Tras 42 años de dedicación a la Medicina, de los cuales 35 los ha pasado en Vara de Rey, José María Giménez de Azcárate y León se jubila dejando una profunda huella en varias generaciones de vecinos. Nacido en Zaragoza, llegó a Cuenca poco después de terminar la carrera, atraído por las sustituciones y la oportunidad de vivir y trabajar en la provincia. “No conocía nada de Cuenca”, recuerda, “pero una vez que estás aquí, luego salió otra sustitución, salió otra y te vas quedando”. El paso definitivo fue cuando aprobó la oposición.
Su recorrido por la provincia fue amplio: comenzó en Peraleja, recorrió varios pueblos de la Alcarria, estuvo en San Clemente y finalmente se estableció en Vara de Rey tras aprobar la oposición el 1 de marzo del año 1991. “Vara de Rey era un pueblo pequeño, pero tenía de todo: tiendas, bancos, bares… Y como centro de salud, podías vivir donde quisieras. Vivíamos en San Clemente hasta hace diez años, y luego nos vinimos aquí, al campo, rodeados de naturaleza”, cuenta José María.
El Médico de Atención Primaria explica que, en aquel momento, la situación era muy distinta a la actual: “No es como ahora, que faltan médicos. Entonces sobraban. Era complicado trabajar e ibas cogiendo sustituciones y bajas laborales que dejaba un compañero y te ibas quedando. Eran tiempos diferentes a estos. Ibas de un sitio a otro, llamando y trabajando donde surgía la oportunidad”.
La medicina rural y la cercanía con los pacientes
Cuando José María Giménez comenzó a ejercer en Vara de Rey, la atención sanitaria era muy distinta a la actual. “Estaba bien, pero faltaban algunas cosas”, recuerda. No había tanto equipamiento, ni tecnología, ni medios diagnósticos como los actuales; las recetas eran en papel y el trabajo se desarrollaba con recursos muy limitados, propios de antes de los años noventa. Sin embargo, destaca que aquella sanidad tenía un valor fundamental: la cercanía y el trato humano. “Era una medicina muy de contacto con la persona y al tener solo Vara de Rey, tenía toda la mañana para dedicarles tiempo”, explica.
Con el paso de los años, la atención sanitaria ha evolucionado notablemente, incorporando medios informáticos y mejores recursos, aunque también ha explica que los recortes llevaron a la amortización de la zona básica de salud y a la atención de otros municipios como Pozoamargo, situado a unos 16 kilómetros. Aun así, subraya el buen estado actual del consultorio local, cuyo mantenimiento depende del Ayuntamiento, y valora muy positivamente la implicación municipal para que las instalaciones estén en las mejores condiciones posibles.
Para él, ejercer la Medicina en un pueblo pequeño tiene un valor especial. “La medician que he hecho ha sido de proximidad, dispongo de tiempo para los pacientes, no como en otros sitios. Creo que la gente está satisfecha, yo estoy contento porque la relación es muy buena, siempre ha habido respeto por ambas partes y, ahora mismo, es casi mejor que en las ciudades”, explica. Además, resalta la colaboración de sus compañeros de enfermería, fundamentales en su trabajo diario.
Sobre la importancia del médico en zonas rurales, reflexiona: “Es de amistad, de confianza. Los pacientes confían mucho en ti y te piden orientación” en una relación de años que se ha forjado con el paso del tiempo y que le ha permitido ver a varias generaciones de varaderreños y varaderreñas.
Recuerdos y momentos que marcan
Durante su carrera ha vivido momentos de gran satisfacción y otros difíciles. Recuerda con orgullo casos de emergencia que lograron salvar vidas: “Hubo un señor que sufrió un infarto y estuvimos media hora reanimándolo hasta que llegó la UVI. Salió adelante y te quedas muy bien”, cuenta. También reconoce la parte más dura de su profesión: acompañar a pacientes en sus últimos momentos o comunicar diagnósticos difíciles. “Es lo peor que hay, pero por suerte ahora mismo siempre hay alguna posibilidad y una pequeña ventana que se abre”. Para él, la empatía con el paciente es fundamental: “si empatizas con el paciente, tienes el camino hecho porque te pones con él y vas con él”.
La pandemia de COVID-19 marcó otra etapa difícil en su trayectoria: “Fue un drama total. No teníamos medios, la gente estaba recluida en sus casas, el teléfono no paraba de sonar… Hasta que no veías la situación, muy mal, lo mandabas al hospital y estaban colapsados”. A todo ello se suman todas las personas que fallecieron, no duda en asegurar que fue “lo peor” que ha vivido en su vida.
Lo que más le gustó y su vínculo con Vara de Rey
Lo que más ha disfrutado de su trabajo ha sido la consulta diaria y el trato cercano con los pacientes. “Mantienes una relación directa, participas en casi todo con ellos”, asegura.
Su agradecimiento hacia los vecinos es profundo: “Siempre me he sentido respetado y he respetado a la gente” de Vara de Rey en un lugar que se ha convertido en parte fundamental de su vida y donde ha formado su familia destacando que se ha sentido “muy a gusto”.
Con la jubilación, José María, con casi 68 años de edad, afronta una nueva etapa “con ilusión” y con la idea de pasar tiempo con su familia rodeado de naturaleza junto a sus mascotas después de todos los años de servicios prestados a la comunidad.
Preguntado sobre cómo quiere que le recuerde la gente explica que le gustaría que lo hicieran los vecinos “como una persona que estuvo a su lado, luchando con ellos y se hicieran viejos”.
José María aún no ha tenido ocasión de conocer a su sustituto, que ha podido saber que previsiblemente llegará a la localidad el próximo 29 de diciembre. “Me acercaré un día a la consulta para saludarlo y explicarle un poquito cómo es la población, y poco más”, comenta. Sobre los consejos que le daría, asegura que lo principal es “que se tome su tiempo y empatice con los pacientes”, destacando la importancia de la cercanía y la comprensión en la atención sanitaria de un pueblo pequeño como Vara de Rey.

Recientemente, el Ayuntamiento y el club de pensionistas de Vara de Rey le rindieron homenaje con placas y reconocimientos. “Nunca me han gustado mucho estas cosas”, confiesa con humildad, recordando cómo le dijo a la alcaldesa, Anunciación Martínez: “Me marcharé igual que vine, en silencio, sin hacer ruido”. Aun así, no quisieron dejarlo ir sin un merecido homenaje, que le emocionó profundamente, admite.

José María Giménez deja atrás su bata, pero su legado permanece en el corazón de Vara de Rey y en la memoria de todos aquellos a quienes cuidó con pasión, respeto y humanidad durante más de tres décadas.