El belén más querido de Cuenca se cae a pedazos

Figuras mutiladas, cables a la vista y una tradición abandonada: el histórico Belén de la Plaza de la Hispanidad clama por una restauración urgente

Desde finales de los años cuarenta y primeros cincuenta del pasado siglo, el Belén de la Plaza de la Hispanidad forma parte inseparable de la Navidad en Cuenca. Generaciones de conquenses han crecido visitándolo durante estos días entrañables, convirtiéndolo en una tradición popular que va mucho más allá de lo ornamental. No es un belén cualquiera: es patrimonio emocional de la ciudad.

Propiedad del Ayuntamiento de Cuenca y montado tradicionalmente por los trabajadores del servicio municipal de Parques y Jardines, este belén de figuras de gran tamaño ha tenido históricamente su ubicación en el jardinillo de la calle Carretería, convirtiéndose en una parada obligatoria del paseo navideño por el centro.

Sin embargo, la imagen que ofrece en la actualidad dista mucho de la que merece una tradición con más de siete décadas de historia. El estado del belén es, sencillamente, lamentableFiguras mutiladas, con brazos o elementos desaparecidos; descorchones visibles que delatan el paso del tiempo sin el mantenimiento necesario; un portal de Belén que amenaza con venirse abajo; y escenas impropias como una figura apoyada en el portal porque ni siquiera se mantiene en pie por sí sola.

No se trata de una crítica al trabajo de los empleados municipales, que con los medios disponibles hacen lo que pueden, sino de una llamada de atención clara a la responsabilidad institucional. Un belén que pertenece al Ayuntamiento no debería presentarse en estas condiciones. La falta de conservación no solo deteriora unas figuras, sino que hiere una tradición profundamente arraigada en la memoria colectiva de Cuenca.

Resulta doloroso comprobar cómo un símbolo tan querido por los conquenses, visitado cada Navidad por familias, niños y mayores, se muestra hoy con signos evidentes de abandono. La Navidad es tiempo de cuidado, de memoria y de respeto por lo que somos. Y este belén forma parte de esa identidad.

A todo ello se suma otro aspecto especialmente sangrante: en Cuenca hay belenistas de reconocido prestigio, personas que aman el belén y su simbolismo, que a buen seguro estarían dispuestas a colaborar de manera altruista en su mantenimiento y mejora. Sin embargo, nadie parece contar con ellos.

El pesebre aparece sin ángel, sin cañizo, sin adornos, deshecho. Algunas estructuras y elementos decorativos están tan deteriorados que el año pasado llegaron a verse apaños improvisados con celo transparente. Las casas muestran sus partes inferiores a la vista, los cables cruzan las escenas sin el menor disimulo y se han perdido figuras de animales que nunca se han repuesto.

Hubo años en los que incluso se labraba la tierra y se recreaba un pequeño huerto, detalles sencillos que daban vida y autenticidad al conjunto. Hoy, en cambio, faltan elementos básicos que cualquier belenista sabría aportar: sacos, paja, cajas de madera, cántaros, un techo de cañizo digno para el portal, más escenas con animales, pequeños fuegos con luz que aporten calidez… y, por supuesto, un ángel que anuncie el Nacimiento.

Por todo ello, este artículo quiere ser una denuncia, pero también una petición. Una petición de restauración, de inversión y de sensibilidad. El Belén de la Plaza de la Hispanidad no merece sobrevivir a base de apaños y soluciones provisionales. Merece una actuación seria que garantice su conservación y dignidad, para que siga siendo, como siempre ha sido, uno de los corazones de la Navidad conquense.

Cuidar este belén es cuidar nuestra historia reciente. Y mirar hacia otro lado, permitir su deterioro año tras año, es renunciar a una parte de lo que somos como ciudad.

Este belén necesita una restauración integral, un proyecto serio y la implicación de quienes saben y aman el arte belenista. Porque no se pide un lujo, se pide dignidad.

La Plaza de la Hispanidad merece un belén a la altura de su historia y de la memoria de los conquenses. Y Cuenca, una ciudad que presume de tradiciones, no puede permitirse perderlas por desidia.

Rafael Torres

Nacido en Cuenca. Estudiante del Grado de Periodismo en 4 ° curso en la Facultad de Comunicación de Cuenca
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