No son gachas, pero alimentan igual el alma de Cuenca

La Caja Grafa presume de exposición viva en la Fundación Antonio Pérez

José Ángel Cañas, gestor. Elisa Terroba, expositora. Ellos son el impulsor y la creadora responsables de una colección que bien merece el reconocimiento de cualquier amante del arte contemporáneo. En el pleno de noviembre saltaba a la palestra que cuatro nuevas asociaciones se incluían por unanimidad en el Registro Municipal de Entidades Ciudadanas, entre las que se encuentra la Asociación Cultural La Caja Grafa, un icono de la cultura gráfica de esta ciudad, del mundo del grabado y la edición.

La Asociación Cultural vio la luz en 2014 con la primera edición de una caja relacionada con Cuenca, de grabados y artistas relacionados. «La Caja Grafa era una edición y un objeto al mismo tiempo», aclaró Cañas a El Digital de Cuenca. Tras un parón, lo siguiente que hicieron fue una actividad solidaria para Acnur y conforme fueron pasando los años empezaron con la colección Domógrafas que ya va por su tercer número.

Así, Domógrafa nº3 es el nombre de la última creación que exponen en la sede de la Fundación Antonio Pérez, haciendo honor a su denominación como Centro de Arte Contemporáneo. Como elemento diferenciador mencionó que se hace una edición gráfica y un artefacto-objeto que incluye una obra dentro, siendo la misma autora la artista de la edición y el artefacto. «La caja en teoría es para llevártela a casa, como las vírgenes antiguas que iban de peregrinas, de hecho, las otras dos ya han estado en casas», sonrió Cañas.

En aquellas anteriores, la edición y el objeto eran la misma obra, pues las estampaciones iban en una caja, mientras que en esta ocasión la edición del grabado es una obra y el objeto dentro de la caja otra distinta. Además, existe una acción efímera extraordinaria, situada unos metros más abajo del Centro, al aire libre por cuestiones obvias del propio cultivo, cuyo proceso biológico comenzó hace aproximadamente 60 días.

Hongos/ Néstor Robaina

Por ello, la reciente solicitud como Asociación y la respuesta positiva de la corporación municipal ha supuesto un rápido espaldarazo para continuar con otros trabajos y reforzar la estructura administrativa de dicha Asociación. «En marzo saldrá otra edición que está ya casi preparada, pero no podemos decir nada hasta que no esté todo cerrado», avanzó el gestor.

El secreto de esta asociación conquense de grabados

Lo que hace que La Caja Grafa siga en boca de todos los amantes de la cultura y el arte contemporáneo son las personas que hay detrás. «Tenemos tres grabadores impresionantes como Perico Simón, Ramón y José Gracia, que son reconocidos nacionalmente, y han trabajado con los mejores artistas», sostuvo satisfecho, agradeciendo su contribución, a pesar de tener otras actividades como trabajo principal. «Yo soy un advenedizo aquí, ja, ja, ja».

Pues bien, la carpeta de grabados de Elisa Terroba recoge una propuesta de imágenes de dos bibliotecas desde una perspectiva distópica, es decir, una destrucción aparente de la realidad que invita a una reflexión sobre el futuro: «Yo quiero que nos preguntemos qué ha pasado para que estas bibliotecas estén así». Para Terroba, las bibliotecas son un símbolo social soporte de la cultura a través de todo lo que se deposita en los libros.

«¿Qué ha pasado con la sociedad que sostenía y se nutría de estas bibliotecas para que se hayan destruido? ¿Ha habido un cataclismo climático, una guerra, una pandemia? Y planteo una distopía porque las distopías siempre han sido una gran herramienta para criticar la actualidad hablando del futuro», dijo queriendo hacer extensiva su reflexión.

Carpeta de grabados de Elisa Terroba en primer plano/ Néstor Robaina

Además, las imágenes que presenta en la carpeta están producidas con Inteligencia Artificial en el año 2022, lo cual lleva aparejada otra idea sobre el gasto de recursos medioambientales y culturales que podrían hacer insostenible a medio-largo plazo la vida en el planeta: «Quiero que reflexionemos que si no cuidamos el mundo en el que estamos vamos realmente al colapso, a nivel climático, social y a todos los niveles». En su opinión, se estaría generando una «destrucción de los imaginarios y del tejido sociocultural» si se destruye la naturaleza.

Mohos que se alimentan de lo que el hombre se «alimentaba»

Ambas imágenes van acompañadas de un texto de Jorge Carrión con una propuesta sobre qué ha pasado después con estos libros dañados: «Yo propongo una distopía de qué puede suceder y él ya plantea qué va a suceder con esos libros, el texto se llama ‘Los mohos heteronimus’ y trata de cómo unos mohos se van a alimentar de lo que nosotros nos alimentábamos». Presenta la cuestión de si es posible que la sociedad haya colapsado y los mohos y las setas reflejan cómo la vida se abre paso a través de lo que se nutría la sociedad.

En cuanto a la pieza física, escultórica, que acompaña a la carpeta, también va en la línea del texto: cómo los hongos y las setas están creciendo en los libros y se nutren de ellos. Precisamente, el libro está sobre una piedra que muestra el crecimiento de un liquen vivo, «muy lento, pero con unas condiciones adecuadas sin luz directa».

Elisa Terroba muestra su caja artefacto/ Néstor Robaina

Un arte concepto que se acaba de digerir al contemplar, escaleras abajo, cuatro piezas -cuatro libros- en las que hay setas vivas alimentándose de los libros. «Es un proceso biológico real y no sabemos cuánto tiempo va a durar con el frío, pero es una auténtica obra escultórica», valoró su creadora. «Es algo absolutamente experimental, porque el control que tenemos sobre estas piezas es limitado».

Terroba lleva tiempo trabajando en esta escultura porque investiga qué le ha pasado al libro como soporte analógico desde que llega la era digital y se ve desplazado. De manera que a través de la escultura investiga el libro como soporte. Desde hace años observa el deterioro no solo físico, sino también como símbolo del soporte cultural: «La conservación es súper importante para que se mantenga nuestra memoria y estoy viendo cómo se puede poner en diálogo el libro con la naturaleza».

Las cuatro piezas vivas de la obra de Elisa Terroba/ Néstor Robaina

En ningún caso se agotan las posibilidades creativas en La Caja Grafa y el arte contemporáneo es una gran herramienta para hacerse preguntas y expandir el campo del conocimiento a otros ámbitos. Concluyó: «Cuando lees un libro, consultas un libro, te alimentas del libro en cierto modo también es un proceso digestivo, porque tienes que digerir los conceptos, la narrativa… Y aquí el elemento que lo está llevando a cabo es la seta al descomponer la materia».

La buena noticia es que las obras están a la venta a un precio muy asequible, 70 euros para abonados y 120 para el público general. A su juicio, «es interesante que sea un proyecto de una edición y que la gente pueda comprar la carpeta como una iniciación al coleccionismo». Una muestra que se puede visitar en el horario de apertura de la FAP y que seguramente reconforte el alma.

Almudena Collado

Redactora de El Digital de Cuenca. Nacida en Cuenca. Más de 10 años de experiencia en medios de comunicación en radio y televisión como Cadena COPE, CMM y profesora de Onda Radio en Universidad Francisco de Vitoria.
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