pieza que destaca por su precisión y acabado. No fue su primer intento -ya lo había solicitado anteriormente sin éxito-, pero la perseverancia tuvo recompensa este año, abriéndole nuevas puertas para participar en ferias artesanales de la región.
Piezas «con alma»
Muñoz defiende la necesidad de profesionalizar la artesanía sin perder su esencia. «No hago un mueble para venderlo, sino para que quien lo tenga en casa le dé valor, que sienta el bienestar de tener una pieza hecha a mano y con alma», afirmaba en esa misma entrevista. Al mismo tiempo, reconoce que el sector sigue necesitando mayor visibilidad y apoyo institucional, especialmente en el medio rural, aunque se muestra moderadamente optimista sobre el futuro.
En su día a día trabaja principalmente en solitario, aunque colabora con otros artesanos, como Marta, especializada en madera y vinculada a colectivos sociales. Su objetivo a corto y medio plazo es seguir innovando, ampliar su catálogo de mobiliario e integrar nuevas técnicas y materiales, sin renunciar a lo que siempre ha definido su trabajo: el respeto por el oficio, el diseño cuidado y el valor de lo hecho a mano.