Aviarse, estar traspellao, quitarse el gorrucho del cuerpo o hacerse gorra son expresiones que forman parte del léxico rural de la provincia de Cuenca porque si algo tienen estas frases es que son muy conquenses y fuera de la provincia se pierde la pista a su significado.
Palabras como zopetero, gambitero, pelliza, zorrera, chompo y formas coloquiales de hablar como hermosa, mozón, ea, chorra y odo son populares en los pueblos, además de que cada uno luego añade las suyas propias. «Pues en mi pueblo también se llaman a las piñas carricoches, ya podéis apuntar», sonrió satisfecha Aurea, la primera encuestada sin dejarse fotografiar.

Así, rescatar el lenguaje propio de un pequeño recuadro del mapa conquense tiene sus sorpresas: «En mi pueblo las rejolas son los ladrillos que se ponen en las paredes y las llandas son las latas, bueno, la lata donde iban al horno antes los mantecados y las magdalenas». En otros puntos se usa la palabra laña cuando se quiere nombrar un imperdible.

Estar baldao o que te dé un apechusque y la rosques ya son básicos del vocabulario. Joel es un joven que viaja todos los fines de semana a su pueblo de Víllora y maneja a la perfección el diccionario del conquense avanzado. «¿Sabes lo que quiere decir si te llaman gambitero?»: «Sí, claro, ¡que te gusta mucho la fiesta! Eso me lo decía mucho mi abuela» (risas).
Por supuesto también estuvo fino con el resto de respuestas: «Un apechusque significa que te dé algo y estar baldao es estar cansao». También conocía la zorrera que echan los coches viejos y la típica expresión de ir ‘enca’ la fulanita tal cuando se va a casa de alguien. Otras expresiones le resultaban más comunes: «hacerse gorra es muy usada, pues saltarte clase, ja, ja, ja»; «estar traspellao es tener mucha hambre y las canillas son las piernas». Además, hizo su propia aportación al diccionario más usado en su pueblo: «Tener azogue es que no te puedes estar quieto».
«Paso mucho tiempo con mis abuelos y son los que más lo dicen, al fin y al cabo», reconoció melancólico.

Para Adelina y Benita -las protagonistas de la portada- decir hermosa es lo más natural del mundo, y de cuando en cuando se les escapaba algún chorra. Aquí además a los niños pequeños es una costumbre referirse a ellos como el chico o la chica, y estuvieron de acuerdo en que «estar baldao es estar medio tullido, cuando estás mal de las piernas».
También se acordaron de los juguetes que ellas usaban en otros tiempos como «el chompo que tiraban los chiquillos con la cuerda», que se conoce más popularmente como el trompo: «Yo he jugado al chompo cuando era pequeña y tengo ya muchos años» (risas).
Hasta los extranjeros que llevaban un tiempo viviendo en Cuenca habían asumido algunos términos como pelliza o aviarse. «Es estar vistiéndote», acertó Marian.

Conocer algunas palabras conquenses arraiga a cada habitante a su tierra y afianza el sentimiento de pertenencia. Por ejemplo, que algo te quede de aguaeras significa que te queda enorme, pero decirlo así imprime carácter. Mercedes es de San Clemente y tiene mil expresiones que quienes le conocen le remarcan por su ruralidad: «Por allí le dicen galgo al gambitero, guacho al chico, y también se oye mucho que eres muy chusmo cuando eres goloso y te gusta demasiado el dulce, ja, ja, ja». Añadió otra muy divertida a la lista: «Date escape… ¡Apunta!» (risas).

Que no se pierda el vocabulario conquense es tarea de todos, pero no será misión imposible mientras haya alguien con un pueblo o una abuela que se atreva todavía a dar algún tortazo al diccionario.
Más información sobre el pequeño diccionario de la Serranía conquense