El pasado sábado 13 de diciembre fallecía el actor Héctor Alterio (Buenos Aires, 1929) a los 96 años. Uno de los grandes nombres de la interpretación en español que, entre otros reconocimientos, recibió en 2004 el Goya de Honor de manos de sus hijos, los también intérpretes Malena y Ernesto Alterio, como reconocimiento a una trayectoria ejemplar sobre los escenarios y la pantalla.
A raíz de su fallecimiento, el periodista y escritor José Luis Muñoz, entre otras múltiples facetas donde figura también su papel como editor y gestor cultural, ha desvelado a través de sus redes sociales una curiosa y poco conocida vinculación del actor con la ciudad de Cuenca. Muñoz, que fue nombrado en 1994 director del Teatro Auditorio de Cuenca y en 2001 director de la Fundación de Cultura Ciudad de Cuenca, participó activamente en la puesta en marcha del Centro Cultural Aguirre y fue testigo directo de un momento ya histórico para la escena conquense.
En su publicación, Muñoz, aprovechó una cita del periódico El País donde mencionaban en un titular destacado que Héctor Alterio era “un titán que nunca, hasta que ha muerto, se bajó de los escenarios”. Y en la ya larga historia que cuenta el Teatro Auditorio de Cuenca, su nombre ocupa un lugar de honor muy concreto: resulta que fuela primera firma que figura en el libro de testimonios de artistas que han pasado por su escenario.

La fecha no es casual. Fue el 19 de mayo de 1994, apenas un mes después de la inauguración del Auditorio. Aquel día el público conquense pudo ver una representación memorable de Escorial, de Michel de Ghelderode, en versión de Luis Olmos. Alterio encarnaba entonces a un rey absolutamente desquiciado, un personaje extremo que el actor disfrutó especialmente por la cantidad de aristas y matices que le permitía explorar.
Tras la función, José Luis Muñoz acudió al camerino para felicitarlo y agradecerle el inmenso espectáculo ofrecido. Allí le entregó el libro de firmas del Teatro Auditorio, que hasta ese momento solo contenía la primera página escrita por la reina Sofía el día de la inauguración. Alterio dejó entonces unas palabras sencillas y elocuentes, fiel reflejo de su elegancia profesional. Un mensaje breve, pero cargado de significado:
“Lo dicho, tenéis un estupendo Auditorio y es un placer trabajar aquí”. Un gesto que entonces daba inicio a un sinfín de nombres y firmas ilustres, pero que hoy, tras el fallecimiento del actor hispanoargentino, cobra aún más valor.

La primera firma de un gran actor para un escenario que comenzaba su andadura y que, tres décadas después, sigue siendo un referente cultural. Un pequeño pero significativo hilo que une para siempre el nombre de Héctor Alterio con la historia cultural de Cuenca.